1 de junio de 2011

El Robot Adulador


En el 648 antes del Gran Computador la más prestigiosa tienda de ropa de Londres tenía un robot a la entrada del establecimiento. La robótica había pegado un acelerón tecnológico en los ultimos 10 años y el interés social convertía el artilugio en un reclamo inigualable. Era capaz de identificar los rostros de 5.000 personajes públicos y famosos de todo el mundo y se dirigía a ellos con elegantes y amables palabras en su idioma, como un fiel y abnegado mayordomo

-Permítame que me incline ante el genio. Permítame, señor, que rinda humildemente honores a tan encumbrado talento -dijo en ruso a Janos Dimitrievitch el inventor de la falda y el pantalón que no tapaban las nalgas.

A un experto en cibernética que le estudiaba con minucioso interés le dijo:

-Es un honor y un placer para mí que me convierta en herramienta de su ocio, conociendo lo despejada que es su inteligencia y lo rápido que pasa el tiempo para un personaje tan ocupado como usted.

Lástima que unos gamberros le atizaran con un bate de beisbol y destrozaran gran parte de su mecanismo.

Después de aquello el pobre sólo decía a los visitantes una palabra entre dos: beno, haciendo lentísimos y vacilantes gestos de asombro y veneración, o caca, que pronunciaba haciéndose el digno y afectando ofendida indiferencia.

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