14 de diciembre de 2011

Siempre pensando en ella

La flotilla de cazas americana navegaba cerca de Neptuno con la esperanza de sorprender a alguna nave rezagada iraquí tras la eficiente huida de la superpotencia asiática. Eduardo Espinilla, a la cola del escuadrón, tenía su mente muy lejos de aquel lugar, en su Connecticut natal. Pensaba en Susan, la chica de sus sueños, y en lo triste que sería que por cualquier error o defecto personal ella dejara de estar interesada por él cuando se empezaran a conocer a fondo. Podía verse desde su posición una raja iluminada del planeta, con su característico color azul y él se acordó al verla del zafiro que le regaló antes de comenzar esta arriesgada misión. No valía más que 30 dólares pero ella se puso muy contenta. 

Observando cómo aumentaba y disminuía la llama de los reactores en la naves que le precedían en su maniobra de cambio de dirección, recordó que alguien estaba soldando la quilla de un yate cuando fue con Susan al puerto para bajar al islote a ver una película del siglo XXI recién restaurada sobre aventuras espaciales. Entonces se dibujó una sonrisa en su rostro. "¡Cuánto nos reímos!", pensó, "¡Cuanto disparate!".

Por la radio se escuchaban las conversaciones intranscendentes de los pilotos. De pronto escuchó algo sobre el batallón C-10. Acababa de sustituir al CX-15 en la misión de protección de la Luna. Susan pertenecía al batallón C-10. No era mal destino la Luna. Los iraquíes jamás se atreverían a acercarse a un lugar tan protegido. Esto le alegró pero también le entristeció porque la Luna estaba muy lejos de su base, en una depresión rocosa de un satélite de Júpiter.

-¡Atención, preparen el dispositivo de hipervelocidad! -dijo de pronto el capitán a través de la radio-. Nos dirigimos al punto INGELS 76593,  a las coordenadas 78502864263748 - 76544374846353 - 93744858573. No omitan ningún dato, es importante llegar a ese punto concreto porque nuestros radares de la base han detectado movimientos extraños allí. 

Eduardo se encontró de pronto sobrevolando un lugar muy distante de INGELS 76593. Por la radio escuchó  de nuevo la voz del capitán:

-¡Espinilla, no te localizo! ¡Dónde leches estás! ¡Es que has desertado, pedazo de maricón!

-Tranquilo, capitán, estoy en la Luna.

-¿Y cómo has llegado ahí, idiota?

-Es que estaba pensando en otra cosa.

-Ay, Espinilla, tú siempre en la Luna...


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