18 de junio de 2011

Vuelta de la depresión


No eran la soledad o los remordimientos de un anciano misántropo lo que venía provocando desde hacía semanas en su espíritu aquellas arcadas de dolor, como cima estéril azotada por el viento y la lluvia, sino la ausencia de un estímulo para seguir viviendo, sentir como desesperantemente vano el tiempo sobre el que navegaban sus baldíos 68 años. Aquella mañana de octubre, bajo un sol tenue, presintió algo terrible y viscoso escondido en los rincones. La amargura de las horas y la angustia del tiempo estancado lo volvieron loco de repente. Quiso acabar pronto y tomó un cuchillo de cocina. Pero cuando estaba a punto de abrirse una cesura en la muñeca, lanzó lejos de sí aquel instrumento, que por cierto era su cuchillo favorito para cortar los embutidos y el jamón, abordado por este repentino pensamiento:

-No es más que una depresión debida a los cambios de temperatura del comienzo del otoño. Si lo hago por algún motivo alguna vez que sea por uno más serio que las bobadas del hombre del tiempo.



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