16 de enero de 2012

Vendetta

Vittorio, si puedo hacer memoria, aunque todo lo suyo lo tengo muy borroso, era la sabandija más cobarde del mundo. A solas me llenaba de babosos elogios y confesaba su respeto por mí pero, cuando había terceras personas, temeroso de hacerme de valer ante ellas, porque como soy contrahecho y gibado la gente podría perderle el respeto, se lucía con sus chascarrillos y bromas ingeniosas a costa de mi dignidad. Pero yo siempre volvía a él con buen ánimo porque era la simpatía en persona y no se podía tomar en serio, según yo creía, su comportamiento rastrero.

Sin embargo, cierto día , completamente borracho, empuñó un látigo y, en presencia de los otros amigos, me azotó hasta herirme en la espalda; imagínese si no lo haría en el alma. Al otro día volví a su mansión y sólo fue capaz de decir:

-¿Sangraste mucho, Vincenzo?

Sólo eso me dijo.

En la fiesta de Carnaval siguiente, tuvo el destino que se merecía o, dicho en plata, me vengué de una forma que él no hubiera esperado jamás. Fui a su casa llevando atado en el portaequipajes de mi carruaje un barril de amontillado del mejor año. Ordené que lo dejaran en el comedor de Vittorio. Este, que no era más que un perturbado borrachín, pronto comenzó a beber y no paró hasta quedar ebrio. En ese momento aproveché para coger el hacha que había junto a la armadura ancestral de la familia y de un tajo le rebané la mano con la que me azotó, que cayó en el tonel con la copa agarrada todavía. Pero, cosa extraña, pronto comprobé que mi brazo estaba sangrando, me hice un torniquete, como había visto hacer a un cirujano en la guerra, y caí desmayado. Al día siguiente desperté en mi casa. Estaba resacoso y me llenó de extrañeza que el barril de amontillado con la mano de Vittorio dentro apareciera ahora en mi propio comedor pero lo más espantoso fue cuando al sentir un dolor intenso en mi mano izquierda dirigí hacia ella mi mirada por primera vez desde que había despertado y vi que ya no estaba al final de mi brazo. A cuantos pregunto ahora por Vittorio, niegan haberle visto jamás y aseguran que fui yo mismo, Vincenzo Vittorio de la Gazza, quien me flagelé mi propia espalda para hacer reír a mis invitados...


2 comentarios:

  1. Hola, Luis, ya era hora de que me pasara por aquí. Me encanta este blog y quiero visitarlo muy a menudo. Vi el documento de tus cuentos... guaaaauuuu, es super largo... me va a tomar varios días pero espero acabarlo pronto y darte mi opinión. Un besazo. Y un favor: cambia el banner de la página de LE 8))) GRACIAS. Hasta mañana.

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  2. Perdona, Jules, no había caído en la cuenta de lo del banner. Gracias por tus palabras de apoyo. Un besazo.

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Gracias por su comentario