18 de febrero de 2012

El Modo en que se evitó el Fin del Mundo


En el siglo XXIX después del Gran Computador Planetario, fue descubierta, hurgando entre la complejísima maraña de datos de Internet, una bitácora llamada La Casa Agramatical, que, fuera de toda duda razonable, se debía haber escrito en la primera mitad del siglo XXI de la era cristiana. Lo asombroso es que hablaba de sucesos ocurridos mucho después, como la aparición del Gran Computador, la época de las teocracias y repúblicas lingüísticas o la invención de la máquina transdimensional. Si esta paradoja se debía a una ruptura de las leyes del tiempo debida a la intervención de viajeros de la máquina transdimensional, no se sabía, aunque era improbable porque este tipo de viajes no deja huellas paradójicas, pero una cosa preocupaba a todo el mundo: que esta misma bitácora hablaba de un espantoso fin del mundo a manos de los robots, que destruirían la vida humana e, incluso, harían desaparecer el planeta. Por aquel tiempo los robots eran miembros de los gobiernos y tenían una importante participación en las decisiones nacionales y locales. Algunos humanos comenzaron a sentir pánico, hubo algunas revueltas y se temían disensiones y conjuras que desembocaran en la profetizada aniquilación del género humano.

Sólo se encontró una estrategia que hubiera esperanzas de que funcionara para evitar la horrible catástrofe: viajar al siglo XXI después de Cristo y obligar a Luis Rafael García Lorente, el autor del blog, a que escribiera un desenlace distinto a aquel conflicto entre humanos y robots y que se desdijera de tan espantosas predicciones. Seis tripulantes de la máquina transdimensional pusieron rumbo a aquel tiempo y, tras algunas pesquisas, localizaron al escritor. Se hallaron indicios en su pasado de delirios esquizoides, lo que fue interpretado por los miembros de la misión como una influencia de la cultura de la época a la hora de interpretar lo que había sido, en realidad, un implante hipnótico a distancia de información por parte de unos viajeros transdimensionales de oscuras intenciones. El escritor no era consciente, al escribir sus historias sobre el futuro, de que habían sido introducidas en su imaginación a pequeñas dosis en la época en que padeció un brote psicótico sin que él hubiera notado nada, excepto unos episodios pasajeros en los que experimentaba una angustiosa sensación de ser controlado mentalmente por otras conciencias de fuera de él pero que tenían acceso a su mente y que él había sentido como atribuibles a los seres humanos que en esos momentos estaban a su alrededor. Esta operación había tenido como objeto, según presumían, intoxicar a la opinión pública del siglo actual para dividir a los humanos y los robots. La parte del futuro que la bitácora anticipaba con exactitud, servía como cebo para tomar en serio la predicción escatológica que, por contra, no estaba en el campo de los hechos posibles en la época de la que habían partido los implantadores. Sólo ahora lo estaba, según las prospecciones, debido a esta operación de intoxicación.

Ahora ya no cabía duda alguna: había que convencer a Luis Rafael para que escribiera una entrada en su bitácora desmarcándose de ese trágico final para el mundo. Pero implantarle información con el riesgo de que fuera víctima nuevamente de tratamientos psiquiátricos que debilitaran su mente y dejara abandonada la bitácora tal y como estaba ahora era un riesgo. Las ideas había que inculcárselas del modo corriente, esa fue la decisión de la expedición, ayudándose de personas que las poseyeran y se las transmitieran y de pequeñas e inocuas sugestiones. La primera persona fue Bea Magaña, la famosa autora de Historias de Thèramon, a la que encargaron hipnóticamente que visitara La Casa Agramatical y se suscribiera al blog además de agregar como amigo de facebook a su autor. Esta escritora transmitió a Luis Rafael ideas optimistas sobre la vida y una visión del amor como fuerza creadora y le empujó a buscar el bien y a renunciar a todo egoísmo y codicia. El autor siempre, hasta el día de su muerte, presintió que había un lazo secreto que los unía a los dos, quizá, en parte, debido a las sugestiones hipnóticas de baja intensidad mencionadas. La segunda persona fue Ana Mireles, una especialista en comunicación, directora, poeta y promotora cultural a la que también se le ordenó suscribirse a La Casa Agramatical y ofrecerle una noche, a través de un chat, la sabiduría que encierra esta frase: "El universo refleja aquello en lo que piensas con fervor, da igual si lo quieres o no". Luis Rafael meditó esta sentencia y decidió cambiar sus objetivos a la hora de escribir, ya no representaría la amargura del fracaso con tintes de reproche a sí mismo y al mundo, ya no escribiría para decir que todo estaba perdido, hiciéramos los que hiciéramos, ya no hablaría con triste resentimiento de las mujeres que lo habían rechazado. En adelante sería su propio benefactor, a nadie más le reclamaría ni le exigiría esa misión. Días después escribió la entrada "El Modo en que se evitó el Fin del Mundo". Los archiveros de Internet del siglo XXIX después del Gran Computador, cuando el mundo estaba ya al borde de comenzar una guerra entre humanos y robots, encontraron esta entrada, desgajada por la corrupción del tiempo del resto de cuentos, y en ella se decía que la Humanidad, unida armónicamente con las máquinas, consiguió dar el paso hacia una nueva forma de vida: toda ella se convirtió en un solo organismo armónico en el que cada una de sus partes conservaba su autonomía y libertad pero a las que era biológicamente imposible sentir odio por las demás ni causarles daño. La noticia de este hallazgo se difundió y se consiguió evitar la guerra. En su lugar, la nueva profecía encontrada comenzó a cumplirse.

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