24 de diciembre de 2011

El Corazón de Oro (Primera parte)

Cada 24 de diciembre representa el nacimiento
de un intento más de acabar con la aflicción
humana. Ha sido una victoria contra el Mal,
pues de lo contrario nadie tendría interés alguno 
en celebrarla, pero, como siempre, ha sabido
a derrota. El campo de batalla siempre está
dentro de nosotros. Ahí, cada vez que 
vencemos, muere algo nuestro. 

Aquel individuo alto que había tenido el dudoso honor de rematar con un tiro de rifle al hombre que había sido objeto del linchamiento, al quitarse el cucurucho, descubrió un rostro atractivo, con ojos azules muy claros, facciones nobles y un tupido cabello amarillo. Pero en su expresión se percibía no sé si rencor o amargura o un profundo sentimiento de impotencia, no se podría decir, porque no podemos conocer con precisión qué está sintiendo alguien si él no nos lo dice. Alguien, se acercó a él por lo que se precipitó a calarse de nuevo su cucurucho del Ku-Klux-Klan. 

-No te molestes, Karl, soy William -se apresuró a decir-. No te agobies más, no había nada entre ese tipo y tu chica. He hablado con ella. Sólo le entregó unos poemas. Era uno de esos mariconazos que hacen versos...

-¡También me lo dijo a mí ayer! -exclamó Karl-. Pero no la he creído. El negro ha dicho: -"La amaré más allá de esta vida". ¿Te crees que me chupo el dedo, Bill? Un amor así tiene que haber sido correspondido al menos un poco. Me las pagará. ¡Te juro Bill que me las pagará!

Karl desapareció corriendo a través del bosque en la penumbra de la luna creciente.

*    *    *

El Jefe de Policía entró en la sala de autopsias y al llegar junto al forense se quitó el sombrero y le tapó la cara al cadáver.

-Curiosa noche para que me invites a tu lugar de trabajo, Alfred -dijo.

-Mike, la víspera de Navidad la celebran las familias pero tú no tienes familia. Tú lo que tienes es una esposa que es un sargento. 

-Dime qué ocurre -contestó Mike, con repentina seriedad profesional.

-Pues me parece que ha aparecido una organización rival.

-¿Cómo lo sabes?

-Este hombre negro carecía de corazón, o mejor dicho, su cadáver llevaba incrustado en el lugar de su corazón uno de oro puro. Su pecho no estaba abierto ni hay aberturas lo suficientemente grandes en ninguna otra parte de su cuerpo. No sé cómo demonios lo han hecho.

-Fred, te perdono por esta vez, pero la gracia del chiste no compensa las molestias. Hasta pasado mañana, que lo pases bien con tus amistades.

-Ojalá fuera una broma, Mike, esto es sólo una parte. Tampoco el cuerpo de Karl Knabell, que ha muerto  por el golpe, al caer misteriosamente por la ventana de la habitación de su prometida, presenta señal alguna de cicatrices u operaciones quirúrgicas. Y sin embargo, su corazón tenía al abrir su pecho un número marcado a fuego.

-Demasiado fácil, Fred, lo adivinaría hasta un niño: el 666.

-No, Mike, es mucho más gris: el 5693...



CONTINUARÁ EL 31 DE DICIEMBRE


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