5 de enero de 2012

El Corazón de Oro (Tercera Parte)


Si no recuerdas la segunda parte, pincha aquí SEGUNDA PARTE 


Mientras caminaban por la calle, Mike decía al forense con cierta excitación:

-Fred, estamos en trance de desarticular la rama comarcal del KKK, pero antes tenemos que hacer desaparecer todo rastro de mística en este caso. James Randell me parece una buena persona, buen padre de familia, buen esposo, admirable hoja de servicios, además no se ha encontrado nada sospechoso en su domicilio, pero en estos casos nunca se sabe, hay muy buenos fingidores. No obstante no tengo pruebas contra él y está otra vez de servicio. Dime ahora una cosa, Fred, ¿abandonaste la sala durante la autopsia de los dos cadáveres?

-Claro que sí, Mike, dos veces, cuando tenía a medio abrir el abdomen de ambos. Hace tiempo que sospechaba lo mismo que tú pero sigo sin sospechar quién armó el fregado. 

-¿Fred, por qué leche saliste de la sala las dos veces?

-Ed Martin me llamó desde el centro de vigilancia. Decía que le había parecido ver llegar a los de la funeraria.

-¿Y por qué demonios no fue él a mirar?

-Estaba con un catarro de ojos y por no molestar al relevo porque tiene dos hijos pequeños...

-Fred -dijo Mike dando un giro rápido de 180 grados y volviendo rápidamente hacia el departamento de policía- tu historia me confirma una vez lo que he creído desde siempre: que la gente ingeniosa no servís para nada. O mucho me equivoco, o Edward Martin es quien hizo el intercambio en el cuerpo de su colega de raza y nos da la pista sobre la infiltración del KKK entre los nuestros.

*    *    *

Pero Ed Martin, como era de sospechar se mostró muy poco colaborador y salió del interrogatorio sin haber reconocido ninguna de las sospechas del jefe de policía. Era realmente triste encontrarse en semejante callejón sin salida. Sin embargo las cosas se pondrían peor el 31 de diciembre. Ed apareció con un tiro en la nuca en el arcén de la carretera a las afueras de la ciudad. Realmente no era posible que el caso adquiriera mayor complicación. Ningún otro policía estaba al corriente del caso, excepto Mike y Alfred. A no ser que el gris y aburrido agente Frank, que había entrado en medio del interrogatorio por no sé qué asunto justo cuando Ed pronunciaba la triple K fuera uno de los infiltrados. Era ciertamente significativo el hecho de que, tras esta irrupción, la leve actitud de cooperación de Ed, se había transformado en un nervioso disimulo acompañado de cierto temor que no podía ocultar su mirada. Consciente de este último detalle, Mike se acordó que su número de registro era el 5698, tan sólo diferente en la última cifra al que Ed había marcado a fuego y hierro en el corazón de Karl Knabell. 

Era la noche del 5 de enero cuando Mike llamó por teléfono a Fred y le pidió que acudiera al departamento de policía porque tenía una sospecha inquietante que si se confirmaba, podría dar un vuelco a este caso. 

Fred sacó la víscera humana marcada a fuego y metal de un frasco con formol y la puso bajo una potente lente mientras Mike le observaba ansioso. Efectivamente la cifra final no era un tres sino un ocho algo borroso. Una patrulla de policía se desplazó hasta el hogar del agente Frank. Vivía sólo, nadie entraba en su casita del barrio residencial. Entre inmundos y macabros fetiches, se le hallaron los hábitos del KKK, que mostraban haber sido usados recientemente en el exterior.

Los federales acabaron el trabajo con un saldo no demasiado vergonzoso para el cuerpo de policía local. James Randell quedó totalmente absuelto. Como la inmensa mayoría de la gente, tenía un corazón de oro.



FINAL DE
EL CORAZÓN DE ORO

2 comentarios:

  1. Me gusta lo que estoy leyendo, estás sorprendiendome... una estupenda narración, un saludo, seguimos caminando...

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  2. Gracias, Nuria, siempre se agradece que te animen a seguir en esto y, si lo hacen personas con tu talento, mejor todavía.
    Un saludo afectuoso.

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Gracias por su comentario