25 de julio de 2011

La Mía

A la puerta del Juzgado, el agente Paco, policía local, nacido en aquella misma pequeña ciudad, vigilaba aquel día el paso de los concurrentes por el detector de metales. Cuando vio que iba a entrar un amigo de su padre, para evitarle las molestias de pasar por el detector, le dijo:

-Por favor, Ernesto, pase por este lado, sólo faltaba que desconfiara del mejor amigo de mi padre.

Detrás de él, venía un hermano de Ernesto.

-Pase, usted también es de confianza -le dijo.

A continuación esperaba para entrar una rubia espléndida y de formas enloquecedoras que dirigía al policía una provocadora e incitante mirada. La timidez del agente Paco le impidió obligar a aquella atractiva mujer a pasar por el detector pensando que, si lo hacía, iba a sentirse violenta después de presenciar como los dos hombres que la precedían habían recibido un trato de favor por parte del policía.

-Usted también puede pasar -le dijo a la mujer.

La reacción de aquella espectacular mujer le cogió desprevenido. Pasó una de sus delicadas manos por su nuca, le estampó en la boca un beso de propiedades desconocidas para él y entró en el juzgado contoneándose voluptuosamente.

Tras ella venía un joven de la edad del policía al que conocía éste de sobra porque era el hombre que le había quitado su primera novia y se había casado con ella. Este joven, que se llamaba Felipe, le sonreía ligeramente al parecer por buena educación. Pero el agente Paco, al apercibirse de que Felipe entraba sin pasar por el detector de metales siguiendo los pasos de las tres personas anteriores, bramó:

-¡Oiga! ¿Se cree usted que soy tonto? ¡Deje en la canastilla cualquier objeto de metal que porte consigo y pase por el detector.

-Hombre, Paco... -dijo Felipe-, no me cuesta nada hacerlo pero es que nos conocemos del colegio...

-¡Yo soy un policía en acto de servicio y, mientras cumplo con mi deber, no conozco absolutamente a nadie mas que a mis superiores! ¿Comprendido? ¡Pues obedezca y tengamos la fiesta en paz, que no quiero enfadarme esta mañana...!

2 comentarios:

  1. la vida está llena de "enchufismos" no somos todos iguales... incluso el ético de Platón otrogó el mandato de su academia a un familiar en vez de a Aristóteles que era el mejor alumno.

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  2. Perdoname por el pareado, pero en efecto Platón tampoco es santo de mi devoción. Este policía puede ser que fuera de los que gozaran con su tratado político "La República" donde no reglamenta y remonta (para que pierda sentido todo intento posterior de cambio) hasta el principio último de todo la dirección hacia donde hay que mear, y discúlpame, amiga, por el término, porque no estaba más loco. No yo creo que a la vida hay que abrirle paso libremente porque la vida tiene que cambiar constantemente hasta el segundo mismo en que deje de existir, de lo contrario nos encontramos con la parálisis y la muerte, tanto a nivel humano como político. El enchufismo es una forma de parálisis. De todas formas podrás percibir otros temas menos filosóficos y más de tipo psicológico en este mismo cuento.

    Muchísimas gracias por tu comentario, MujeresDesesperadas, un afectuoso saludo.

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