5 de agosto de 2011

Extraña Escena en la Polinesia

Actas de las VIII Jornadas de Antropología de Ontario (Canadá). Tercera jornada, cuarta ponencia: "Sadismo intimidador en la Polinesia" por el profesor Fortunato Malhadado.

-En las islas Masocoa y Sadosado habitan alegres aborígenes con una cultura peculiar especialmente en lo referente al cortejo nupcial. Sobre este último punto tengo bastante información recabada sobre todo en la segunda de las islas mencionadas.

"Un día me encontraba yo a la tupida sombra de un árbol descansando mi cuerpo tras la dura excursión a un monte sagrado donde se hace un extraño ritual.

Leía un libro que había llevado en la mano y cuando levanté la mirada, vi pasar a unas decenas de metros a un muchacho. No llevaba mucho tiempo con mis ojos puestos de nuevo en el libro cuando vi una muchacha de agradable aspecto aproximarse por detrás con una vara de madera con la que asestó al muchacho tan descomunal bastonazo que cayó de bruces sobre la hierba. Acto seguido la bella muchacha arremetió contra él a patadas y puñetazos en diversas partes de su ya maltrecho cuerpo mientras le soltaba todo tipo de exabruptos y obscenidades que en los castos oídos del mozuelo quizá le producirían un dolor no menos intenso que el de los golpes.

"Finalmente cesó la violencia de la joven, que volvió boca arriba al muchacho y le dio primero mil besos, luego cien y luego otros mil...

"Al día siguiente se celebraron unas nupcias por todo lo alto y quedé tan atónito que estuve a punto de asentar mi trasero sobre una de las fogatas ceremoniales cuando comprobé que la pareja de novios era precisamente la formada por el muchacho y la muchacha de la escena de la víspera.

"El muchacho presentaba una mirada algo hostil y huidiza y la muchacha un rostro satisfecho y feliz. Iban agarrados de la mano. Los dedos de la muchacha pude advertir cómo se clavaban con fuerza en el dorso de la mano de su acompañante, que hizo más de una intentona para desasirse. La ceremonia alcanzó su remate y ambos fueron conducidos a su nuevo hogar.

"Este hecho me demuestra el extraño arraigo en los habitantes de la pequeña isla de una cultura del sadismo femenino como elemento disuasor de la disensión masculina en una estructuración social plenamente matriarcal..."

Es aquí cuando se produce una interesante interrupción cuando un individuo de piel aceitunada que está entre el público se levanta de su asiento y dice:

-Yo muchacho aquel, yo casar entonces. Pegar no ser costumbre mujeres. Mujer mía sólo.

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