19 de abril de 2012

El Best Seller Inaguantable

A Isi Sil

Los sábados a partir de las diez de la mañana era el momento preferido por los miembros del Club Caballero para acudir a disfrutar de sus instalaciones y de la compañía de sus asociados. El aparcamiento se llenaba de Mercedes, BMW y algún Ferrari, incluso, y el campo de golf o la biblioteca se poblaban de personajes elegantemente vestidos con ropas de grandes marcas, que, a simple vista, apenas se diferenciaban más que en los colores. Tanto los golfistas como los bebedores del bar como los jugadores de ajedrez daban a sus movimientos y posturas un mismo aire, como si todos ellos sintieran igual, amaran a la misma mujer, hubieran tenido la misma infancia y aspiraran a las mismas metas en la vida. 

En la biblioteca, seis o siete hombres estaban ahora con sus ojos posados en sus respectivos libros, sentados todos a los lados de una larga mesa con un mismo empeño en acabar cuanto antes el best seller del momento, que era imprescindible conocer para poder hablar de él en las veladas nocturnas de la alta sociedad. Parecía que no habían abandonado todavía su época escolar y estaban repasando la lección antes de que llegara el profesor de su colegio de curas a aterrorizarlos con su demoníaca habilidad para sorprenderlos con sus preguntas retorcidas y castigarlos si no las contestaban bien.

Fonseca levantó la vista del libro y miró a su vecino de mesa de la derecha.

-Álvarez -susurró-, ¿te está gustando?

-Es un rollo -dijo Álvarez, también en voz baja.

-¿Sabes lo que dice la crítica? Es por tener una idea de lo que hay que opinar.

-Pues ABC dice -musitó Álvarez- que jamás se había escrito un ensayo político de tanta rectitud moral y tal espíritu demócrata. Y La Razón, que jamás se había escrito un ensayo político de espíritu tan democrático y tal rectitud ética y moral. Son opiniones diferentes pero creo que hasta cierto punto son coincidentes.

Alguien les chistó y volvieron con taciturnidad a concentrarse en los ejemplares de aquel best seller que llevaba el título de Cuba no es Libre y hablaba de la uniformación asfixiante de los regímenes marxistas en el mundo actual. Fonseca sin embargo añoraba una vida que le permitiera leer en aquel momento alguno de los tebeos de marcianos de su hijo y no aquel libro árido como un desierto.

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