26 de agosto de 2011

El Parado


-Te lo pido, por favor, Juan; deja de hacer crucigramas, de limpiarle el polvo a tu colección de pipas, de pasarte horas mirando por la ventana, de ir detrás de mí a cada momento para practicar el sexo y busca trabajo si te queda un poco de orgullo. Estoy harta de tu autocompasión, harta de sentir que tengo por marido a un jodido masoquista. O cambias radicalmente o tendremos que separarnos.

Juan estaba ya mediodormido y vuelto de espaldas a su esposa pero casi sin mover la boca pudo llegar a contestar:

-Entiendo que estés cansada de mi masoquismo pero no puedo cambiar de la noche a la mañana; necesito tiempo para aprender a hacer pupita.

-¡Qué cerdo eres...!

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