2 de diciembre de 2011

La Videoconferencia


La ventanilla del chat apareció en la parte inferior de la pantalla del PC , un rectángulo oscuro se iluminó y se hicieron de pronto visibles los rasgos de un anciano de torva mirada y bigote bien cuidado. Un hombre de mediana edad que estaba sentado frente al PC exclamó entonces con alegría:

-¡Bravo, bravo, papaíto! Eres un genio de la informática. Al fin te podemos ver desde España, tu patria, papaíto...

Pero el anciano no varió ni un músculo de la cara y dijo con tono cortante:

-No he sido yo, idiota. El trasto este me lo ha preparado el sirviente. Yo no entiendo ni jota, merluzo.

El de mediana edad, haciendo caso omiso de la metralla, respondió:

-Claro, papá, era sólo la alegría de verte otra vez después de tantos años.

-¡Dónde está mi nieto! -exclamó con furia el anciano-, ya sabes que mi herencia será para él íntegra. Ni un duro para ti y la damisela con la que te has casado ahora. Tu primera mujer era un tesoro, pero esta es una... -y en esto le vino un acceso de tos muy intenso. Tras toser durante un minuto dijo en un tono resignadamente reposado:- Que se ponga mi nieto.

-Ay, papá, ese es el problema, el pobrecito quiere dedicarse a la Iglesia porque ha sentido el llamado del Señor. No quiero molestarlo ahora, está con unos libros que le ha prestado un amigo seminarista -y levantando sus ojos al cielo y luego agachando su cabeza afectando resignación dijo:- Siempre se inmolan a Dios los mejores.

El abuelo dijo al oír aquello:

-Mi nieto sacerdote... ¡Como mi buen padre! -y se lanzó absurdamente a gimotear.

Entonces se colocó detrás del de mediana edad un adolescente con una gran melena y un suéter negro que, esgrimiendo una sonrisa de medio lado, dijo:

-¡Jolín, tronco, tenías razón, el abuelo llora cada vez que dice "mi buen padre"!

-Ya la has armado -dijo el de mediana edad dando un golpecito con el puño en la mesa-. Te ha oído y te ha visto de cuerpo entero, hijo. Ahora ni para tus libros de la Universidad...

Entonces intervino el adolescente:

-¡Yayooo! ¿Qué pasa, tronco? ¿Tan mal te cae el Javi Métal, joder? Si es lo mejor que hay...

-Mira -dijo el abuelo- no quiero saber nada de esos satánicos. Porque Dios está por encima de todo, ya lo deberías saber, Eduardito...

-¡Ca, yayo! Si lo mío es el Metal alemán vikingo, que son superenrrollaos... Ahora, si me preguntas si soy beato, ni hablar, yayo, esta es mi última palabra.

-¡Eduardo! -gritó entonces con tono de autoridad su padre.

-¡Cállate, idiota y deja que se exprese mi nieto, que tiene mucha más cabeza que tú, pedazo de imbécil! -dijo entonces el anciano desde la pantalla-. Eduardo, ¿qué es para ti más importante en la vida, el amor o el dinero?

-El amor, abuelo, el amor, eso es lo que mola.

-¿Quieres mi herencia?

-Yo no quiero lo que no es mío. Si me la das, bien y si no, bien también. Sin compromiso, abuelo.

-¡Sí que la quiere! -intervino su padre sonriendo- Está bromeando el pillín.

-¡Te quieres callar, Vicente! -gritó el anciano-. Si te hubieras colgado en el útero de tu madre del cordón umbilical, me hubiera ido mucho mejor en la vida... Eduardo, prefiero dar mi herencia a una iglesia de acá ¿Tú qué dices?

-Si quieres mi opinión, yo se lo daría a una O.N.G. de lucha contra el hambre, yayo. Les hace más falta a ellos.

-Lo haré, Eduardo. Estoy disimulando el dolor, me quedan pocos días de vida. Me alegra haberte visto y saber que eres tan buena persona. Ya no he perdido el tiempo en el mundo porque he tenido un nieto que es un gran hombre... como mi buen padre- y se lanzó a llorar.

Diez días después, una llamada internacional de un abogado anunciaba a Eduardo que acababa de heredar una gran fortuna.

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