4 de julio de 2011

El Terco

El funcionario de prisiones Convincencio Vélez estaba teniendo un mal día aquel del año 415 después del Gran Computador. Estaba a la entrada del centro penitencial, pidiendo a alguien que había sido condenado a 5 años que fuera tan amable de entrar:

-Casimiro, anda, majo, te han condenado a cinco añitos. No te podemos obligar a que entres en prisión,


pero es tu deber, lo sabes.


Casimiro movía la cabeza de un lado a otro con expresión de estar en completo desacuerdo. Convincencio prosiguió, poniéndole la mano en el hombro:

-Entiéndelo: la justicia, el bien común, la lucha por un mundo mejor, la igualdad, la fraternidad... Si yo hiciera algo mal y no fuera a la cárcel, me sentiría un cobarde, Casimiro. Venga, entra de una vez.

Casimiro, sonriendo de medio lado con escepticismo, hizo un gesto obsceno.


-¡Haz lo que quieras -dijo el funcionario- pero si no entras, no te lo perdonarás nunca! Acuérdate de que te lo he dicho. Todos los que hay aquí te van a odiar. Y no sólo ellos. Te va a odiar todo el mundo. ¿Quieres que la gente te odie, Casimiro?

-¡Me la pela! ¡Que les den por saco! -exclamó Casimiro, volvió la espalda y empezó a alejarse.

Al funcionario Vélez le faltó poco para el infarto, no era el único caso ocurrido en el mundo pero a él era la primera vez que le pasaba. Ver al reo ya muy lejos del centro penitenciario avanzando a través de la llanura, entre hierba, flores y mariposas, con paso firme y orgulloso, casi lo mata.

4 comentarios:

  1. jajajaja se me saltan las lagrimas

    ResponderEliminar
  2. Muy bueno en verdad, pero que terco ese Casimiro…es que acaso no tiene honor? Es que acaso desea ser odiado por todos? Es un horror que existan seres asi.Saludos rientes.

    ResponderEliminar

Gracias por su comentario