13 de febrero de 2012

El Terrorista

Nadie recuerda ya este episodio del terrorismo internacional pues dos días después de ocurrido, se produjo el atentado de septiembre negro de 1972 y quedó oscurecido antes incluso de que hubiera tiempo de ponerlo en primera página de los periódicos. Hoy sólo un libro, que hace treinta años que no se reedita, menciona el hecho y, aunque nadie daría credibilidad a semejante autor sensacionalista, yo puedo dar fe de que cuenta la verdad de los hechos de manera escrupulosa pues yo, Isaac Mossen, fui uno de los testigos. He hablado con otros que presenciaron lo mismo que yo y todos creemos ahora que fue un espejismo que nos mandó Yahveh:

"[...]Pasemos ahora a otro de estos hechos desconcertantes ocurrido en nuestros propios días y que tuvo lugar en septiembre de 1972 ante 20 testigos en la ciudad de Jerusalén, ciudad santamente empapada de sangre a lo largo de los milenios. A las 8 y diez minutos de la mañana, un terrorista palestino arrojó una granada contra el interior de un café céntrico matando a todas las personas que había en su interior excepto a un hombre que ha salvado su vida pero que arrostrará graves secuelas toda su vida, entre ellas, una ceguera y sordera totales. Tras la explosión el palestino echó a correr creyendo probablemente que la circunstancia de que no hubiera ningún policía en las cercanías era una buena oportunidad para escapar, pero enseguida fue perseguido por unos seis o siete ciudadanos.
 "Al poco le rodearon y fue detenido. La policía, tras el procedimiento acostumbrado, le llevó a la tercera planta del departamento de policía para interrogarle. Como se mostró extremadamente dócil en todo momento, los escoltas no supieron reaccionar a tiempo cuando se deshizo de ellos y con rapidez inusitada se lanzó por la ventana y cayó al vacío. Y aquí comienza lo increíble de esta historia, si es que no lo es ya la sangre fría de este ser, pues veinte ciudadanos de Jerusalén, entre ellos cuatro palestinos declararon ante un juez bajo juramento que al recibir el impacto contra el suelo, el cuerpo del terrorista se abrió dejando ver muelles y engranajes de metal en lugar de sangre y tejido orgánico. Uno de ellos llegó a coger una de las ruedas dentadas y comprobó que era sólida pero milésimas de segundo después lo que sus manos habían cogido se transformó, nos crea usted o no, en un trozo de carne humana [...]"


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