29 de julio de 2011

Agradecimiento a un avaro



Te gustaba tan poco dar que, cuando te dije que me dieras tu nombre, me contestaste enfadado:

-¿Dar, io?

De modo que puse en tu expediente Darío, cuando tu verdadero nombre era Donato. Tan avaro fuiste que por no darme tu nombre tuve que dártelo yo y pagar encima con un despido por negligencia en la toma de los datos. Tu nombre era Don Donato Donadoni, buen nombre para un avaro tan grande porque, cuando te llamaban y oías mencionar tantos dones, acudías muy alegre por si los repartían y te tocaba algo.

A pesar de todo, tengo que agradecerte que contraviniendo tu naturaleza, después de ganarme tu amistad, me dieras tu coche, tu casa, tu negocio y hasta tu perro y además que, con lo poco que te quedaba, me compraras un piano, aunque no sé tocarlo, y que, cuando ibas ya a cruzar el umbral de tu puerta y a marcharte sin otra cosa que lo que llevabas puesto para vivir en las frías calles de la ciudad, volviste sobre tus pasos y me diste tu abrigo.

Todo porque leíste el soneto de Quevedo que empieza:

"Quitar codicia, no añadir dinero,
hace ricos los hombres, Casimiro..."

y acaba:

"Descifra las mentiras del tesoro,
pues falta (y es del cielo este lenguaje)
al pobre mucho y al avaro todo."

Lo diste todo de puro avaro, Donato. No me explico y me deja perplejo lo que hiciste. ¿Cómo tú que no prestabas ni tu mechero, pudiste dar crédito a unos versos? No obstante, para demostrarte lo agradecido que estaba a ti, aquella vez que nos encontramos de nuevo en la calle quise darte algo: la razón.

-Hiciste bien -te dije.

Pero ahora me acercas tu lata pidiéndome limosna. Te daría cinco euros pero, como no llevas cambio de diez, ahí van quince céntimos, que es lo único que llevo suelto, pero no los derroches. Por casa va todo bien. Tu perro está tan delgado como cuando tú me lo diste. Sigo tu ejemplo en el intento de enseñarle a no comer. Cada vez está más aullador, no sé lo que tiene con la comida el cabezota. En tu antigua empresa, que ahora presido, todos se preguntan el motivo de tu dantesca decisión y yo les digo que lo diste todo por dar en la locura. Y si yo lo consentí es porque me gusta ser rico y por nada más. Te invitaría a tomar un vaso de leche en casa de no ser porque el frío que hace allí empeoraría tu resfriado. Aquí en la calle estás más calentito. Gracias Donato, campeón de la avaricia y triunfador de todos los escrúpulos humanos.

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