25 de febrero de 2012

El Día de la Salud

Un 22 de diciembre, un hombre de unos 50 años hablaba tristemente con un médico, mientras éste lo auscultaba con atención. El hombre tenía una fisonomía tosca, la típica del hombre hecho a trabajar duramente en el campo, pero, en su mirada, se podía vislumbrar una aguda inteligencia y buenas dotes de observación. El médico, en cambio, tenía una piel fina y blanca pero sus ojos estaban como adormilados y, cuando se le miraba a la cara, la larga y delgada línea de su boca le daba un aire estúpido.

-Todo lo que tengo lo he ganado trabajando siete veces más de lo que vale -decía el agricultor-, nunca me han regalado nada, incluso me han robado una vez la casa.

-Válgame -dijo el doctor, muy atento a su estetoscopio.

-He trabajado mucho a lo largo de mi vida -continuó el agricultor-. Desde bien pequeño, ya cargaba yo a la espalda fardos de alfalfa para dar de comer a los conejos que criábamos. Y nos daban tan poco por ellos que a veces no quedaba ni para clavos con que reparar las jaulas.

-Válgame -repitió el doctor, con el mismo tono maquinal de la otra vez.

-Una vez me tocó un premio en la lotería. Poca cosa : cincuenta euros. Y aun así perdí hasta dinero. Fui a cambiarlos en un bar de mal aspecto para comprar un paquete de tabaco en la máquina expendedora; el dueño me dio diez euros en monedas y ahí paró; le dije que faltaban cuatro billetes de diez o dos de veinte pero él se emperró en que yo sólo le había dado diez; insistí en que eran cincuenta pero un borrachín de la barra comenzó a darle la razón al dueño y, total, que ni el reintegro al completo.


-Válgame -dijo el doctor de nuevo.

-Pero esta noche he soñado que me tocaba el gordo -dijo el agricultor-, ¿y sabe usted que tengo un presentimiento muy fuerte de que hoy va a cambiar mi suerte con el dinero?

En ese momento, el doctor se enderezó y dijo mientras tiraba sobre su mesa, más que depositaba, el instrumento que había estado manejando con concienzudo empeño:

-Rece para que no sea así porque, tal y como está su corazón, la emoción se lo llevaría por delante.


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