7 de abril de 2012

Decadencia

El bailaor de flamenco abandonó el tablao recibiendo un aplauso medianamente aceptable. Dos hombres, grandes entendidos del arte flamenco en general, estaban en una mesa en primera fila y habían prestado gran atención a la actuación.

-Este hombre -dijo uno con tristeza- ya no es quien llegó a ser. ¿Recuerdas la emoción que despertaba esa cadencia doliente y ese "murmullo delicado del estrépito" como lo llamó nuestro colega del ABC?

-Me acuerdo, me acuerdo -dijo el otro-. Le quedan dos años, no más...

-Hasta el sonido del zapateo suena distinto, Paco. Suena hasta cascado...

-Es que tiene las suelas rotas.


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