14 de septiembre de 2011

La Impaciencia de Abelardo

Abelardo Pérez Celaya, el presidente de un pequeño país democrático con un gobierno socialista, hubo de recibir durante su mandato a Pedro Nolasco Ramírez presidente de un país muy influyente. Pedro Nolasco Ramírez era un neoconservador, devoto de San Francisco de Asís pero con muy mala entraña. Sufría sudores fríos de vez en cuando, acosado por visiones del infierno al que le llevaba un objeto volador extraterrestre. Los médicos atribuían estos padecimientos al estreñimiento y al consumo excesivo de galletas de sal, con el que quería imitar a Bush hijo, que se atragantó con una de ellas.

A pesar de que expropió las tierras de cinco mil campesinos para especular con la banana, con lo que los condenó a la mendicidad o a trabajar en sus propias tierras con un sueldo de esclavo, cada vez que oía la palabra marxismo hacía pucheros y soltaba las lágrimas si había alguien mirando y afectaba sufrir mucho por todas esas almas que iban a encontrar la perdición eterna por vivir en pueblos con gobiernos de izquierdas.

Cuando el socialista Abelardo Pérez Celaya llegó al aeropuerto para dar la bienvenida a Pedro Nolasco Ramírez, fue abordado por dos agentes de inteligencia del país del visitante.

-¡Mi país es independiente, ustedes están violando las normas internacionales! ¡Apártense de mi camino o serán arrestados!

-Son los deseos de nuestro presidente, señor. Le tenemos que registrar o nuestro presidente no bajará del avión.

Abelardo Pérez, si ya odiaba a Ramírez, tras este nuevo detalle sintió deseos de asesinarlo a navajazos. Pero se dejó registrar porque comprendía que si mantenía unas buenas relaciones con el país de aquel individuo cuyo avión estaba ya entrando en la pista de aterrizaje, daría a su propio país una estabilidad de la que estaba urgentemente necesitado.

Pasado el control y lleno de indignación se dirigió al lugar donde aguardaban los miembros de su gobierno, que habían llegado antes, no sin antes echar mano instintivamente a sus bolsillos y descubrir que los cacheadores le habían robado la cartera. En ese momento lanzó un alarido de indignación pero los agentes habían ya hecho mutis por el foro.

-¿Se han llevado documentos que le comprometan, Presidente? -dijo su vicesecretario.

-¡Se han llevado todo el dinero que he sacado del cajero automático esta mañana! ¿Le parece poco?

2 comentarios:

  1. Este cuento tiene una sutileza crítica enorme y un gran sentido del humor en el análisis de dos Filosofías de Gobierno opuestas. Gracias por haberlo escrito, amigo.

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  2. Me honran enormemente tus palabras, Eloy, sabiendo de tu capacidad intelectual y te agradezco sinceramente tu interés por las cosas que escribo, que no publicaría ni escribiría de no sentir que con ello hago algo por los valores humanos y por la conquista de mi libertad personal.

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Gracias por su comentario