13 de enero de 2012

Drama

El bar iba a cerrar pero el hombre borracho seguía allí con la cabeza inclinada sobre el pecho, los brazos colgando a los lados, las piernas flexionadas debajo del asiento y la espalda algo recostada en el respaldo. Cuando el camarero quiso despertarlo, descubrió que en realidad estaba muerto. Aquel primer día de la primavera se había emborrachado por última vez mientras sentía el sabor amargo del desamor en su vida. En la mesa, junto a su vaso y su botella de ginebra, un papel donde había querido escribir una carta y que había quedado interrumpida así:

"Alicia,
"No eres la única que me da calabazas porque son todo lo que me he encontrado en la vida pero eres de la que menos me las esperaba. Además"



2 comentarios:

  1. Muy bueno, Luis. Desolador... Me ha gustado. Un saludo

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  2. Muchas gracias, Ricardo, a veces también viene bien un poco de drama en el blog para variar.

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Gracias por su comentario