9 de noviembre de 2011

En los duros tiempos de la Reglamentación


Mentecarpo, un miembro de Libertad entre Nos, hizo el signo oculto de su sociedad a aquel hombre que bajó en la estación de Villapoquete pues sospechó que era el enviado por los Supremos para informarse en persona de los efectos de La Reglamentación en todo el país. Su sospecha resultó acertada y de inmediato el extraño le contestó poniéndose ambas manos sobre la cabeza a modo de alas de Mercurio y sacó la lengua. Tras este gesto tan discreto, ambos se dirigieron a unos almacenes abandonados. Entonces Mentecarpo poniendo una pose mujeril, porque era un tipo muy fino, dijo extendiéndole la mano:

-Mentecarpo, encan... -pero en este punto consideró que se estaba excediendo en la elegancia y feminidad de sus formas, tosió y repitió en tono algo más varonil a su entender:-. Mentecarpo, encantado de conocerle.

-Aduardo, mucho gusto -contestó el otro-. Cuénteme Maestro Magnánimo, ¿como se encuentran las ramificaciones de nuestra sociedad en el país?

-Perdiendo hoja, chico -dijo Mentecarpo-. El Partido del Libro del Reglamento Eterno, que gobierna el país de modo asfixiante y celoso, ha repartido guardias por todo el país para mantener el control de la sociedad y asegurar el cumplimiento de la Reglamentación en una teocracia tan estricta que no tiene precedentes en el mundo. No sólo se han prohibido las asociaciones secretas sino que está rotundamente vedado cerrar la puerta de casa.

Aduardo resopló apenado, haciendo que los pelillos de su poblado bigote se agitaran locamente. Luego preguntó:

-Alguna libertad quedará... ¿qué hay de las salidas al campo a respirar aire puro?

-La gente que va al campo tiene que enfrentarse a las batidas de caza de los sátrapas del partido y sus amigos y familia. Los ideólogos del partido creen que ya se ha hecho bastante daño a la naturaleza y sus especies naturales por lo que, de matar algo, mejor que sea gente...

-¡Dios bendito...! -susurró Aduardo-. Los baños en las playas también se habrán prohibido, ¿no es así?

-Las playas han sido ocupadas por el SLFU, Socorristas de la Lealtad al Fin Último, una facción playera del Partido del Libro del Reglamento eterno.

Aduardo, reprimiendo la nausea que le provocaban tan pésimas noticias y mirando fija y gravemente a los ojos de Mentecarpo, como pidiéndole una pronta y franca respuesta, le preguntó:

-¿Qué misión tiene el SLFU?

-Ahogar en el mar a los bañistas que se muestran más desinhibidos de lo normal y abortar estados de relajado bienestar, torturar a los hombres y violar a las mujeres.

-Pero ¿qué potente narcótico administrado malévolamente por los socorristas retiene en la playa a esa pobre gente hasta el punto de dejarse violar y hasta matar? -dijo Aduardo con un mal disimulado horror unido a la compasión.

-Los anuncios de televisión sobre las costas del país son tan impactantes que siempre hay suicidas y demás imprudentes afluyendo a esos lugares.

-Olvidémonos ahora de eso, ¿la gente sigue haciendo el amor con quien quiere o también han reglamentado eso?

Mentecarpo miró de arriba abajo a Aduardo con secreta lujuria y dijo:

-¿Es que en tu país libre se hace el amor con quien uno quiere, guapo? Y luego hablas de narcóticos...

-Entiéndame usted. Era una forma de hablar..  -dijo Aduardo empezando a sospechar que había algo raro en su acompañante.

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