8 de agosto de 2011

El Scrabble

El general Ballesta estaba pasando una tarde de domingo monótona. Su esposa estaba de viaje y sus hijos viendo una película sobre una revolución comunista en el cine. Para colmo la tele no funcionaba porque el Director Provincial de Tecnologías Avanzadas no había encontrado un técnico para que arreglara el repetidor.

Lo que le hubiera gustado de verdad aquella tarde hubiera sido sofocar una revuelta y que sus hombres acabaran con diez o doce de aquellos incómodos miembros de la resistencia acogiéndose al derecho a la defensa propia. Pero en las calles había la misma tranquilidad mortecina que allí dentro. Aquello parecía una confabulación para matarlo de aburrimiento.

De pronto se alumbró en su mente lo inusitado y peregrino de una ambiciosa aunque pequeña empresa: haría con las piezas del scrabble un crucigrama cuadrado de 10 casillas de lado y pondría la dificultad añadida de que todas las palabras tendrían relación con la dictadura del proletariado, la guerra revolucionaria y la muerte de los capitalistas.

Volcó sobre la mesa del comedor todas las piezas y puso la primera palabra: COMANDANTE. La empresa siguió avanzando a buen ritmo con la excepción de algunos tropiezos con grupos de letras que eran impronunciables o no tenían significado en sentido horizontal o vertical y que le supusieron un considerable retraso. Pero su orgullo vio satisfecho tamaño esfuerzo cuando las 100 casillas estuvieron ordenadas y llenas de referencias al paternal y bondadoso régimen comunista. Sin esperar un instante fue a buscar con alegría su antigua cámara de flash para inmortalizar el resultado de su privilegiada habilidad.

Sin embargo, con un ojo ya en el objetivo de la cámara vio algo que le asombró y disgustó tanto que tuvo que comprobarlo varias veces intentando descubrir una ilusión óptica o cualquier otro tipo de error. Pero allí había lo que había, se pusiera como se pusiera: la palabra DEMOCRACIA formando una diagonal de vértice a vértice del crucigrama.

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