19 de octubre de 2011

La Última Novela


En el planeta que describiría en la novela, el sol se ponía tres veces antes de llegar el atardecer; los animales eran de tres tipos: móviles, inmóviles e hinchables pero inmóviles; la vegetación se alimentaba cuatro veces al día incluyendo la merienda; el medio de transporte de los que necesitaban medio de transporte era un trineo propulsado por una cuerda flexible extensible hasta 50.000 veces el tamaño que tenía en estado de reposo elaborada con el estómago de un animal religioso; la comunicación sólo podía ser a larga distancia porque de cerca no se oía el sonido y la cultura era tan vasta que cada vez que se quería recordar algo, había que desplegarla sobre casi la mitad del planeta y luego estar 10 años enrollándola otra vez para que no se arrugara y cuarteara.

Pero este martes lo ha vuelto a olvidar todo, seguramente porque está peor del Alzheimer y el miércoles ha comenzado un nuevo proyecto sobre un planeta más extraño todavía donde seres de mermelada se desparraman sobre las montañas durante los días de calor dejando un dulzor en el terreno que sólo se quita con la lluvia y se oye a lo largo de las 86 horas de luz del día un extraño e inquietante silbido producido por unos seres medio inteligentes que se agrupan en grupos de unos diez y, juntando sus bocas redondas, comienzan a emitir ese sonido que atrae a las crías de un animal volador que repta al llegar al suelo...

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