30 de septiembre de 2011

El niño que descubrió una conspiración

Dedico este microrrelato, que considero uno  de los 
mejores que he escrito, a SUSANA,
administradora del blog Fantastic WonderLand , 
sin pedirle nada a cambio , sólo porque creo que se merece
que entre tanta gente a la que ayuda, reciba el 
agradecimiento de  alguien que  la sabe frágil pese 
a la fortaleza que demuestra todos los días.
Va por ti, Susi

Luis Rafael García Lorente


Juan, un adolescente de 15 años y Felipe, su hermano de 5, a la espera de que sus padres terminaran de hacer el equipaje para regresar a la ciudad, charlaban frente al fuego de aquella chimenea que solo se encendía en Navidad, cuando la familia pasaba las vacaciones en aquel chalet de montaña, buscando el apacible y solitario ambiente natural.

-¿Y por qué te gusta tanto el libro? -preguntó Felipe.

-Porque te habla de una conspiración secreta en la Historia -respondió el hermano mayor-. De cómo el faraón Akenatón formó una asociación con los mayores sabios de Egipto para hacer posible los viajes hasta el Sol y cómo con el tiempo esa asociación se convirtió en una sociedad secreta que se mantuvo oculta hasta que unos hermanos que eran miembros de ella inventaron los aviones.

Pero lo que no te imaginas, Felipe, es que los ovnis han venido a la Tierra por petición de esta sociedad secreta y lo han conseguido porque Marconi, que inventó la radio y era otro miembro de esa sociedad secreta, en realidad inventó algo mucho más importante pero lo mantuvo de incógnito y fue la radio interplanetaria...

-¡Qué guay! -dijo Felipe

Durante unos instantes, los dos permanecieron en silencio contemplando las llamas, luego Felipe dijo:

-Hace por lo menos un mes que las napolitanas no echan el gusto bueno de antes. Eso es por una conspiración secreta.

-¡Una conspiración! -dijo su hermano sonriendo- ¡No creo! ¿De quién?

-Pues de esa cosa tan buena que va por dentro...

28 de septiembre de 2011

Fuerza Sobrenatural


En la oscuridad de mi alcoba, unos fuertes y rudos brazos me sacaron del sueño y agarrándome del cuello me arrastraron fuera de la cama. Una vez caído en el suelo, recibí patadas, manotazos y empellones hacia uno y otro lado tantos y tan espesos que perdí la cuenta muy pronto. Al final paró el vendaval de golpes y sólo se escuchaba un respirar jadeante y etéreo como si un fantasma estuviera recordando tras su infernal rabieta el momento de sus estertores de muerte.

Lentamente intenté incorporarme y alargar el brazo hasta la vela y los mixtos. Y al extenderse el foco luminoso, allí estaba: la delicada y bella marquesa de V... sentada en el suelo medio asfixiada del esfuerzo y mirándome con ira y resentimiento sólo porque en la tertulia de la tarde había interpretado mi interés por verla sonreír como una vergonzosa declaración de amor delante del conde de H..., su prometido e inminente consorte....

26 de septiembre de 2011

El extraño concurso


El anciano y malvado abogado Arthur Klein, actuando de mano inocente, metió su sarmentosa mano en el cesto y escogió entre los tres papeles arrugados y aplastados, el más apretado, porque le había parecido que había quedado así el que llevaba el nombre de uno de los otros dos niños, mientras que al dueño de la fortuna que él custodiaba hasta la mayoría de edad, Edgar Allen, creía recordar que le correspondía la bola que hacía más bulto.

El abogado pasó al presentador del programa la bola de papel. El presentador la desplegó y dijo en voz alta:

-Y el ganador de la madre es... ¡Edgar Allen!

El viejo Arthur Klein puso los ojos en blanco y apretó los párpados anticipándose a su ruina económica mientras que el niño de ocho años Edgar Allen saltaba de júbilo levantando su puño en gesto triunfador y de cuando en cuando abrazaba y consolaba con deportividad a los otros dos niños, que metidos sus rostros entre las manos, ocultaban al público sus lágrimas y sollozos. Los asistentes al plató aclamaban al vencedor con aplausos y silbidos. El por tercera vez triple empate en la votación de los telespectadores había tensado sus nervios y ahora, tras la decisión del azar, descargaban su adrenalina produciendo un potentísimo estruendo.

El concurso alcanzaba así su último programa bajo el signo de una cuota de pantalla arrolladora. Muchos concursantes habían sufrido una desesperante decepción pero el triunfo final del monín de Edgar Allen era un buen broche de oro para entusiasmar a la multitudinaria audiencia. Casi pasaron desapercibidas unas imágenes de medio segundo de duración, captadas al final, donde se veía a uno de los dos niños perdedores sentado en un banco del pasillo y llorando fuerte y desconsoladamente...

23 de septiembre de 2011

El Gafe Extraterrestre


Bitácora del nefilim Raniel Menjagüen.

8.46 de la mañana, 11 de septiembre de 2001, día de la era cristiana terrestre. Retorno a la nave nodriza.

Me encamino hacia la nave nodriza situada tras el planeta Neptuno. Finaliza mi misión en el sórdido planeta Tierra. Consistía ésta en hacer calas sobre el grado de racionalidad y equilibrio alcanzados por los seres creados genéticamente a nuestra imagen y semejanza hace 1 millón de años. Anotaré concisa y exhaustivamente lo que me ha sucedido aquí.

Al llegar a la estratosfera, sumergí en la invisibilidad mi vehículo. Estando ya a pocos centenares de metros del suelo, lo dirigí hacia dos altísimos edificios en forma de prisma que hay en una ciudad en la que junto a una bahía se levanta una figura de mujer gigantesca.

Aterricé en el tejado de uno de los edificios mencionados, plegué al máximo mi vehículo y lo dejé allí para acto seguido teletransportarme en primer lugar a la tierra en que los nefilim hicimos aparecer la civilización por primera vez y que acabó llamándose Mesopotamia para hacer allí la primera cala en el espíritu humano.

Llegué a aquella tierra, también llamada Irak, a las doce de la mañana del sábado 8 de septiembre de 2001, allí donde unos vehículos que atravesaban el cielo vertiginosa y ruidosamente lanzaron en mis proximidades unos artefactos que al caer al suelo estallaron y emitieron espantosas llamas.

Corrí en dirección a un monte cercano y me refugié en una cueva. Aproveché entonces para comerme dos bocadillos de proteínas sintéticas y entre la relajación tras el susto de las explosiones, la sensación agradable del estómago satisfecho y el cansancio tras el viaje espacial, me quedé traspuesto y sólo desperté al día siguiente.

A las ocho de la mañana, me metí en el embudo teletransportador y desemboqué en la tierra en que nació Jesús, el hijo de nuestro primordial. Nada más salir del embudo y aparecer junto a un camino, escuché los llantos de muchos niños a bordo de un vehículo a ruedas parado en el que habían sido asesinados una mujer y el que parecía tripular el cacharro. Intenté tranquilizar a aquellos niños hasta que llegaron unos adultos que se encargaron de ellos.

¿Cuál no sería mi asombro cuando vuelto al embudo teletransportador protónico desemboco en una ciudad de aquel mismo país, donde encontré en una ancha avenida nuevamente algunas personas muertas y muchas heridas, presas del pánico? Cuando terminé de atender en lo que pude a toda aquella gente, me metí de nuevo en el embudo protónico y fui teletransportado a otro lugar relativamente cercano donde observé los cadáveres recientes de veinte personas. Poco después el cielo se vio inundado de vehículos aéreos en dirección sur, creo que para seguir exterminando gente.

Cansado de tanto sobresalto, decidí volver a donde había dejado mi vehículo y reposar en su interior viendo durante un número indefinido de horas unas imágenes curiosas y animadas del mundo real que llegaban a través de ondas. Curiosamente, al menos durante el tiempo y en la sintonía en que yo las capté, no eran otra cosa que representaciones artísticas y ficticias del mundo real.

Aquellas imágenes representaban muertes violentas sin parar, eran el condimento esencial de ellas. Había dos cosas que no faltaron nunca a lo largo de todas aquellas horas que pasé embelesado estudiándolas: música delicuescente y muertes violentas. Serían las siete de la mañana del 11 de septiembre cuando, habiéndoseme acabado el agua, decidí salir a buscarla a un lugar de aprovisionamiento llamado Supermercado.

Me teletransporté a la entrada de uno de ellos y al instante fui empujado desde el exterior por un individuo con un arma que disparó contra la única persona que había allí aparte de mí. Abrió el cajón junto al que había estado de pie la persona asesinada, sacó tres papeles y unos metales circulares de muy mala calidad y sonriendo de oreja a oreja se marchó.

De esta acción he extraído la conclusión final, sin más calas, de que en la Tierra ahora matar y causar sufrimiento es un juego porque no me puedo imaginar porque no soy tan imbécil que aquellos círculos metálicos y aquellos tres trozos de papel valgan más o ni siquiera el equivalente de una vida humana. Como he pensado que para aquel cadáver también matar a sus semejantes habrá sido solaz y pasatiempo en vida, no he sentido pena por él, me he apropiado de un par de recipientes con agua para el viaje hasta la nave nodriza, me he teletransportado hasta mi vehículo y lo he preparado para la travesía interplanetaria.

Era pleno día cuando despegué. Alejándome ya rápidamente del tejado del edificio he visto acercándose desde la lejanía un vehículo aéreo de ellos a poca altura. Entonces en rápido acelerón hacia la estratosfera me he puesto a pensar que por la tecnología que demuestran sus aeronaves, no debemos temer la irrupción de estos canallas en otros planetas habitados pues, al ritmo que van, cuando sea la hora de que lo consigan por sí mismos, ya hará muchos siglos que habrán desaparecido todos.

22 de septiembre de 2011

[EL BLOG DE SUSANA]





Os quiero recomendar un blog de una persona muy especial, una mujer de gran carácter y muy trabajadora, Susana. Lo recomiendo porque es el blog de mi mejor amiga pero también porque es un buen blog. A parte de su contenido extraordinariamente lúdico con sus reseñas a tres bandas (cine fantástico, literatura y música), tiene la cualidad altamente meritoria de ser un diseño original de la propia Susana, tarea nada fácil y que entraña mucho trabajo y horas de dedicación hasta que se ve culminada. Es un blog donde asistirás a muchas campañas, concursos y actividades y nunca estarás aburrid@. Por si esto no fuera suficiente, has de saber que sus reseñas son valoradas en otros medios. No os lo perdáis se llama Fantastic WonderLand .

Mi saludo lleno de cariño desde aquí, Susi.

21 de septiembre de 2011

El Banquete


Bartolomé, cura párroco de Valvinagre, fue invitado a un banquete de Primera Comunión por uno de los habitantes del pueblo, gran propietario de tierras, casi todas ellas dedicadas a los cítricos. Este hombre, llamado Gonzalo Fabes, quería que su hijo mayor, de 17 años, tuviera un puesto, asegurado de por vida a ser posible, en el Ayuntamiento del pueblo y cuidaba hasta el más mínimo detalle para tener contento al padre Bartolomé, que era tío del alcalde electo.

Cuando Gonzalo Fabes vio al Padre Bartolomé acomodado ya en su asiento, se dirigió al propietario del restaurante y, señalándole al Padre con disimulo para no ser advertido por nadie, le encomendó muy encarecidamente que no le faltara de nada, que todos los platos le llegaran a tiempo y que para empezar comenzasen ya a colocar delante de él los manjares asiáticos que le había encargado con un año de antelación para que hubiera con qué regalar el paladar del Padre especialmente educado en su época de misionero.

El Padre Bartolomé, que conocía aquellas exquisiteces gastronómicas que le llevaban, no salía de su asombro pero por no tener el gesto maleducado de comenzar a comer sin que se hubiesen acomodado todos los demás invitados, tuvo que reprimir sus apremiantes deseos de devorarlas.

Entonces llegó Pascual Martínez, primo de Gonzalo Fabes, con su esposa y sus 9 hijos.

-Venga, nenes, todos juntos, uno a continuación del otro -ordenó su esposa a sus hijos.

Una vez sentados todos ellos en asientos contiguos menos uno de los mayores, que ya tenía bozo, como el lugar en el que tenía que sentarse estaba ocupado por el Padre Bartolomé, que se moría de ganas de agarrar aquella gordita tarántula camboyana, el adolescente, que era ingenuo y de poco mundo, le dijo:

-Padre Bartolomé, ¿me hace el favor de correrse a la silla de al lado para que yo pueda estar junto a mis hermanos?

Al sacerdote se le puso el paleoencéfalo en estado de ebullición al comprobar la mala educación de aquel niñato al que se veía obligado a obedecer, perdiendo así la posibilidad de siquiera probar aquellas exquisiteces. Se levantó entonces y dio unas palmadas en la cara al muchacho mientras le decía un poco entre dientes:

-Claro que sí niño, claro, claro.

El muchacho se llevo su mano a la mejilla, abofeteada más que acariciada, por el dolor que le había dejado, se sentó en la mesa y, cogiendo la tarántula, que creía que era de pega, se la lanzó a uno de sus hermanos y acabó en el suelo pisada por un invitado que casi resbala por ello. A continuación tomó un huevo que había en un plato con unos caracteres chinos y al intentar abrirlo para comérselo con un espolvoreo de sal porque creía que era un huevo pasado por agua se derramó su maloliente contenido porque era un huevo podrido, manjar de prestigio en China.

-¡Qué asco! -dijo el adolescente a sus hermanos-. ¡Un huevo podrido! ¡Qué mal olor! Ven, ven, Marcelo, pasa la lengua por el mantel y verás qué rico.

-¡Uagg! -balbuceó Marcelo-. Prefiero comerme un lapo caído en el inodoro...

El Padre Bartolomé estaba rojo del sufrimiento que le causaban las acciones y palabras de aquellos niñatos.

Luego el niño cogió una hoja de lechuga de un plato y debajo encontró varios gusanos vivos, delicioso manjar en Asia, pero que al niño le produjeron arcadas y tuvo que correr hacia el escusado.

Su hermano Marcelo quiso probar por último la chuleta que había junto al plato de gusanos.

-¡Uaggs! Esto echa gusto a perros muertos -dijo y lo pasó al hermano que tenía al lado pero como éste tampoco lo quería, de mano en mano, acabó en las de su padre, Pascual Martínez, que, no atento a qué tipo extraño de carne era, lo embuchó con velocidad.

Toda esta escena fue observada por Gonzalo Fabes, que hervía de indignación viendo a su primo, el criador de cerdos, al que consideraba tonto de capirote comiéndose tan a gusto el perro al horno o, desde otro punto de vista, el futuro de su hijo, como si fuera pollo asado. Pero por desgracia aquel era un festín de buena voluntad y no podía quitarle a uno para dárselo a otro por que sería de mala educación.

19 de septiembre de 2011

Meme uno/una



Debo este meme a Susana, amiga cardiaca, compañera sempitena, bondadosa, íntegra y valerosa dama,  metalera tempestad de acción en ser humano y prodigiosa administradora del blog Fantastic WonderLand , mujer que cuenta con un inaudito talento y un humor que te cagas... con perdón.

Se lo otorgo a todos los seguidores de La Casa Agramatical que tengan un blog.

PREGUNTAS:
Una canción-Una Paloma Blanca WoO 158a/nº19 de Beethoven
Una canción que te haga llorar- El Bardo Errante WoO 157/nº11 de Beethoven
Un grupo-Amon Amarth
Un dúo-Leonora y Florestán
Un video-Mono listo versus Monolito en 2001, Odisea en el Espacio.
Un solista-D. Barenboim
Un animal-Yo
Un color-El marrón
Una sensación-La primavera
Un calzado-Zapatillas
Una foto: http://2.bp.blogspot.com/-RSazIsl2VF8/Tnd7hLV3IeI/AAAAAAAACtw/9Ja1GlC-8Xw/s320/imagenes-de-borrachos-accidentes.jpg

Un deseo: Que el Universo deje de tener esa ley tan desagradable de la entropia que dice que todo va a peor, si lo deseamos todos juntos quizá las autoridades hagan algo, no sé...
Una pesadilla: Zapatero ganando otra vez las elecciones.
Un sabor: el escabeche, ¿pasa algo?
Un olor: la chamusquina
Una joya: Mi ejemplar de la novela Guerra y Paz íntegra, no por lo que me costó sino por lo que me gustó leerla.
Un regalo: las descargas de Internet
Un juego: el frontón
Un viaje: el de retorno al paraíso
Una noche inolvidable: ¡Bah!
Una telenovela: El Conde de Montecristo de hace 38 años aprox de TVE.
Una película: Senderos de Gloria
Un libro independiente: Todavía no conozco muchos
Un cantante actor: Plácido Domingo
Una cantante actriz: Ainoa Arteta
Un escritor: ¿Qué es eso?
Un nombre: de hombre Ludwig y de mujer Dulcinea
Un número: el que hace mi madre a veces para conseguir lo que quiere
Una amiga: Gloria Zúñiga
Un amigo: Jose Antonio Bascuñana Coll
Un dibujito de televisión: Heidi
Un programa de televisión: Tensión, una serie de terror de mi infancia
Un cocinero: Yo
Un lugar para vivir: el cuarto de estar o living room
Una bebida: agua
Un chico: mi sobrino
Un día muy feliz: me parece que todavía no lo he tenido





El loco que hablaba claro


Ramiro Hierro se despertó un buen día tan nervioso que cada rincón de la casa recibía su visita cada dos minutos. Lo primero que le dijo a su esposa la dejó estupefacta:

-Encarna, que me he vuelto loco, mira a ver si puedes engrasar el eje de las ruedas delanteras.

Encarna dijo a su marido que se vistiera para salir a la calle y en cuestión de un cuarto de hora llegaron al Hospital. Los médicos dictaminaron que debía ir a la consulta de un psiquiatra. Al día siguiente acudieron a una.

Como comienzo de la consulta, el doctor preguntó a Ramiro Hierro su nombre:

-Bartolín -contestó él mientras su esposa suspiraba y bajaba la cabeza muy apenada.

-¿Hay algo que te preocupe, Bartolín? -preguntó el psiquiatra.

-El eje de las ruedas delanteras lo tengo mal engrasado. Si me lo hubieran arreglado, no tendría que ir de médico en médico ahora.

-Ramiro, o Bartolín, escúcheme: usted no tiene eje de ruedas delantero.

-Ya lo sé -contestó Bartolín- de lo que hablo es de mi coche.

-Aaaaah, ahora comprendo... Por favor, Bartolín, sal fuera a jugar un rato con las revistas...

Bartolín obedeció.

-Señora Encarnación -dijo entonces el doctor-, su marido tiene una gravísima y muy documentada enfermedad: está chalado, majareta. Pierda toda esperanza, acostúmbrese a ésta carga. Mi muy sentido pésame.

Encarna decidió pedir opinión a otro profesional con más prestigio. Cuando entraron en su consulta y vieron a un hombre circunspecto y vestido con uniforme de oficial francés del XIX y sentado de modo informal tras la mesa, Encarna preguntó:

-¿Dónde está el doctor, guapito?

-Señora, soy yo -contestó el disfrazado-, aunque me vea vestido de militar. Compréndalo, estamos en tiempo de guerra y... -el doctor asintió varias veces seguidas con la cabeza levantando los ojos hacia arriba indicando resignación- me he alistado en el ejército.

Encarnación decidió desde ese momento no prestar atención al diagnóstico que le hiciera a su marido semejante regadera, pero por buena educación esperó hasta el final.

-¿Y bien, mi querido amigo Bartolín -dijo el doctor en un momento determinado de la consulta- ¿Usted cree que todo el problema reside en que no ha engrasado el eje de las ruedas delanteras de su coche? ¿Así de sencillo?

-Pues sí -contestó Bartolín.

El psiquiatra bonapartista volvió su rostro a la esposa de Bartolín y mostrándose admirado por el comportamiento de ella, como si fuera de lo más ilógico, le dijo:

-Pero, señora mía, ¿y cómo no ha llevado antes el coche al taller?

Cuando conducía ella de vuelta de la consulta, bastante escamada con todos los psiquiatras del mundo, notó algunos trastornos en el funcionamiento del automóvil y entró en un taller. Los mecánicos comprobaron que el problema era que le faltaba aceite al eje delantero, a continuación lo engrasaron y le pidieron que pasara por caja.

-Según tú -dijo cuando salían del taller Encarna a Bartolín-, ya te deberías haber curado de tu locura porque el eje delantero ya está engrasado.

-¡Qué tonterías dices, Encarna! -dijo Bartolín.

-¿Tonterías, Bartolín?

-Mira te aseguro que no estoy loco y que me la repanfinfla el eje delantero o el trasero y te pido por favor que no me llames más Bartolín, joder, que mi nombre es Ramiro Hierro Alcocer y no quiero cambiarlo...

16 de septiembre de 2011

Hambre


-Siento aguarles la cena -dijo el doctor Mattheus- pero mientras nosotros devoramos con apetito los suculentos alimentos que están dispuestos en esta larga mesa. Hay personas que están pasando hambre.

-Mais monsieur -dijo el francés Pierre Dubois-, estamos en el siglo XV después del Gran Computador, ya no existe la injusticia social, está usted siendo demasiado crítico con nosotros... Ya no hay ninguna persona que pase hambre en el mundo.

A esto respondió Mattheus:

-Pues sí que la hay porque he dejado a mi mujer encerrada en el cuarto de baño con sólo una galleta porque ya está demasiado gorda...

14 de septiembre de 2011

La Impaciencia de Abelardo

Abelardo Pérez Celaya, el presidente de un pequeño país democrático con un gobierno socialista, hubo de recibir durante su mandato a Pedro Nolasco Ramírez presidente de un país muy influyente. Pedro Nolasco Ramírez era un neoconservador, devoto de San Francisco de Asís pero con muy mala entraña. Sufría sudores fríos de vez en cuando, acosado por visiones del infierno al que le llevaba un objeto volador extraterrestre. Los médicos atribuían estos padecimientos al estreñimiento y al consumo excesivo de galletas de sal, con el que quería imitar a Bush hijo, que se atragantó con una de ellas.

A pesar de que expropió las tierras de cinco mil campesinos para especular con la banana, con lo que los condenó a la mendicidad o a trabajar en sus propias tierras con un sueldo de esclavo, cada vez que oía la palabra marxismo hacía pucheros y soltaba las lágrimas si había alguien mirando y afectaba sufrir mucho por todas esas almas que iban a encontrar la perdición eterna por vivir en pueblos con gobiernos de izquierdas.

Cuando el socialista Abelardo Pérez Celaya llegó al aeropuerto para dar la bienvenida a Pedro Nolasco Ramírez, fue abordado por dos agentes de inteligencia del país del visitante.

-¡Mi país es independiente, ustedes están violando las normas internacionales! ¡Apártense de mi camino o serán arrestados!

-Son los deseos de nuestro presidente, señor. Le tenemos que registrar o nuestro presidente no bajará del avión.

Abelardo Pérez, si ya odiaba a Ramírez, tras este nuevo detalle sintió deseos de asesinarlo a navajazos. Pero se dejó registrar porque comprendía que si mantenía unas buenas relaciones con el país de aquel individuo cuyo avión estaba ya entrando en la pista de aterrizaje, daría a su propio país una estabilidad de la que estaba urgentemente necesitado.

Pasado el control y lleno de indignación se dirigió al lugar donde aguardaban los miembros de su gobierno, que habían llegado antes, no sin antes echar mano instintivamente a sus bolsillos y descubrir que los cacheadores le habían robado la cartera. En ese momento lanzó un alarido de indignación pero los agentes habían ya hecho mutis por el foro.

-¿Se han llevado documentos que le comprometan, Presidente? -dijo su vicesecretario.

-¡Se han llevado todo el dinero que he sacado del cajero automático esta mañana! ¿Le parece poco?

12 de septiembre de 2011

Atrás y adelante

Las bailarinas y bailarines de grupo de ballet al completo ensayaban ahora obedeciendo las indicaciones de Leoncio Cuesta, el director y coreógrafo:

-¡Vamos! Atrás, adelante-adelante. Atrás, adelante-adelante. ¡Seguid! ¡Seguid...! Tengo que daros una mala noticia; el contrato para actuar en La Habana no ha cuajado, dicen que tal vez el año que viene pero yo sé lo que significa ese tal vez...

Emilio Alvarez, uno de los bailarines secundarios, conocido por su carácter excéntrico, dejando al resto del grupo seguir con los movimientos que le indicaba el coreógrafo, comenzó entonces a dar gráciles saltos por todo el escenario y a girar velozmente y al fin se acabó deteniendo colocando una pierna arrodillada, la otra apoyada sobre la planta del pie y los brazos abiertos mostrando una sonrisa de infinita felicidad.

-Alvarez -dijo el director-, ¿de modo que doy la peor noticia del año y tú te alegras y lo celebras de ese modo?

-Reconozco lo malo de la noticia, Leoncio, pero como estamos todo el rato dando un paso atrás y dos adelante me he acordado de que de niño siempre que ocurría un contratiempo sucedían dos o tres cosas que lo compensaban. De modo que vámonos todos a la cantina a celebrar con unas cervezas las buenas noticias que están al caer.

9 de septiembre de 2011

Sentimientos burgueses


El capitalista ya yacía muerto entre unos hierbajos a la orilla del camino. Los dos guerrilleros huían a través del monte corriendo sin detenerse. De pronto el que llevaba el abrigo del hombre asesinado como botín dio un silbido al otro para que se detuviera y ambos pararon. Cuando el guerrillero del abrigo recuperó el resuello, le dijo al otro con gran alegría:

-¿Cómo te sientes? Satisfecho por el deber cumplido, ¿no?

-Sí -dijo el otro- pero yo lo diría de otra forma porque es una emoción que no se expresa bien con las palabras de todos los días. Quisiera que mi boca fuera tal como la de un poeta. No sé, es algo bello y delicado. Es como husmear el aroma de las flores en primavera bajo un dorado amanecer...

Un único disparo contra su frente hizo que cesara su discurso y su vida a un tiempo.

El del abrigo, antes de lanzarse nueva y precipitadamente a la carrera, exclamó mirando al cadáver de su amigo  tras quitarle el reloj de la muñeca:

-¡Eso por aburguesarte, mariconzón!

7 de septiembre de 2011

Suspicacia


Como era su costumbre aprovechó su hora libre de la mañana para leer la prensa en la Biblioteca Municipal, que estaba justo al lado del colegio donde daba las clases. Estaba leyendo un artículo sobre la corrupción política cuando levantó la mirada y vio a un hombre que le miraba fijamente en el asiento de enfrente.

Como no llevaba libro o periódico o cualquier otro objeto con el que pudiera hacer algo en aquel lugar, comprendió que su propósito era hablar con él.

No -se dijo-, no seré yo el primero que rompa el silencio. Esa mirada suya perspicaz demuestra que sabe algunas cosas acerca de mí, sería estúpido por mi parte decir nada que ayude a aparentar que no estoy advertido de ello, pues su irónica sonrisa se ampliaría todavía más: sabe que sé que sabe. He suspendido al hijo de aquel encanto, sí, por eso ha venido. Debe ser su marido. Pero si cree que me va a hacer confesar que hay relación entre una cosa y otra, se equivoca. Ya podrías dejar esa sonrisita estúpida, imbécil. Que te hayas casado con mi amor del Instituto no te hace superior a mí. En cuanto a tu hijo... debería decírtelo a la cara: va a sudar sangre si quiere que lo apruebe. Ese crío se parece como una gota de agua a otra a aquel primo que tenía... Sí, Eduardo, ¡qué tío más bobo! Aquella vez que lo intenté por primera vez con ella me dijo que me fuera con viento fresco. ¿Pero es que era él el dueño de ella? Menos mal que aquella otra vez estaba entretenido con una colección de cómics que le trajo aquel día su amigo Abelardo. Ella, esta vez sí, me dio su primer beso. Veo que tu sonrisa se comienza a apagar; has adivinado lo que estoy pensando. Seguro que me sigue queriendo, seguro. Eres su marido, vives a su lado, sabes de lo que habla cuando se apaga la luz, pero su alma no la conoces. Acabará volviendo conmigo... ¿Otra vez esa sonrisa? Parece como si conociera todos los detalles de mi pensamiento. Sí, es cierto, lo he suspendido injustamente. ¿Algo más? ¿Por qué sigues sonriendo?

El Profesor se levanto de su asiento y gritó encolerizado a aquel hombre:

-¡Eso es mentira! ¡No la robé! ¡Los cogí pero se los pensaba devolver! ¡Ella no quería hacerlo sin preservativos y yo me había gastado el dinero en droga, imbécil!

Pero el hombre no contestó y una mujer que estaba de espaldas tras él se volvió de repente y le dijo:

-Venga, Quique, no molestes a este señor, que está leyendo el periódico. Sabes que tienes que ir sólo por donde yo vaya.

Quique entornó los ojos y emitió un llanto ruidoso e infantil. Ella sonrió al profesor con una expresión que quería decir: "¿Qué le vamos a hacer? Al menos tiene un gran corazón."

5 de septiembre de 2011

La República Glosemática

Durante los primeros siglos del tercer milenio después del Gran Computador, el planeta estaba repartido en dos grandes bloques de influencia. El primero pertenecía al mundo libre y el segundo a la autodenominada República Popular Glosemática, que negaba licitud y existencia a todo aquello de lo que no se podía hablar.

En la República Glosemática a cada persona se la denominaba con el número que tenía en el censo nacional. Eso era en teoría, porque en la práctica se usaban abreviaturas para llamarse entre sí coloquialmente: Dosi, Tresmi, Cuatroci, etc... Al hecho de unirse dos personas se le denominaba biunivocar porque unía dos elementos biunívocamente. Pero el amor estaba prohibido en esa república; en realidad, se consideraba que no existía. Ello era debido al hecho de que los sentimientos no pueden expresarse con palabras porque pertenecen al individuo y el lenguaje es incapaz de transcender objetivamente hablando lo colectivo y convencional. El Arte sin embargo estaba bien considerado y según figuraba en la Constitución del Estado, era una herramienta para entretener y adoctrinar a la masa social.

4.727.836.332 era uno de esos artistas. Cierto día estaba intentando pintar un cuadro que explicara de forma simple para que lo pudiera entender el pueblo por qué la chica que hacía de modelo era útil a la República y para qué le servía a ella serlo.

Su mente intentaba llegar a la solución de estos problemas pero tenía que luchar al mismo tiempo contra una serie de sensaciones antihigiénicas que le perturbaban y que eran causadas por aquella muchacha. Sabía de sobra lo que el Estado dictaba que había que hacer con las sensaciones antihigiénicas que surgían cuando un hombre y una mujer las experimentaban sin importar de quiénes se tratara o qué relación tuvieran: aparearse y después separarse para siempre.

Finalmente, Cuatromil, pese a que una extraña voz le intentaba disuadir de hacerlo, dejó su pincel sobre la mesa y con toda naturalidad se acercó a la muchacha para pedirle que se desnudara y le acompañara hasta su cama. Pero, cuando llegó a su lado, aquella voz interior volvió a importunarle. Al mirarla a los ojos, se había quedado mudo; algo había en la expresión de aquellos ojos, en sus pestañas, en su boca y en todas las partes de su armoniosa belleza que le inspiraba infinito afecto.

Cuatro mil quiso mostrar ternura , pero no sabía cómo hacerlo fuera de la que se recomendaba manifestar con los miembros de la autoridad, por eso le preguntó lo que más frecuentemente solían preguntar los domingueros a los guardias que vigilaban las calles:

-¿Cómo te llamas?

-Cinco mil seiscientos ochenta millones, trescientos veintitrés mil cuarenta.

-Un número muy bonito -dijo él.

Los ojos de Cinco mil se enturbiaron y Cuatro mil, temiendo haber despertado su odio, sintió una gran perturbación y dijo para resolver el problema en términos de transacción comercial:

-Un momento, te voy a dar doce millones de puntos para el cine, ya buscaré yo otros para mí aunque últimamente estoy demasiado ocupado para...

-Tenemos que aparearnos -interrumpió ella de pronto, triste y avergonzada por sus emociones antihigiénicas.

Sin saber lo que hacía, él comenzó a besarla. Al separarse, ambos dijeron la misma frase al mismo tiempo:

-¿Qué es ésto...?

-Te quiero, cinco mil -dijo él entonces-, he sentido que tus ojos observaban hasta lo más profundo y escondido de mi mente.

Algo le hizo intuir entonces a Cuatro mil que lo que le estaba pasando transgredía menos la Ley de la República si no se entregaban, ahora sí, a hacer el amor. Sin embargo, lo siguiente que hicieron fue eso...

2 de septiembre de 2011

Las Dos Últimas Frases

El anciano agonizante despertó en la UVI. Abrió unos ojos desorbitados para orientarse en medio de su confusión. Al final, dentro de sí comprendió la importancia de lo que le estaba ocurriendo y, cuando se percató de la presencia del doctor, lo expresó así:

-Todo es un enigma, nunca vemos la luz...

-¿Qué quiere decir? -preguntó el doctor.

Pero el anciano dio una sacudida, probablemente afectado por el dolor de un ataque cardíaco y, quizá con las facultades mentales mermadas debido a la falta de riego sanguíneo, quizá acudiendo a las imágenes más familiares que pudo encontrar en el momento del tránsito, añadió:

-Lo importante en el deporte es participar...

Tras una nueva sacudida expiró.