31 de mayo de 2012

Lamentos

A Nora Francucci

Aunque no diremos que no lo consiguió después, pues sí lo hizo, llegó a los 70 sin encontrar a su pareja ideal. Había sido muy exigente para las mujeres. Tenían que ser atractivas, jóvenes, mujeres de su casa, ahorrativas, obedientes, poco exigentes en nada y saber ceder siempre en cualquier discusión con él. Estaba solo, sí, pero tenía un perro al que quería mucho, que le acompañaba en su solitaria vida de jubilado. Cuando nació, le puso de nombre Bob pero, con el tiempo, se lo cambió por "Lamentos" porque, cuando ponía en el compact disc su música favorita, en especial las canciones de Chavela Vargas, aullaba entre triste y reverente.

A veces pasaba por su mente la horrible imagen de la muerte y,  pensando que ninguna mujer le había amado y que iba a morir solo, sentía una pena tan grande que, para aliviar algo su dolor, ponía los CD's de Chavela Vargas. Entonces, juntándose los desgarros de la voz de la cantante mexicana con sus propios sollozos y los aullidos tristes y reverentes de Lamentos, se formaba la escena más patética a la par que estruendosa del mundo y, más de una vez, si era, como usualmente ocurría, a una hora avanzada de la noche, los vecinos habían golpeado las paredes adyacentes o el techo para llamarlo al orden y pedirle silencio. Con cuánto dolor recibía este gesto de los vecinos, culpándolos de una crueldad e incomprensión que atribuía, por extensión, a todo el mundo y a toda la humanidad, es imposible ponderar aquí pero finalmente apagaba el equipo de música y se iba a dormir.

Lamentos se acostaba en una estera en el lateral de la cama y soñaba quizá con esa perrita que no le lamería el hocico nunca, ni le espulgaría el lomo cariñosamente con los dientes ni daría de mamar, tal vez, a nueve cachorrillos, fruto de su unión sexual con él.

28 de mayo de 2012

Las tres tablillas de Ur

Han cesado de manifestarse definitivamente en el mundo de la Arqueología las dudas razonables acerca de la autenticidad de tres tablillas de barro cocido con escritura cuneiforme que, según la opinión ya unánime de los expertos, pueden fecharse a finales del tercer milenio antes de Cristo y atribuirse a un archivo religioso de la ciudad mesopotámica de Ur. El texto de estas tablillas recoge la historia de un pleito de posesión de tierras adornada por las creencias de la época. Reproducimos aquí, para el público amante de las curiosidades de la Historia Antigua, la traducción completa del documento.

"Zumalnaguesi, terrateniente de Ur, tenía un árbol no muy longevo que daba abundante fruta cada verano. Sus frutos los repartía entre los hambrientos y mendigos sin quedarse nada para él, por lo que gozaba del afecto y el respeto de toda Ur. Pero un día desapareció la piedra que marcaba el linde entre las tierras de Zumalnaguesi y las de Gurukmalak y Gurukmalak comenzó a decir que aquel árbol, que estaba casi en el límite entre las dos tierras, pertenecía a su heredad. Su corazón estaba afligido por una funesta envidia pues codiciaba el amor de los ciudadanos pero obraba mal con todos y era detestado por todo el mundo.
"Gurukmalak, albergando la iniquidad en su negro corazón, denunció a Zumalnaguesi por robarle la fruta de su árbol y también por quitar el hito de piedra para apropiarse libremente de ella. El juez de Ur, conocía el buen natural de Zumalnaguesi pero, como veía la vehemencia con que le acusaba el otro, hizo volver a colocar el hito junto al árbol y deliberó que cada año se recogiera toda la fruta y se dividiera su peso exacto en dos y se diera una parte a Gurukmalak y otra a Zumalnaguesi. Pero Anu, dios del cielo, quiso descubrir la negritud del corazón de aquel mal vecino y en el mismo punto que se colocó el hito, se levantó una fuerte tempestad y un rayo partió en dos el árbol y lo quemó hasta las raíces.
"Después de la tormenta, Zumalnaguesi habló al juez con honda pesadumbre, pensando en los hambrientos a los que no podría dar la fruta al año siguiente, pero Gurukmalak se alegró y, con brillo en sus ojos, dijo que haría leña de su parte. El juez de Ur, cuando vio que el inicuo vecino se alegraba en lugar de lamentar la muerte del árbol, receló su engaño y dispuso que se colocara el hito a tres horas de camino, tiempo que había durado la tormenta, entre el árbol y su parte. Gurukmalak tanta aflicción sintió entonces que enloqueció y se ahorcó. El árbol hizo nuevos brotes a la primavera siguiente y, en el verano, hubo fruta suficiente para alimentar a todos los hambrientos de Ur durante cuarenta días.
"¡Oh, Anu, dios todopoderoso del cielo, quien te celebra nada tiene que temer!"

26 de mayo de 2012

Seis microrrelatos para levantar el optimismo (VI)

CAMBIO CLIMÁTICO

A Paco Almarcha


El aumento de la temperatura ambiental en las próximas décadas traerá muchos desastres pero también hará que la lubricidad se incremente entre los seres humanos. Quienes no mueran ahogados por el deshielo, de hambre o sed, en las guerras por el control del agua, por enfermedades de la piel, catástrofes meteorológicas, terremotos, cometas que se estrellen contra la Tierra o anatemas y plagas divinas, sabrán lo que es pegarse un buen desfogue sexual.

24 de mayo de 2012

Seis microrrelatos para levantar el optimismo (V)

BAJA AUTOESTIMA

A Bea Magaña


-Soy un don nadie, un pobre diablo, no sirvo para nada... –le decía al repartidor de pizzas un hombre enfundado en un albornoz desde la puerta de su piso.

El repartidor levantó con impaciencia los ojos al techo y le contestó con mal humor:

-Si no sirves para nada, no te usarán. ¿No te sirve eso de consuelo?



21 de mayo de 2012

Seis microrrelatos para levantar el optimismo (IV)

ENFERMEDAD

A Julia Siles

-Cambiando el tema de la conversación, ¿cómo se encuentra tu marido? Da la impresión de que ha mejorado muchísimo...

-Está a punto de morir...

-¡¿Pero cómo dices eso si tiene muy buena cara y hasta sonríe?! Y además, está él delante...

-Me refería a la conversación, cuando no le compadecen y reconocen lo grave que está, se pone hecho una furia y nos echa a todos de la habitación...

19 de mayo de 2012

Seis microrrelatos para levantar el optimismo (III)

SOLEDAD

A Nora Fancucci

-No sé qué voy a hacer... ¡Me siento muy solo! -lloriqueaba el hombre que bebía su quinto whisky en la barra a las doce de la noche, cuando ya las sillas del local estaban subidas a las mesas para que el camarero pasara la escoba por el suelo-. ¡No puedo soportar mi soledad!

-Pues me alegro -dijo el camarero, que todavía barría los rincones del bar.

-¡¿Pero cómo puedes ser tan cruel?!

-No soy cruel, me alegro porque, si soportaras tu soledad, jamás podrías salir de ella, en cambio, como no la puedes soportar, pronto tendrás compañía.

17 de mayo de 2012

Seis microrrelatos para levantar el optimismo (II)

INJUSTICIA SOCIAL

A Susana Escarabajal

El multimillonario Herbert Haussen, dueño de la mayor multinacional de la Tierra, se descerrajó un tiro en la cabeza el día de su 67 cumpleaños. Había dejado una nota donde se podía leer:

"Tengo tanta riqueza material que podría satisfacer las necesidades de cientos de miles de personas y evitarles una serie sin fin de sufrimientos y sin embargo me siento tan vacío como si nada tuviera. Hasta ahora, me había llenado el amor al trabajo pero ya no puedo ganar más dinero del que he ganado. Se acabó..."

14 de mayo de 2012

Seis microrrelatos para levantar el optimismo (I)

CRISIS ECONÓMICA

A Isi Sil


Juan, un sindicalista trabajador de SEAT, sonrió con felicidad tomando su café mientras leía el periódico cuando supo de las primeras medidas gubernamentales para paliar la crisis económica. Pensaba:

-Por fin un sistema que crea pobreza e injusticia en el Mundo, que explota al ser humano, que ha conseguido que se olviden los valores humanos pero que seguíamos apoyando por la supuesta evidencia de que la economía sólo funciona ajena a toda ayuda, necesita que el Estado le eche una mano...

12 de mayo de 2012

Sam, el verdugo

Dedico este relato a mis sobrinos, 
Marina, Rocío, Belén y Jose Miguel.


Samuel Widdock, el verdugo, era un hombre viril, habituado a accionar el resorte eléctrico que acababa con la vida de toda aquella mala gente sin perder un átomo de aplomo y tan seguro de lo justo de su misión que apenas tardaba en entregarse al sueño cuando, después de un trabajo, apagaba la luz de su dormitorio. 

Sin embargo, cierto día, no pudo cumplir con su obligación. Esa mañana, su anciana y algo trastornada madre, harta de que le tirara migajas de los pastelitos de chocolate en el sofá, le había soltado:

-¡Sam, eres un detestable cerdo! ¡Maldita sea tu sangre judía!

Samuel se enteró de esta forma de que su padre no era el honrado metodista John Widdock, carpintero de Wyoming sino un judío. ¡Un extranjero! O, como en América llaman a los extranjeros, un "alien". ¡Eso le convertía en un híbrido, un sucio y asqueroso mestizo! Él, el honrado verdugo de Dakota del Sur, que gozaba enviando al infierno a todos aquellos diablos de inmundas razas, nacidas sólo para hacer el mal, era, en realidad... ¡judío!

Llegó a la prisión estatal para llevar a cabo la ejecución de la pena capital sobre la persona de un importante miembro de la mafia italiana. Pero, desde lo de por la mañana, estaba ausente de todo lo que ocurría a su alrededor. Cuando estaba inspeccionando la instalación eléctrica, la mayor parte de su atención estaba ocupada tratando de imaginar cómo practicaba un judío el acto sexual, por eso, estaba tan distraído que recibió una descarga al tocar con los dedos un cable pelado. Pese a lo poco grave del accidente, perdió el conocimiento. Cuando lo recobró, mostraba tal terror ante la silla eléctrica que no se pudo volver a acercar a ella. Hubo de ser tranquilizado por los guardias de la prisión y acompañado al exterior. A partir de aquel día, dejó su oficio. Estuvo mucho tiempo yendo al psiquiatra pero nunca volvió a estar sano mentalmente si es que lo había estado alguna vez.

10 de mayo de 2012

El Superdotado

Al lado de Diego Fernández, Mozart fue un niño bastante normal y con ciertas aptitudes posiblemente prometedoras. Su padre hubo de ser disuadido por su esposa, indignada ante una irresponsabilidad tal en un hombre adulto, de su intención de llevar a un niño de sólo once  meses al exorcista después de haber sorprendido al pequeño con un cubo rubik resuelto, cuando hacía apenas un cuarto de hora que se lo había dado para que se deleitara con sus colores y lo chupara mientras lo dejaba en su cunita y recordaba perfectamente que se lo había entregado totalmente desordenado, con seis colores en cada lado, que es lo único que él había logrado hacer desde que tenía aquel juego gracias al azar más que a su habilidad. A los tres años, las matemáticas le encantaban y, en lugar de con los cuentos cortos e ilustrados que miran los niños de su edad, se entretenía con las  largas tablas de cálculos de los técnicos de la NASA. Sus padres ignoraban cómo iban a educar a aquel niño que habían tenido si sabía más que ellos y, por eso, estaban muy asustados, eso sí, siempre que no estuvieran viendo su programa de televisión favorito o jugando al siete y medio. Un día, cuando contaba cuatro años, al recibir una denegación de la revista Nature para publicar su estudio "El Papel del Histrionismo en la Excitación Neurológico-Sexual de los Animales", decía el email, "por ser excesivamente complicado para que lo entiendan las nuevas generaciones de nuestros lectores", cayó en una depresión.

El médico de familia recomendó a los padres que contrataran a un psicólogo para que el pequeño no se viera acomplejado ante el resto de la gente por su diferencia. Fue el padre el que, mirando en una red de internet de profesionales de la salud, se encaprichó medio en broma de una psicóloga jovencita y atractiva cuyo blog le parecía el más bonito y persuadió a su esposa para que fuera ella la que diera tratamiento al niño. Su nombre era Claudia Rubio y su consulta estaba a tan solo cuatro manzanas de donde ellos vivían. Cuando fue con su padre a pedir la primera cita, Claudia, poniendo su mano sobre la de él, le preguntó con una sonrisa:

-¿Estás contento de que sea tu psicóloga?

Diego con la mirada brillante pero la boca algo abierta contestó tímidamente que sí.

Padre y psicóloga celebraron la ingenuidad tanto de la pregunta como de la respuesta con alegres risas y se levantaron los tres. A continuación, Claudia los condujo a la salida procurando no dar la espalda al padre cuyas manos estaban extrañamente nerviosas.

Era evidente para todo el que hubiera presenciado aquella primera cita, que Diego se había enamorado de su psicóloga nada más verla. A la siguiente cita, al empezar la consulta, el chico le propuso matrimonio.

Claudia vio en este gesto manifestación de baja autoestima, búsqueda de una autoridad fuera de los padres, escasa capacidad para reconocer sus limitaciones, sexualidad precoz y tendencias obsesivo-compulsivas. Claudia dijo entonces:

-Diego, ¿sabes por qué me pides matrimonio? Porque te quieres poco. Tú no me necesitas para ser importante. 

Claudia dedicó las dos horas de aquella primera cita real a explicarle con ejemplos muy sencillos y evidentes lo que era quererse y a demostrarle que lo más importante de la vida era eso, mucho más importante que querer a ninguna otra persona, ya fuera a su papá, a su mamá o a sus amiguitos y amiguitas. Al final de aquella kilométrica sesión, Claudia, mostrando una amplia sonrisa y acariciando el envés de la mano del chico con sus dedos le preguntó:

-¿Comprendes ya lo que es quererte a ti mismo?

-¡Sí! -contestó Diego con mucho ánimo.

-Y ahora, Diego, ¿todavía quieres que me case contigo? -volvió a interrogar la bella psicóloga, esperando su repuesta negativa como premio a aquella trabajada primera lección de salud mental.

Pero Diego demoró su respuesta un largo tiempo y, al final, manifestando profundas dudas y mucha confusión en su rostro y en la entonación de su respuesta, preguntó si tenía que contestar afirmativamente.

8 de mayo de 2012

[Poca Tinta, el blog de Isabel Olmos]

El blog de Isabel Olmos, Poca Tinta, ha publicado uno de mis cuentos dedicado a ella. Si queréis hacerle una visita a esta entrada y luego queréis seguir navegando por este blog bonito y lleno de estilo, lo que os recomiendo, podéis seguir este enlace: http://leperepelletier.blogspot.com.es/2012/05/cuento.html?spref=fb 

7 de mayo de 2012

Seis microrrelatos para despertar conciencias (VI)

A Ricardo Díaz Borregales

En las Terceras Jornadas Internacionales de Esferología, un hombre chino, rápido de movimientos y de lengua, como una ardilla vivaracha, sonriendo al público acabó su conferencia con estas palabras:

-El planeta Tierra es una esfera para que quepa todo, el Ying y el Yang, mujeres y hombres, buenos y malos, listos y tontos... y este hecho evidente de que todos han de caber en este planeta, nos obliga a sostener, como conclusión final, que no debe haber ricos y pobres, porque los pobres sólo caben en el cielo.

5 de mayo de 2012

Seis microrrelatos para despertar conciencias (V)

A Asier Dávila

-No, no tengo perro ni gato, tengo un cocodrilo. Es muy tierno, me quiere con locura. Cuando llego a casa, se me pone en medio del pasillo y abre la boca de par en par para saludarme y, cuando me siento en el sofá a ver la televisión, se sube arriba, apoya su morro en mi pierna y, poquito a poco, se queda dormido.

-¿A qué se dedica usted?

-Pues soy banquero...

3 de mayo de 2012

Seis microrrelatos para despertar conciencias (IV)

A Damián Montes

-Los indios son horriblemente inhumanos, Mike -dijo John Percing mientras su montura le alejaba lentamente del poblado indígena-. Ese apache me ha dicho dónde está su jefe escondido por unas miserables cuentas de cristal...

-Sí, John -respondió Mike Olson, que iba a su lado sobre un hermoso caballo gris-, pero ha sido porque tú le has dicho que esas cuentas eran los trozos del alma de su abuelita, a la que habían despedazado los demonios.

-Sí, es que tengo cierto talento poético -dijo Percing abatiendo su mirada humildemente hasta dejarla entretenida melancólicamente en las orejas de su caballo.

1 de mayo de 2012

La Casa Agramatical (según el Stupidorum Libri LI)

A mi madre

En el siglo XXI después del Gran Computador Planetario, un empresario multimillonario acudió presa del pánico a pedir humildemente una audiencia al Excelentísimo y Santo Rector de la Abadía Mayor de la Orden De La Forma Del Significado Y La Forma Del Significante.


Se le expuso con palabras muy elegantes y llenas de florituras retóricas que no podía ser. Pero ante su patética insistencia, fue recibido por el Pío Doctor Gramático Generativo Glosemático, que era un hombre de más de cincuenta años, extremadamente enjuto y con una expresión grave e intimidadora.


Cuando el millonario comenzó la exposición de sus preocupaciones sus palabras parecieron al Santo Doctor un desvergonzado chascarrillo blasfemo.

-Ilustrísimo y Santísimo, mi casa se ríe.


-¡Emisor del mensaje verbal -bramó el Doctor- le conmino a que abandone inmediatamente ese tono agramatical o me veré obligado a expulsarle de esta Sacratísima Abadía!

-Pero le aseguro que se ríe...

-¡Guardias! -gritó el Pío Doctor; y a continuación entraron dos policías- ¡Conduzcan inmediatamente a este individuo a la prisión de la Santa Corrección!


Pero el Doctor Gramático Generativo Glosemático se quedó caviloso y no se le sentó la cabeza hasta que mandó inspeccionar la casa del multimillonario. De ello se encargó un colegio de profesores de La Sacratísima Y Venerable Universidad De La Conjugación Verbal Y La Concordancia Entre Sustantivo Y Adjetivo. A la vuelta de su misión en la casa del millonario, el colegio de profesores, con el Doctor En Fonología De La Escuela De Praga de principal portavoz, se dispuso a informar al Pío Doctor de lo que se había podido sacar en claro.


-Venerable Políglota Y Gran Conversador, Morigerado Usuario De Todas Las Partes De La Oraci...

-No es necesario que mencione todos mis títulos -interrumpió el Pío Doctor-; mi impaciencia es superior ahora a mi placer por el protocolo. Vaya al grano.


-Pío Doctor, hemos estado en la casa que se nos indicó estudiar. Cuando llegamos no se reía porque le dolía bastante el tejado. Pero sí pudimos ver una escoba bebiéndose el ajedrez del escritorio a hurtadillas y un horno que podía borrar las luces de las habitaciones siempre y cuando se le pidiera que no lo hiciera.

-¡De modo que era cierto! -exclamó espantado el Pío Doctor Gramático Generativo Glosemático. Si esto transciende a la opinión pública, pueden ser socavados los cimientos de la Universal Lingüística. ¡No lo permitiré!


Y en efecto, el mismo día que el multimillonario fue quemado en la hoguera, una mano furtiva armada con un lanzallamas arrojó una lengua de fuego desde una ventana abierta hacia el interior e inició un incendio que redujo a un mísero montón de cenizas el denominado en el informe secreto del clero como Casa Agramatical.

La Casa Agramatical (según el Dementium Fabularum Liber III)

A Isabela Dávila



Cuentan que el año 538 después del Gran Computador, un inglés comedor de isótopos radiactivos acudió, presa de un piadoso pavor a pedir una audiencia al Pío Doctor Gramático Lexicográfico de la Diócesis. Le respondieron que era imposible, pero ante el patetismo de su insistencia, permitieron que le recibiera el Segundo Catedrático de la Comisión Provincial de Asuntos Léxicos. Cuando se halló ante el Catedrático, sus palabras fueron interpretadas como blasfemias de un espíritu rebelde.


-Mi casa se ríe, Ilustrísima -dijo.

-Emisor del mensaje verbal -replicó el Catedrático con tono y semblante graves-, por la claridad y esplendor de nuestra magna lengua, no mancilles esta abadía con impías incorrecciones sintáctico-semánticas...


Y el comedor de isótopos radiactivos contestó:

-Pero si es verdad que se ríe...

El catedrático le envió sin contemplaciones a la prisión de la Santa Corrección pero, intuyendo que había algo más, decidió que se inspeccionara el domicilio del malhablado.

El portavoz de esta expedición fue claro y tajante en las palabras con que resumió lo que habían presenciado en vivo en aquella casa:

-Cuando llegamos, la casa no se reía porque le dolía el tejado pero vimos una escoba bebiéndose el ajedrez del escritorio y un horno que podía borrar las luces de las habitaciones.

-De modo que era cierto... -dijo el Segundo Catedrático sorprendido. Si esto transciende pueden ser socavados los cimientos de la Internacional Lingüística. ¡No lo podemos permitir!

Y, en efecto, al mismo tiempo que su habitante recibía doscientos latigazos, las puertas y ventanas de aquella casa fueron selladas alegando la misteriosa causa acostumbrada: higiene espiritual.