28 de enero de 2012

El Aprendiz de Platero

Aquella tarde el aprendiz de platero martilleaba ávido e incansable sobre el tas, cuando al mirar hacia la mano de la esposa del jefe cuando ésta cogía una de las herramientas de su mesa, pudo ver por primera vez en uno de sus dedos un precioso anillo.

-Me gusta mucho su anillo, Juana -dijo el aprendiz-. ¿Qué dice la inscripción?

-"Hoy te quiero más que ayer pero menos que mañana". Es la Alianza del Amor; me la regaló mi esposo cuando éramos novios. 

El aprendiz ensombreció sus rasgos y movió la cabeza diciendo:

-Pues lo mío con una chica sí que está complicado, complicado complicado. Ni más que ayer ni menos sino todo lo contrario, Juana -y mostrando en alto el martillo como si jurara añadió con una pequeña exclamación- ¡Un sinvivir!

La pobre Juana, que no sabía qué contestar porque no tenía datos de juicio, le dijo entonces poniendo tono como de estar harta de oír tonterías:

-Bah, Juan Antonio, no seas tan agarrado, regala a esa chica un anillo como éste y verás cómo se anima.

El aprendiz de platero se encariñó de la idea y esa noche estuvo reflexionando qué inscripción pondría para expresar de modo breve la relación que había entre ellos. Casi toda la noche se la pasó en vela porque no encontraba una forma de decirlo lo suficientemente concisa.

Al día siguiente aún estuvo trabajando por la noche varias horas para grabar en el exterior del anillo la frase que había escogido. Llegó la hora del trabajo sin que hubiera dormido más de dos horas, de modo que luchó toda la mañana para que no se le cerraran los ojos. Había quedado esa tarde con la chica para ir al cine, de modo que aprovechó para entregarle su anillo, aunque todo su deseo habría sido dormir. A la mañana siguiente, en el lugar de trabajo todos estaban ya informados de las tribulaciones y trasiegos amorosos del aprendiz y nada más llegar le preguntaron cómo había recibido aquella chica el detalle del anillo. Él dijo:

-Lo llevé otra vez de vuelta a casa.

-Tenías que haberle dicho que se lo quedara aunque no sea tu novia, es más caballeresco -dijo entonces Juana.

-El caso es que el anillo sí le ha gustado y quería quedárselo -dijo Juan Antonio, el aprendiz- pero se le caía del dedo.


2 comentarios:

  1. Una sonrisa de buena mañana es siempre bienvenida. Gracias por dejarla. Un saludo.

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Gracias por su comentario