31 de agosto de 2011

Cajas de Cartón

Una vez, durante una visita a un hospital donde mi tío recibía tratamiento por gastroenteritis, vi a un enfermo que compartía con él la habitación y que, al parecer, obtenía el alta ese mismo día. No necesité mirarlo muy detenidamente para darme cuenta de que era un anciano muy bajo de estatura y de comportamiento algo fuera de lugar en una persona de su edad.

Pero, al poco, llegó una chica de aspecto muy agradable con una enorme caja de cartón, que dejó en el suelo para dar un abrazo cariñoso al anciano acompañado de muchos besos sonoros.

-¡Qué nieta más guapa tiene! -le cuchicheé a mi tío.

-No es su nieta -me contestó él.

-¿Entonces es su hija? -le dije yo con cierto tono de incredulidad.

-Cuando te diga lo que es, no te lo vas a creer -me respondió mi tío.

Yo agité la cabeza sorprendido por lo que anticipaba que me iba a revelar:

-El que dijo que el Amor es ciego no se equivocó nada -dije.

-Quizá, pero no es su pareja sino su madre. Es un niño con progeria.

El "niño viejo" se precipitó hacia la gran caja que había traído su madre. La abrió con impaciencia y descubrió que dentro había otra igual pero más pequeña. Repitió la operación y se repitió el resultado. Finalmente abrió una última caja y dio con una pequeña llave metálica.

-¡Ahahá! -exclamó la mujer. Y esta es la llave de tu maleta porque nos vamos de viaje... ¡a Disneylandia en Estados Unidos! -y abrazó a su hijo, que, según me dijo después mi tío, apenas tenía cuatro años pero problemas de reformas en las instalaciones del hospital habían impedido que fuera destinado a una habitación para niños.

Al cabo de un tiempo de tenerle abrazado, la madre lo miró con señales de cierta preocupación en su rostro y le preguntó:

-¿Qué pasa, es que no quieres ir?

-Sí, claro.

-Entonces, ¿por qué no estás contento?

El niño agachó la cabeza muy seriamente como para pararse a reflexionar y después la levantó y contestó:

-Es que yo quiero un regalito de cajas como éste pero que tenga muchas más cajitas, que tenga más de un millón y que nunca termine de abrirlas todas.

5 comentarios:

  1. Hola, es en verdad un relato de una intensa dulzura, primero recordé a Benjamin Button y luego ese ansia de absoluto que nos habita, me ha encantado, cariños.

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  2. Ufa, soy flama, pero debo hacer algo mal, porque salgo con otro nick, bueno, chau.

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  3. La ilusión de los niños no es hacer un gran viaje al país de las ilusiones, lo sencillo de unas cajas de cartón les hace revivir y soñar mientras las están abriendo. Un relato corto pero con un gran mensaje en su interior.
    Un abrazo

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  4. Flama, una amiga decía en un mensaje de su muro de Facebook que debía resignarse a vivir su existencia limitada y no pedirle más a la vida y yo le contesté esto:
    "En cada sentimiento, aun en los más tristes, está la semilla de un deseo, no debe dolernos sentir, sentir hasta el desgarro o la locura, sólo así descubriremos que el ser humano no tiene límites".

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  5. Wersi, los niños, como no creen saberlo todo del mundo ni necesitan fingir que lo saben, cuando abren un regalo ponen tanta fantasía en su ilusión que cualquier cosa que encuentren dentro de la caja es decepcionante. Los mayores no somos así pero también vamos buscando siempre algo mejor porque lo que conseguimos deja de satisfacernos muy pronto. Un abrazo, Wersi.

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Gracias por su comentario