20 de julio de 2011

Cuando ellas se hicieron con el poder


En el 789 después del Gran Computador, las mujeres hicieron una sangrienta revolución contra los hombres, cansadas de tanta prepotencia y maltrato masculinos. El "Tribunal de Viudos" fue uno de sus episodios más sanguinarios. Durante una semana y repartidos por todo el mundo, hubo juicios sumarísimos a cerca de 400 millones de viudos. En adelante, los matrimonios entre mujeres y hombres estuvieron bajo la tutela de las policías y las jueces. Dos años después, todavía vigente el dominio femenino en las instituciones del Estado, en un juzgado de guardia de Toulouse se condenó, ay, a la castración en una sola noche a tres hombres.

El primero fue denunciado por una mujer casada como acosador, cuando lo que en realidad quería ella era hacer ostentación de lo irresistible de sus encantos a pesar de sus 50 años. No se pudo demostrar que aquella mujer hubiera sido realmente acosada pero "conociendo a los hombres", dictaminó la juez, "porque todos son iguales" su veredicto fue de culpabilidad.

El segundo hombre fue acusado de violación. La mujer se demostró que todavía era virgen pero entonces se cambió la acusación, con lo que al final se le condenó por hacerle la fea acción a aquella mujer desesperada de no llevársela a la cama.

El tercer hombre había enviudado hacía cuatro días y por ello tenía que pasar los trámites de rigor ante un tribunal. La abogada recitó de carrerilla lo mucho que aquel hombre había hecho por su esposa: él era siempre quien sacaba la basura, hacía las tareas del hogar cuando llegaba del trabajo para que no tuviera que hacerlas ella, preparaba la comida, llevaba a los niños al colegio e iba a traerlos, hacía la compra y cargaba con las bolsas...

Cuando ella iba a dar a luz, la había animado en la sala de partos a respirar, a soltar el aire rítmicamente y a que empujara y cuando los niños eran pequeños, se había levantado siempre él de la cama a calmar su llantera y a darles el biberón. Además de todo esto, si la veía triste, le preguntaba qué ocurría y si quería que hiciera algo por ella...

La juez de guardia observó al acusado con una mirada dura y fría y volviéndose a la fiscal le preguntó:

-¿Ha muerto asesinada o de muerte natural?

-De muerte natural -contestó la fiscal.

La juez dio un toque firme en la mesa con su maza y dictaminó:

-Veredicto de castración inminente.

-¿Pero por qué, señora juez? -preguntó la sensible abogada casi a punto de llorar.

-Este señor -contestó la juez- es un maltratador doméstico. Su mujer ha muerto, sin duda, porque no la dejaba hacer ejercicio.

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