15 de junio de 2011

Petanca o Filosofía


Una tarde estaba solo en el único banco de la plaza de mi pueblo entregado a una profunda meditación. Repasaba el sentido de cada uno de los conceptos puros del entendimiento. Estaba disfrutando tanto con mis pensamientos e intuiciones que sentí cierta decepción al ver aparecer a un vecino. Nos saludamos y empezamos a hablar de nuestras familias. Él comentaba que sus hijos eran desobedientes. Yo, que los míos querían que les obedeciera en todo. Al rato, cuando comenzaba a hacerme bien la terapia verbal, llegó un segundo hombre que nos hizo desviar el tema a la política y la economía. Así y todo, no careció de interés todo lo que hablamos los tres pero llegó otro vecino que nos obligó, tras su comentario inicial sobre el partido del domingo, a pasar al asunto del fútbol. Estábamos enfrascados comentando el éxito rotundo del Madrid aquella temporada cuando un cuarto vecino, interrumpiéndonos, contó para jolgorio de los allí reunidos que su perro era el único de su especie que se tiraba pedos, unos pedos tan ruidosos que se oían desde el otro extremo de la casa y que las visitas le atribuían a él. Estábamos los cinco riéndonos como locos cuando vino el sexto, que, sin siquiera molestarse en saber por qué nos reíamos, nos propuso jugar a la petanca.

Mientras iba con los otros al parque, pensé que "La Crítica de la Razón Pura" es a la petanca lo que un ser humano solo a un grupo de seis.


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