2 de abril de 2012

¿Rito inmundo e inmemorial?

Se ha convertido en tema de habladurías especuladoras el motivo por el que huí despavorido de la casa de cierta viuda de Arkham la primera vez que concertamos una cita. No me arrepiento de haber tomado las de Villadiego. Nunca había visto tal exhibición de lo macabro en una casa destinada a ser habitada. Desplegados en el interior de vitrinas de época, se mostraban todo tipo de objetos de extraños cultos: calaveras de los más diferentes animales, incensarios, cuchillos rituales o recipientes que habían albergado la sangre derramada no se sabía por qué clase de ser vivo. Por eso mi alarma subió hasta un grado máximo cuando, llevando en la mano un puñal enorme que había sacado de la vitrina para mostrármelo, me dijo:


-Si quieres sexo, me tienes que llevar al altar...


Nada más oírlo, me dirigí a la salida convencido absolutamente de que era lo que tenía que hacer. Pero antes de desaparecer entre las sombras de la calle le dije:


-Para esa clase de prácticas macabras y brujeriles no cuente usted conmigo, señora…

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