19 de julio de 2011

Aquel hombre loco

Dedico este cuento
a Susana, administradora de
Are You Metal?,
que hoy cumple años.
¡Felicidades!
L.R.G.L.
(19-7-2011)


Tomaba religiosamente su medicación psiquiátrica. Precisamente por eso fue elegido sin ser consciente de ello por una potente internacional farmacéutica para experimentar un tranquilizante especial para fauna salvaje.

Su psiquiatra, que era cómplice, le recetaba la sustancia y una farmacia se la proporcionaba. La dosis que consumía era suficiente para vivir continuadamente apresado en el límite entre el mundo del sueño y el de la realidad. No dormía de noche ni velaba de día. Lo mismo soñaba la realidad que velaba durante sus sueños. De tal manera perdió su cabeza que todo a cuanto aspiraba era capturar a una hada, frecuente protagonista de sus visiones, que le obsesionaba y constituía el acicate de la testarudez de este nunca suficientemente alabado benefactor de zoos.

Primero lógicamente lo intentó dirigiéndose hacia ella e intentando agarrarla. Pero el hada se escabullía siempre por entre los huecos de sus piernas, brazos o dedos.

Más tarde, puso trampas por los sitios por los que la había visto pasar antes, como si fuera un pajarito o un conejo. Pero al hada no parecían, según él concluyó, interesarle los cebos que le colocaba.

Su experiencia le fue haciendo más sabio y al final pensó que no podía capturar al hada porque era mitad materia y mitad espíritu. Habiendo leído cuando tenía uso de razón y aún así sin entender demasiado, que un gato podía morir y no morir al mismo tiempo en el mundo de lo muy pequeño, se dijo que a las hadas sólo se las podía apresar agarrando el aire por donde no estuvieran ellas porque si era a ellas a quienes intentaba agarrar las atrapaba y no al mismo tiempo. Una vez al aparecer el hada de nuevo, se apresuró a coger el aire en la dirección opuesta pero lo que agarró no fue al hada sino a un general viejo y de mirada hosca, con múltiples insignias prendidas en su chaqueta y un bigote moreno sobre su seria boca. Enseguida tiró con asco lejos de sí al militar y sentándose en una acera de la calle comenzó a llorar.

Pero escurrió con un dedo una lágrima, afinó su mirada para obsevarla bien y allí estaba el hada, nadando con gracia en el interior de la gota. Ningún hombre despierto vivió nunca tan feliz como aquel hombre dormido y loco tras saber lo que había en sus lágrimas.

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