30 de abril de 2012

Seis microrrelatos para despertar conciencias (III)

A Jordi Nogués Aymerich

La revolución industrial consiguió que, lo que antes se tardaba mucho tiempo en hacer, se fabricara mucho más rápido y  en mayor cantidad. Su última hazaña es matar a un niño de hambre cada segundo.

28 de abril de 2012

Seis microrrelatos para despertar conciencias (II)

A Miguel Ares

La relajación profunda llegó al fin; Carlo, el hombre con personalidad múltiple descansaba física y mentalmente.

-¿Por qué atentaste contra el Papa? -preguntó el hipnotizador forense.

-Porque matándolo compensaba mi remordimiento por haberme convertido al catolicismo... -contestó Carlo-. Me convertí al catolicismo porque me había hecho de izquierdas y eso me hacía tener remordimientos, me hice de izquierdas para olvidar que había hablado en contra de la izquierda política cuando era sacerdote católico, hablé en contra de la izquierda política porque no quería admitir que tenían razón al decir que el Cristianismo es culpable de la miseria de los países pobres y no lo quise admitir porque, si lo admitía, no me quedaba más opción para no ir al infierno que salir de mi religión, que, por cierto es la única verdadera.

26 de abril de 2012

Seis microrrelatos para despertar conciencias (I)

A Dioni Escarabajal


En la hora de la redacción, José comenzó a agitar rápidamente entre sus dedos su lápiz, alzándolo lo más alto que podía sobre su cabeza, buscando la atención de su profesor y el permiso para hacer su pregunta.

-¿Profe, "diestra" es la derecha o la izquierda? -dijo, cuando el profesor reparó en él.

-La derecha -contestó el profesor.

Entonces, desde la última fila de la clase, surgió la voz de Julia, niña un poco repipi pero muy cáustica, que con tono de asombro exclamaba:

-¡¿La diestra es la derecha?! Profe, ¿no me diga que es a la izquierda a la que llaman "siniestra"?

23 de abril de 2012

Una conversión en Éfeso

A Isi Sil y Susana Escarabajal

Pablo creaba sin cesar nuevos acólitos para el mensaje nuevo de salvación eterna. Sabía cómo llegar a la sensibilidad de los hombres de toda laya y procedencia. Caminaba una vez por las afueras de Éfeso sobre su borrico junto a dos de sus discípulos cuando vio llegar a un comerciante de tejidos, opulentamente vestido y con una venerable barriga precediéndole en cada uno de sus fatigados pasos pues había muerto inesperadamente uno de los onagros que llevaban su mercancía durante el trayecto hasta Éfeso y había tenido que cargar con sus telas a la mula que aguantaba el peso de su descomunal humanidad en horas de mayor fortuna para él por lo que tuvo que seguir camino a pie enjuto.

Poco a poco, se fueron aproximando por la calzada las dos comitivas, la de Pablo, que salía de la gran urbe, y la del mercader, que llegaba. Cuando Pablo llegó a diez pasos del otro, se bajó del burro y, abriendo los brazos en cruz en dirección a aquél, le dijo:

-Hermano, Dios te ama.

El comerciante abrió los ojos no menos que la boca al oír aquello y, cuando salió de su asombro, le dijo:

-¿Y cómo lo sabes?

-Porque Dios ama a todas sus criaturas, una por una -contestó Pablo.

El comerciante agachó la cabeza y se meció la barba reflexionando aquellas palabras. Había adivinado que Pablo le estaba intentando convertir a una religión iniciática y examinaba su interior para sentir cómo encajaba aquel mensaje simbólico en su estructura espiritual. 

-¿Y hay alguna a la que no ame? -preguntó al fin.

-Sí -contestó Pablo- el hombre inicuo, el que daña a sus semejantes pero incluso ese puede ser amado por Dios y puesto entre sus hijos predilectos si se arrepiente...

-¿Y a quien Dios no quiere, qué le sucede? -preguntó curioso el Mercader.

-Ese irá a la Gehenna, al Infierno, al sufrimiento eterno, pero Dios es misericordioso y no quiere el mal de sus hijos, antes perdonará mil veces al hijo díscolo que ser en exceso riguroso una sola...

-Sí, pero en el infierno, ¿qué castigos se sufren?

-Las almas arden y se retuercen de dolor eternamente, sin compasión, pues el Ángel Caído es enemigo de la humanidad, pero no pienses en esas cosas, mi querido hermano...

-¿De qué más padecimientos habla tu Misterio, sacerdote? -preguntó el mercader, que ya sentía una atracción profunda hacia aquella fe que le ofrecía Pablo.

-La tortura, crucifixión y muerte del Hijo de Dios, que, abandonado por su pueblo, cargó sobre sí con el peso en la conciencia de todos nuestros pecados, fue abandonado por Dios en el momento de mayor tribulación lo que le hizo exclamar: "¡¿Dios mío, por qué me has abandonado?!". Descendió al Infierno pero resucitó tres días después y dejó que uno de sus discípulos le metiera el dedo en su herida mortal para que pudiera estar seguro de que había despertado de la muerte y andaba entre los vivos...

El mercader retorció los ojos hacia arriba y dijo:

-¿La crucifixión fue con cuerdas o con clavos?

-Con clavos, hermano, con clavos,... largos y gruesos clavos que traspasaron sus muñecas y sus pies, y en su cabeza pusieron una corona de espinas y, en lo alto, un letrero caustico que le atribuía la soberanía de Israel y, hasta para calmar su sed, le dieron hiel amarga. Él mismo llevó la cruz hasta lo alto de un montículo y la gente del pueblo se reía de él y le insultaba y todo eso porque predicó la justicia en la Tierra...

El mercader seguía retorciendo los ojos mientras Pablo, llevado por un repentino y extraño ímpetu, hablaba y hablaba del sufrimiento de Jesús y no veía el momento de callar. Pero, de pronto, el mercader inspiró hondo y exclamó:

-¡Me has ganado para tu fe, espléndido sacerdote! Pero no sigas hablando, deja algo para cuando estemos en las termas de Éfeso reposando placenteramente.

21 de abril de 2012

Mauricio y Clark

A Susana Escarabajal y Dioni Atrapamoscas

Hay una isla brasileña que está deshabitada porque tiene fama de estar plagada de serpientes venenosas. Yo he vivido allí y sé que es un rumor propagado por traficantes de droga, que esconden allí su mercancía. Llegué a su playa a nado para salvar mi vida tras el naufragio de mi pesquero en el que, al parecer, murieron todos mis compañeros. Sólo dos años después llegó el momento de mi rescate y volví a mi Minas Gerais natal para dedicarme a un oficio de secano. La isla es paradisíaca, con un lago potable y mucha vegetación comestible además de algún mamífero de sabroso sabor. Fui feliz allí, dentro de la soledad horrible que experimenté, hasta que llegó Clak.

Su globo aerostático cayó un día sobre la isla falto de gas para calentar el aire por un error de su cabeza llena de pájaros, pájaros todos ellos de mal agüero y carroñeros, si hubiera que continuar el símil. Su cabeza siempre estaba ideando algo nuevo. Un día me dijo:

-Mauricio, ¿por qué no competimos por la comida de la isla? Así nos preocuparemos de que nuestros suministros no escaseen nunca. Unimos al interés por comer el de acumular comida. Nos estimulará la idea de que el otro no se quede con la fruta de las ramas más bajas y fáciles de alcanzar.

De modo que empezó a almacenar cocos, bananas y otras frutas en su cabaña. Pero la mayor parte se pudría y se echaba a perder antes de que se la pudiera comer. Pero fue tal su empeño en almacenar comida que pronto no quedó fruta en los árboles y palmeras y yo, como no había tenido su misma obsesión infantil por llenar mi despensa, me quedé sin alimentos y le pedí que me diera de los suyos puesto que ya había quedado suficientemente claro que aquel juego lo había ganado él.

-No, Mauricio -me contestó-, si quieres comida, tendrás que trabajar para mí.

Así, tuve que pasarme dos meses desbrozando un gran terreno circular alrededor de su cabaña, construyendo un largo muro que la rodeara con piedras unidas con arcilla, cavando una balsa junto a su casa y un canal desde el lago que desembocara en ella y otra infinidad de trabajos agotadores que tenían la supuesta finalidad de mejorar "nuestras" condiciones de vida.

Cuando ya quedaban pocos víveres para los dos, me dijo:

Mauricio, sintiéndolo mucho, no puedo seguir pagándote el sueldo que cobras ahora, ni siquiera reduciéndote la jornada a la mitad. He de despedirte con todo el dolor de mi corazón...

Entonces, cerró la puerta de la muralla en un movimiento ágil aprovechando mi desconcierto y me dejó fuera. Hube de trasladarme, rumiando la ira, a la chabola de mis primeros días en la isla y alimentarme de raíces e insectos. Hasta que, un día, lleno de resentimiento, me dije que yo también tenía poder y le corté el canal de agua del lago que fluía hasta la balsa. Pasó todavía un mes hasta que su pozo se secó. Entonces me pidió hacer las paces, según él, porque había comprendido que lo más importante entre los seres humanos era el amor y que no había que tener rencillas ni dejar que las diferencias nos separaran.

Mi repugnancia hacia este sujeto despreciable ya no tuvo límites cuando, acabando aquel discurso de pacificación, me dijo, mirándome con un brillo extraño en los ojos:

-Podemos hacer de esta isla una utopía, Mauricio, pero, para empezar a llevar a cabo este maravilloso ideal, has de concederme la libertad sexual.

19 de abril de 2012

El Best Seller Inaguantable

A Isi Sil

Los sábados a partir de las diez de la mañana era el momento preferido por los miembros del Club Caballero para acudir a disfrutar de sus instalaciones y de la compañía de sus asociados. El aparcamiento se llenaba de Mercedes, BMW y algún Ferrari, incluso, y el campo de golf o la biblioteca se poblaban de personajes elegantemente vestidos con ropas de grandes marcas, que, a simple vista, apenas se diferenciaban más que en los colores. Tanto los golfistas como los bebedores del bar como los jugadores de ajedrez daban a sus movimientos y posturas un mismo aire, como si todos ellos sintieran igual, amaran a la misma mujer, hubieran tenido la misma infancia y aspiraran a las mismas metas en la vida. 

En la biblioteca, seis o siete hombres estaban ahora con sus ojos posados en sus respectivos libros, sentados todos a los lados de una larga mesa con un mismo empeño en acabar cuanto antes el best seller del momento, que era imprescindible conocer para poder hablar de él en las veladas nocturnas de la alta sociedad. Parecía que no habían abandonado todavía su época escolar y estaban repasando la lección antes de que llegara el profesor de su colegio de curas a aterrorizarlos con su demoníaca habilidad para sorprenderlos con sus preguntas retorcidas y castigarlos si no las contestaban bien.

Fonseca levantó la vista del libro y miró a su vecino de mesa de la derecha.

-Álvarez -susurró-, ¿te está gustando?

-Es un rollo -dijo Álvarez, también en voz baja.

-¿Sabes lo que dice la crítica? Es por tener una idea de lo que hay que opinar.

-Pues ABC dice -musitó Álvarez- que jamás se había escrito un ensayo político de tanta rectitud moral y tal espíritu demócrata. Y La Razón, que jamás se había escrito un ensayo político de espíritu tan democrático y tal rectitud ética y moral. Son opiniones diferentes pero creo que hasta cierto punto son coincidentes.

Alguien les chistó y volvieron con taciturnidad a concentrarse en los ejemplares de aquel best seller que llevaba el título de Cuba no es Libre y hablaba de la uniformación asfixiante de los regímenes marxistas en el mundo actual. Fonseca sin embargo añoraba una vida que le permitiera leer en aquel momento alguno de los tebeos de marcianos de su hijo y no aquel libro árido como un desierto.

16 de abril de 2012

La niña Hipatia

Lo dedico a Isi Sil, que 
se parece a Hipatia
en la inteligencia
y el valor.

Según un pergamino antiquísimo del Museo Británico, Hipatia de Alejandría, cuando tenía 12 años, le preguntó a su padre, que era un gran sabio, qué hacía a los hombres odiar y temer.

-Hipatia, es una cuestión de ignorancia -contestó él-, los hombres odian lo que desconocen.

-No padre -contestó la niña-. Eso es dudoso porque tú odias mi ignorancia.


14 de abril de 2012

La Demostración

El párroco devoraba con gula infantil un chocolate con churros en la barra de un bar mientras conversaba con un vecino de asiento que, al ver su traje negro y su alzacuellos, le había manifestado, si bien con gran delicadeza, su escepticismo acerca de la religión.

-Pero, padre -le decía- no hay ninguna prueba de que Dios exista.

-La mayor prueba de que Dios existe -contestó el cura desplazando su mano en un rápido pase- la tienes ante tus ojos: este mundo tan hermoso, tan perfecto.

-Pero no es perfecto, padre. Hay injusticia, necesidades, muerte...

-Eso también es una prueba de que existe -contestó el cura mientras embuchaba, relamiéndose, el churro mojado de chocolate.

12 de abril de 2012

La tentación de un director

Para aquella película multimillonaria habían escogido a Carlo Donioni, un auténtico bastardo, como director. Quería la perfección absoluta y al que no tenía estómago para seguir su ritmo le hacía sentirse una piltrafa. Aquella mañana había de rodarse la escena cumbre, donde el terrateniente inglés azotaba a su lacayo y éste le estrangulaba con la enorme fuerza de sus manos gigantescas. Las primeras 15 tomas fueron insatisfactorias para el director. No estaba dispuesto a estampar su firma en ninguna película que no fuera una obra maestra indiscutible y en una obra maestra no podía haber nada mediocre, ni siquiera una escena de crueldad e injusticia podía ser mediocremente cruel e injusta, por eso, cuando en la escena número 16 el actor que encarnaba al terrateniente seguía sin saber fingir suficiente saña a la hora de interpretar los azotes, Donioni arrebató al actor la fusta, completamente fuera de control, y comenzó a azotar a Mike Burn, el corpulento actor que interpretaba al lacayo, con furia desmedida una y otra vez hasta que la fusta se hizo dos pedazos. Mike Burn, hombre de gran sentido del humor y buen natural, sintió, sin embargo, en aquel momento, tal arrebato de indignación y tal deseo de venganza que, cogiendo al director de una pierna con una mano y de la camisa con la otra, lo elevó sobre su cabeza y, tomando impulso, lo lanzó con fuerza contra la cámara que rodaba la escena, que cayó al suelo junto a Donioni y quedó hecha pedazos. 

-¡No eres nadie, Donioni, no eres más que un saco de inmundicia! -gritó Mike Burn, mientras se secaba la sangre que le manaba de la cara.

Todos, absolutamente todos los que trabajaban en la película se marcharon entonces a la calle y dejaron solo a Donioni, que, comprendiendo que, en esta ocasión, estaba claro quién había sido el perdedor, se caló su gorra, cogió su abrigo y se marchó a pedir su cese del contrato.

9 de abril de 2012

El gran odiado

A Mientras Leo

Andrés se puso pálido cuando pidió un dedo de brandy y Joaquín le dijo con ironía maliciosa que bebiera más porque "el tamaño sí importaba". En lo que quedó de noche, no volvió a hablar y se lo pasó mirando el suelo con expresión triste y apesadumbrada. Fue por eso que no se apercibió de que, al poco, una chica preciosa se había sentado junto a él y le había lanzado miradas hasta que, tras comprobar que no le hacía caso, se había cansado y se había ido, ni de que, después, fuera quien fuera, alguien se había acercado con sigilo y le había robado su cazadora, ni de que, más tarde, todos los de la pandilla habíamos salido del bar y le habíamos dejado solo, ni de que, al final el dueño del local, ignorando su presencia en un rincón había ido a cerrar la puerta y se había marchado a su casa. No sólo se quedó allí encerrado durante un día entero sino que no pudo presentarse a un examen y tuvo que hacerlo en septiembre. Además, se lo pasó pensando con amargura que no resultaba atractivo a las chicas, que sus cosas no tenían valor y que era un chico tan extraño que llamaba la atención de todo el mundo. Cuando, muchos años después, me comentó aquel episodio, me dijo:

-Si supieras hasta qué punto me odié y desprecié en aquella ocasión, dirías que nunca nadie ha tenido que aguantar una compañía tan odiosa para él durante tanto tiempo pudiendo haberla alejado con el simple gesto de permitirle que se sintiera algo más querida...

7 de abril de 2012

Decadencia

El bailaor de flamenco abandonó el tablao recibiendo un aplauso medianamente aceptable. Dos hombres, grandes entendidos del arte flamenco en general, estaban en una mesa en primera fila y habían prestado gran atención a la actuación.

-Este hombre -dijo uno con tristeza- ya no es quien llegó a ser. ¿Recuerdas la emoción que despertaba esa cadencia doliente y ese "murmullo delicado del estrépito" como lo llamó nuestro colega del ABC?

-Me acuerdo, me acuerdo -dijo el otro-. Le quedan dos años, no más...

-Hasta el sonido del zapateo suena distinto, Paco. Suena hasta cascado...

-Es que tiene las suelas rotas.


6 de abril de 2012

[Abril - El Relato del Mes - El Espejismo]

Amig@s, me presento también al concurso El Relato del Mes este abril con el relato El Espejismo. Este relato debe encuadrarse dentro de mi evolución, tanto literaria como personal, hacia una visión de la vida más plena y feliz desde el  limitado, sórdido y angustioso mundo interior que dominaba mi vida en los peores años de mi enfermedad. También vosotros, que, como yo, os debatiréis entre complejos, frustraciones y miedos, encontraréis en este cuento una ayuda para superarlos a la vez que, como pieza de arte que es, un instrumento para sentir vuestras vivencias personales e intransferibles en comunión con las del resto del mundo, pues, si la Poesía comunica los sentimientos individuales, la Narrativa es la comunicación de las vivencias.

5 de abril de 2012

[En la Isla]



Ya ha salido publicado el número 4 de la revista digital En la Isla, dedicado al tema La Madre Tierra. En éste número participo con el relato que salió vencedor en el concurso de relatos El Relato del Mes del pasado mes de febrero, El Hombre del que se apiadó la Madre Tierra.

El Comandante Galaz

El Comandante Galaz Hernández acababa de ver en casa de una chica de la ciudad más próxima una gran película, en cuyas escenas todavía estaba sumergido. Mientras caminaba hacia su morada por el sendero del campo de entrenamiento, jugaba su inconsciente con la imaginación haciéndole sentirse como el protagonista de la película, Máximo, pasando revista a las fuerzas romanas antes de atacar a los germanos. Cuando entró en casa, su madre, una mujercita anciana pero fuerte y llena de aliento, se acercó con celeridad y alegría a besarle pero, una vez que su rostro llegó al pecho de su hijo y su nariz se frunció un par de veces para oler algo, se volvió a apartar con brusquedad y, levantando su rostro hacia su hijo portando en sus facciones una expresión terriblemente agria, le dijo en un tono seco e imperativo:

-¡Has estado en la ciudad con una de esas mujerzuelas! ¡Pero mírame a la cara y ponte recto, que soy tu madre y me debes un respeto! -su hijo le obedeció, pero ella se lanzó al sofá con aire trágico y arrancó a gemir enjugándose las lágrimas con un pañuelo y a lanzar exclamaciones de lamentación-. ¡No esperaba yo que mi hijo me fuera a hacer esto! ¡Mi hijo, tan bueno...! -decía. Pero de pronto, cambiando en seco sus gemidos por el tono que había usado inmediatamente antes, duro y dominante, dijo-: ¡Tú no has nacido para el sexo, idiota! ¿Por qué te puse Galaz? Porque quería que fueras un símbolo para España, un hombre casto y cristiano que portara la luz del Santo Grial allá donde estuviera. Tu destino es llegar al Generalato del Ejército de Tierra, pero, además, sin mácula, puro como un niño. ¿No sabes que con tu comportamiento vas a matar a tu madre, si es que no la has matado ya? -y volvió a lanzarse a sus gemiditos tiernos.

El Comandante miraba fito fito a su madre con tanta vergüenza que quería que se lo tragara la tierra pero dijo:

-También a ti te han vuelto loca los libros de caballerías, mamá...

-¿Ironías a tu madre? -dijo ella volviendo a cambiar sus lastimosas lamentaciones por su implacable acritud-. ¡Piérdeme el respeto encima! -y, a continuación, tras pararse a contemplar el rostro de su hijo unos segundos, dijo mostrando en el tono como la punta del iceberg de un dolor enorme- ¿Pero será posible que te hayas quitado el rizo de la frente? ¡Dios mío, hijo, pero cómo has hecho eso!

El Comandante contestó:

-Mamá, tengo alopecia, ese rizo me quedaba ridículo, me hacía una parodia de Supermán...

-¡Tú no tienes que dar un paso sin contar conmigo, te lo he dicho mil veces!

-¡Mamá! Ya estoy harto. Me he enamorado de una mujer y voy a casarme con ella. No puedes seguir controlándome. Tienes que tranquilizarte, mi amor por ti es distinto y no va a desaparecer.

Pero ella le clavó la mirada y dijo levantando un dedo:

-Eres comandante por ser mi hermano quien es, no des motivo para que te retire tu apoyo...

El Comandante Galaz, bajó la mirada y tragó saliva, una sensación de dolor repentina le había invadido y tardó medio minuto en recuperarse pero después respiró hondo y dijo:

-Mamá, adiós, me voy del ejército.

-¡Vas a desertar! -dijo asustada su madre.

-No, mamá, seguiré el procedimiento habitual.

-¡Hijo mío! ¡Vas a abandonar a tu madre! ¿Qué va a ser de mí?

-Cásate con un gay, mamá, eres una gran dama, eso les gusta.


2 de abril de 2012

¿Rito inmundo e inmemorial?

Se ha convertido en tema de habladurías especuladoras el motivo por el que huí despavorido de la casa de cierta viuda de Arkham la primera vez que concertamos una cita. No me arrepiento de haber tomado las de Villadiego. Nunca había visto tal exhibición de lo macabro en una casa destinada a ser habitada. Desplegados en el interior de vitrinas de época, se mostraban todo tipo de objetos de extraños cultos: calaveras de los más diferentes animales, incensarios, cuchillos rituales o recipientes que habían albergado la sangre derramada no se sabía por qué clase de ser vivo. Por eso mi alarma subió hasta un grado máximo cuando, llevando en la mano un puñal enorme que había sacado de la vitrina para mostrármelo, me dijo:


-Si quieres sexo, me tienes que llevar al altar...


Nada más oírlo, me dirigí a la salida convencido absolutamente de que era lo que tenía que hacer. Pero antes de desaparecer entre las sombras de la calle le dije:


-Para esa clase de prácticas macabras y brujeriles no cuente usted conmigo, señora…