23 de noviembre de 2011

Por ser como eres



Jesús estaba desayunando una lata de pescado en escabeche pero su madre no le dejaba hacerlo en paz. De vez en cuando pateaba con un pie en el suelo y protestaba por lo mucho que se demoraba con la comida porque quería que la llevara a casa de Catalina, la amiga a la que conoció en el bingo y con la que le encantaba jugar a la brisca.

-Mamá, ¿por qué no vas a mirar en el buzón si hay correo y mientras tanto te ahorras el trabajo de estar observándome?

-Hoy no viene el cartero, Jesús. Es sábado.

-Puede ser que viniera ayer.

Su madre se dirigió a la calle con la llave del buzón en la mano. Instantes después volvía con una carta en la mano expresando su extrañeza porque, por el aspecto exterior, no parecía el tipo de correo que solían recibir.

-Ábrela y verás lo que dice, que es lo primero que hay que saber... digo yo, ¿no?

-"Querida Amalia Pérez Sanjuán, por ser usted como es, sólo por eso, nuestra empresa, una incipiente marca de galletas, se complace en regalarle el pasaje para un crucero por el Atlántico durante tres semanas en un barco con todas las comodidades. Enhorabuena. La queremos." ¡Qué cosa! Pues ya tengo plan para el verano...

-¿Cuándo es el crucero?

-Del 1 al 21 de agosto. Lo único que siento es que no haya también una invitación para ti, me voy a encontrar muy sola en el barco. Jesús, procura estar de 9 a 9 y media en casa para que chateemos y me digas como va todo por el pueblo y los canarios, si te vas de viaje algún día, se los pasas a la tía Dolores, que desde que se atragantó uno con el mijo, ya no estoy tranquila y mi colección de abanicos...

-¡Mamá, tranquila! No me agobies. Faltan todavía diez días, ya me darás todos los recados.

Jesús aparcó el coche frente a la casa de Catalina y entró con su madre. Catalina miró a Jesús con cierto aire de repugnancia y luego se volvió a su madre y le preguntó:

-¿Por qué entra aquí éste?

Ella se volvió a Jesús y le dijo:

-Dice Catalina que por qué has entrado.

Jesús, que desde el primer día que llevó a su madre a aquella casa consideró amable de su parte no violar la intimidad de las dos amigas y quedarse fuera aunque tuviera que pasar frío, perderse partidos de la selección de futbol y aguantar los murmullos de sorna de los vecinos que le veían todos los sábados dando vueltas o dentro del coche, y a pesar de todo no había recibido una sola muestra de agradecimiento o atención alguna de aquella anciana excéntrica con la que tan encaprichada estaba su madre, descubría ahora que la costumbre tenía peso de ley y que tampoco hoy podía ver un partido de tenis que le interesaba especialmente. Pero de pronto asomó la cara de su madre por la puerta y le dijo con alegría contenida:

-¡Ven, Jesús, entra! A Catalina también le han mandado una invitación como la mía. ¡Irá en el mismo barco que yo!...

La carta decía prácticamente lo mismo que la de la madre de Jesús:

"Querida Catalina Márquez Imbernón, por ser usted como es, sólo por eso, nuestra empresa, una incipiente marca de galletas, se complace en regalarle el pasaje para un crucero..."

De vuelta en el coche, la madre de Jesús decía:

-Dicen que nadie da nada por nada pero en fin, a caballo regalado no le mires los dientes.

-Mamá, esto es un tipo nuevo de marketing. Seguro que pronto vendrán periodistas, descubrirán la marca que está detrás y se harán eco de la noticia.

-¡Huy, hijo! Eco de la noticia. ¡Qué afectado estás esta mañana!

De vuelta al pueblo, vieron que dos mujeres entradas en los 60 se dedicaban a parar con gestos de guardia urbano a los automóviles que marchaban en sentido entrada y a pedirles la documentación.

-¿Qué hacen éstas reteniendo el tráfico? -dijo Jesús enfadado.

-No hables mal a las hijas de Rumboso -le advirtió su madre-. Si se enfadan contigo, no me invitan a su fiesta de fin de año.

-Estamos en julio. ¿Tan rencorosas son?

-Si algo tenías que tener claro a estas alturas sobre las hijas de Rumboso es que son rencorosas...

Al llegar el turno de Jesús una de las hijas de Rumboso asomó por la ventanilla y le dijo:

-Muy buenos dias, familia. Por favor, dame el DNI o algún documento acreditativo.

-¿Para qué lo quieres, Felisa? -preguntó la madre.

Es que le vamos a dar un premio al poseedor del primer número de carnet que encontremos que termine en 62, que son los años que tenemos nosotras dos.

-¿Qué premio? -preguntó Jesús.

-Esta mañana nos han llegado dos invitaciones a un crucero en agosto y, como para esas fechas teníamos un viaje a Lisboa, con gran magnanimidad por nuestra parte, vamos a entregar el viaje a Lisboa a uno de los que pasen por aquí y nosotras nos vamos en el crucero.

-Chicas, a mí también me ha caído el crucero -dijo la madre de Jesús- pero ¿no sabéis por qué motivo real os lo han dado?

-El motivo real debe ser que tocamos muy bien las canciones de los Beatles para piano a cuatro manos ya que nos dicen en la carta que nos regalan el crucero sólo por ser como somos.

El viaje a Portugal quedó pendiente para los que venían detrás. Jesús pensó en la tranquilidad que tendría en casa esas tres semanas cuando las hijas de Rumboso dejaran de ir a su casa a darle órdenes disfrazadas bajo las más peregrinas escusas.

El día que zarpaba el barco, las cuatro premiadas acudieron en el coche de Jesús al puerto. Tras las alegres despedidas, Jesús fue a casa de su novia.

-Jesús, ¿qué haces aquí a estas horas? ¿No estás con tu madre hoy?

Jesús se acercó a ella sonriendo y le dio un beso en la boca.

-Mi vida, me he librado de ella y de sus amigas. A partir de ahora podemos vivir la vida intensamente.

-¿Qué has hecho? -dijo ella.

-He comprado unos pasajes para un crucero y se los he echado a su buzón en un sobre con una nota que dice que son un regalo de una fábrica de galletas sólo por ser como son.

-Pues te habrá costado un ojo de la cara -dijo ella riendo alegremente.

-Me ha costado mucho más el explosivo...

La novia de Jesús, tras unos segundos de duda, comprendió el chiste y soltó una gozosa carcajada. Pero después le dijo:

-Si no te conociera, diría que eres un calzonazos. Encima de que no te dejan en paz un segundo, vas y les regalas un crucero... Así no te las vas a quitar nunca de encima.

-Al contrario, mi vida, cuando asimilen de verdad que han merecido semejante premio sólo por ser como son, lo más probable es que ya no encuentren placer en dar órdenes a nadie.


2 comentarios:

  1. Luis, este relato es genial, tus finales suelen sorprenderme, pero en este relato te has superado. Bravo, amigo mío.

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  2. Aprecio tu opinión porque considero que es contrastada y justa. Si algo no te gusta, simplemente lo dejas pasar pero cuando dices que algo te gusta es porque es bueno y si dices que es genial, es porque debe serlo de verdad. Esa es la ilusión que me hago, amiga Bea, y, gracias a ella seguiré en esto, porque me hace creer que algo sí que valgo. Me has alegrado la tarde, que la tenía algo fastidiadilla. Gracias, amiga.

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