12 de septiembre de 2011

Atrás y adelante

Las bailarinas y bailarines de grupo de ballet al completo ensayaban ahora obedeciendo las indicaciones de Leoncio Cuesta, el director y coreógrafo:

-¡Vamos! Atrás, adelante-adelante. Atrás, adelante-adelante. ¡Seguid! ¡Seguid...! Tengo que daros una mala noticia; el contrato para actuar en La Habana no ha cuajado, dicen que tal vez el año que viene pero yo sé lo que significa ese tal vez...

Emilio Alvarez, uno de los bailarines secundarios, conocido por su carácter excéntrico, dejando al resto del grupo seguir con los movimientos que le indicaba el coreógrafo, comenzó entonces a dar gráciles saltos por todo el escenario y a girar velozmente y al fin se acabó deteniendo colocando una pierna arrodillada, la otra apoyada sobre la planta del pie y los brazos abiertos mostrando una sonrisa de infinita felicidad.

-Alvarez -dijo el director-, ¿de modo que doy la peor noticia del año y tú te alegras y lo celebras de ese modo?

-Reconozco lo malo de la noticia, Leoncio, pero como estamos todo el rato dando un paso atrás y dos adelante me he acordado de que de niño siempre que ocurría un contratiempo sucedían dos o tres cosas que lo compensaban. De modo que vámonos todos a la cantina a celebrar con unas cervezas las buenas noticias que están al caer.

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