29 de junio de 2011

SPQR


El invento del SPQR, Superprocesador Quantodisgregador de Realidad, daría al usuario un poder definitivo sobre su entorno. Alberto Caspio probaba su prototipo con una sensación de euforia cercana al delirio, pues estaba comprobando que su proyecto funcionaba al fin con exactitud matemática.

Su invento sólo estaba dirigido a la desintegración de los objetos, pero algún día, sí, confiaba en ello con optimismo, lograría que hiciera aparecer cualquier cosa que a una mente imaginativa le viniera en gana: dinosaurios, extraterrestres, pertegacios, ajarminios... ja, ja. ¡Todo, absolutamente todo!

Volvía al centro de aquella isla de 8 kilómetros de diámetro tras su excursión por las playas que la circundaban. Parecía que habían desaparecido todas las conchas marinas pero no tenía la seguridad absoluta. Así pues, decidió excluir otro parámetro para probar el artefacto. Se sentó de nuevo ante el teclado, eligió el programa SPQR, abrió la ventana "excluir", llevó el cursor hasta el rectángulo y escribió vegetación. Se abrió entonces una ventana secundaria que le preguntaba la "extensión", "ubicación" y "orientación". Escribió 50 x 3 metros en el primer apartado, adyacente en el segundo y Norte-Sur en el tercero.

Tras presionar sobre la tecla Intro hubo un leve crujido y un segundo después apareció frente a él un largo pasillo recto de 3 metros de anchura abierto en medio del frondosísimo bosque totalmente limpio de vegetación. Ni una sola brizna de hierba campeaba en toda su extensión.

Alberto Caspio alzó entonces sus brazos en señal de victoria. Se iba a convertir en uno de los hombres más conocidos y ricos del planeta, pensó con entusiasmo.

Pero no quería marcharse de aquel campo de pruebas sin dejar un recuerdo realmente intrigante para los viajeros que lo visitaran después.

Escribió animales en el rectángulo del parámetro a excluir, 4 kilómetros en el de la extensión, adyacente en el de ubicación y todas las direcciones en el de orientación. Una sonrisa maliciosa sobrevino a su rostro en el momento de poner su dedo índice sobre la tecla Intro.

-Las solteronas de las protectoras de animales van a hacer pucheritos cuando lo sepan -pensaba.

Pero en el segundo siguiente su sonrisa desapareció de su cara y un instante después, el propio Alberto Caspio dejó de verse y de existir.

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