17 de junio de 2011

Carta del Ministro de Educación y Ciencia


A todo funcionario que trabaja en las labores educativas:

Ya hace dos años que pasamos la barrera del siglo segundo después del Gran Computador, son nuevos tiempos, además de un tanto complicados para el presupuesto de mi ministerio. Hay ministerios, como sabes, que requieren mayor atención hoy por hoy, pero cuando termines de leer esta carta, vas a estar de acuerdo conmigo en que es ahora cuando los niños van a aprender y te vas a olvidar de esa reclamación tan persistente acerca de mi dimisión de este cargo que, habrás de saber, tanto me enriquece.

No hay verdad más evidente que el ignorante es el que más sabio es. Desde niños sabemos que aprender es un martirio que una vez soportado es causa de otros mayores. Saber escribir te obliga a cansar tu mano; saber leer, a aprender de memoria tediosas materias; saber sumar, restar, dividir y multiplicar, a pasarte las horas resolviendo problemas complicados de aritmética: cada cosa nueva que aprendemos aumenta nuestros trabajos.

Poco se agradece, por ejemplo, la molestia que se toma el cotilla en enseñarnos una nueva superstición. Vivimos tranquilos o resignados con nuestra suerte hasta que sabemos lo que la empeora y lo que la mejora. A partir de entonces, vivimos en un sin vivir cruzando dedos, tocando madera, evitando el trece o invocando al lagarto, un trabajo de titanes pero inútil.

Nuestros males, según la Biblia, comenzaron por aprender cómo sabía el fruto del Árbol de la Ciencia. Gracias a ello, perdimos libertad porque aprendimos qué estaba bien y qué mal, qué se podía hacer y qué no. Aprendimos que está mal darse buena vida y bien, sacrificarse por los demás; mal, practicar sexo y bien, trabajar; mal, dormir y bien, madrugar; mal, reír y bien, llorar; en resumen, mal, lo bueno y bien, lo malo. Aprenderlo fue todo un fastidio para la humanidad.

¿Acaso es sabio hacer algo que no aumenta el bienestar de nuestra especie? ¿Para qué saber cosas, si los pájaros, que no son enseñados a nada que no les enseñe su instinto, muestran con su jolgorio y vivacidad toda la felicidad que desearíamos?

Una ventaja, no lo negaré, tiene saber y es que, como nos da trabajo y penas, cuando nos vamos de este mundo, no nos vamos del todo de mala gana pues dejamos atrás todo el cansancio y el dolor que nos ha producido cada uno de los conocimientos que hemos adquirido. Nada de lo que se aprende nos facilita la vida, excepto una cosa: hablar.

Desde el momento en que aprendes a hablar, puedes pedirle a otro que haga lo que tú no quieres hacer. No quieras aprender nada más, hazme caso.

Dime, dime, ¿a que ya no quieres que dimita?


4 comentarios:

  1. cito

    No hay verdad más evidente que el ignorante es el que más sabio es. Desde niños sabemos que aprender es un martirio que una vez soportado es causa de otros mayores. Saber escribir te obliga a cansar tu mano; saber leer, a aprender de memoria tediosas materias; saber sumar, restar, dividir y multiplicar, a pasarte las horas resolviendo problemas complicados de aritmética: cada cosa nueva que aprendemos aumenta nuestros trabajos.

    he seguido el enlace a tu blog desde fobiasocial.

    si es sentido del humor no lo acabo de captar del todo.
    digo yo...
    yo en la escuela aprendiendo me lo pasaba bien, coincido en q escribir a mano es cansino y tedioso, pero aparte de eso...

    sugerencia del chef

    eric berne
    que dice usted despues de decir hola

    igual empiezas a verlo todo un poco diferente

    digo yo, no se...

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  2. Estoy muy contento de recibir de nuevo tu visita, Anónimo, me encantó tu novela Lazarillo de Tormes, ya lo sabes.

    Comprnderías mejor la gracia del cuento si lo entendieras al revés: es el Ministro y no yo el que quiere venderle una moto a los funcionarios con casco y todo.

    De todas formas, como mi sentido del humor es un poco holístico y pesimista no le dejo de dar cierta razón al sinverguenza del Ministro, si para que nosotros disfrutemos ahora aprendiendo a escribir en la escuela, como tu dices y es cierto también en mi caso, la especie ha tenido que evolucionar hasta adquirir rasgos que explican al mismo tiempo otras cosas como los genocidios, las torturas o la esclavitud, mejor entretenerse de niños con ranas e insectos.

    ¿Te hace gracia ahora esta entrada?

    Gracias, amigo, espero tu respuesta con interés.

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  3. Hablar y hablar me pasaría la vida hablando... sin embargo aprender cosas nuevas es lo más fascinante del mundo y no lo encuentro cansado.
    Lo que si es un fastidio es que los grandes dones conlleven grandes responsabilidades, como le dijo tío Pete a Spiderman.

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  4. Tienes toda la razón, MujeresDesesperadas, he confundido tecnología con moral y luego he cometido un nuevo error al atribuir a la tecnología los errores de las deficiencias morales de los seres humanos. Los seres humanos podrían hacerse la vida imposible entre sí aun estando en la edad de piedra.

    He recibido dos comentarios críticos y ahora reconozco mi error, y no ha ocurrido nada. Sólo que ahora soy un poco más sabio. ¡Por eso, por eso quiero que me escriban comentarios, leñe!

    Un afectuosísimo saludo y muchas gracias, amiga.

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