12 de agosto de 2011

Los Besos

-Cuando estaba con toda esa gente que reía y bebía a mi alrededor, que contaban historias divertidas y daban la impresión de no estar nunca tristes ni tener problema alguno, qué feliz he sido. Casi no me podía creer que iba a volver a sentir la amargura de la soledad y el dolor por la propia insignificancia. Morir no debe ser tan triste cuando lo haces junto a alguien que te quiere de verdad. Pero ese no es mi caso. A mí sólo me han querido para pasar el rato, para divertirse, como un colega que les ayuda a pasárselo algo mejor. Por un momento he creído que no era así. Una chica me ha cogido y en una zona solitaria me ha besado en la boca. Luego he ido a todas partes con ella e incluso ha vuelto a besarme varias veces y en público. Pero después de un tiempo se ha cansado de mí y me ha dejado. Luego la he visto con su auténtico novio. A él lo besa de otra manera. Y lo mira con más gravedad que a mí. Al final todos se han ido. Todos tenían su pareja, no se marchaba nadie sólo, excepto yo. Yo, que todavía recordaba la dulzura de esos labios falsos. La dueña de la casa me ha echado fuera y entonces sí que he comprendido que no son problemas míos, que real y verdaderamente no valgo nada para nadie. ¡Y ahora es un vacío muy grande el que siento!

-Todos nosotros nos sentimos igual en este contenedor de vidrio, pero no es para que te lo tomes tan a pecho, algunos de nosotros no hemos tenido ni la suerte de un beso... Yo, para decir la verdad, sí, pero fue de un hombre, maravilloso por cierto...

-Uaggg.

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