30 de noviembre de 2011

Compañía Urgente



Nuria, la enfermera, entró en la habitación hecha una furia. Con una mano en la cintura y otra extendida con la palma hacia arriba en dirección al paciente como si le pidiera algo, en este caso una explicación, le decía muy enfadada:

-Andrés, ya van más de diez veces que se lo digo. ¡Deje quieto el pulsador del timbre, por favor! Ya cansa... No me diga que le ocurre algo porque sé que no es verdad. Usted no tiene más que gastroenteritis y está evolucionando perfectamente. ¡Mañana se podrá ir!

Andrés, apurado y compungido, le contestaba cosas como:

-Nuria, no creo que sea tanto trabajo para usted entrar y saludar y hablar un poco conmigo. Mi familia no viene a verme y me encuentro sólo y aburrido.

-Las enfermeras no estamos para hacer compañía -decía Nuria- sino para atender a los pacientes en sus enfermedades. En la medida en que usted o cualquiera tenga que ser atendido, aquí me tendrá, pero para hacerle compañía, olvídese, claramente se lo digo. Soy en-fer-me-ra, no persona para acompañar, hablar, contar chistes ni todas esas cosas que usted me pide ¿de acuerdo?

Nuria daba por concluida así la reprimenda y se había dado la vuelta para marcharse cuando Andrés dijo con fastidio y desgana volviendo la cabeza hacia la ventana:

-Ni las SS...

Esto sí que fue la chispa que colmó el vaso porque al oír semejante dislate, Nuria volvió sobre sus pasos, agarró fuerte uno de los varales de la cama por no agarrarlo a él del cuello y le lanzó una pregunta retórica con la entonación de quien sabe que le van a responder que sí porque es justo lo que le están pidiendo todo el rato pero con tanto enfado y rencor que lo que parecía que le preguntaba era si de verdad estaba interesado en el suicidio asistido:

-¿Quiere saber cuántas horas trabajo a la semana? -dijo.

Andrés no contestó pero la miraba fijamente.

-¿Cree que no me gano la vida honradamente? ¿Lo he atendido mal hasta ahora?

Andrés dijo que no con la cabeza. Y fue entonces cuando Nuria estalló:

-¡En ese caso no me llame nazi, si aprecia algo la tranquilidad en su vida, porque lo puede pagar caro! ¿Lo ha captado?

Andrés se limitó a contestar:

-Te quiero.

Pero Nuria movió su índice en dirección a él mientras le decía:

-No bromeo, le advierto. Le estoy hablando en serio, Andrés.

-Yo también -dijo Andrés-, estoy siendo completamente sincero pero no sé cómo demostrártelo... 

En ese momento se incorporó y la besó abrazándola. Ella se dejó caer blandamente en los brazos de Andrés rodeando su cuello con los suyos.



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