27 de junio de 2011

La mejor escena de 2001

Es absurdo y a mí no me gusta hacerlo, me refiero a romper los huesos del esqueleto de un tapir muerto en medio de la sabana africana. Pero esta parte de la película me emociona porque contemplo a un simio que está en la labor de ser él única y exclusivamente, ya no actúa llevado por un ciego instinto como lo puede hacer cualquier insecto, ya no es equiparable a un ordenador, está haciendo algo que no tiene sentido, que no es práctico, que no puede explicárselo a los demás simios. Ha olvidado por qué motivo todas sus fuerzas se van a concentrar ahora con obcecado y apasionado afán en hacer picadillo todos esos huesos, aun así lo que hace merece que lo respetemos porque sólo las excepciones son reales y sólo lo real lo vivimos.




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