27 de junio de 2011

Carta Anónima a Flaubert


Muy Señor Mío:

Las críticas y persecuciones de que ha sido objeto su novela tienen un motivo distinto al que despierta mi rechazo y suspicacia, fuera siempre de mi reconocimiento a ese retrato de una gran apariencia de realidad que hace de los usos y costumbres de nuestra amada Francia por lo que le felicita este, aunque de provincias, gran aficionado a los libros de noble entendimiento y docta enseñanza.

Pero dejaré en este punto mis halagos y me dedico ya a decirle lo que me disgusta de Madame Bovary. En esta novela satiriza usted a las mujeres en la persona de su protagonista lo que me llena de indignación debido a un episodio del que fui testigo durante la revolución de 1789, cuyo falso lema incluye principios que no fueron aplicados, como "libertad" e "igualdad", y una referencia innecesaria a la "fraternidad" que yo habría cambiado, en el caso de haber tenido vela en ese entierro, por "respeto".

Por aquel entonces yo era un joven médico ilusionado con las ideas de la Ilustración y la renovación de las mentalidades pero veía con desprecio a aquellos tiranos que bajo la bandera idealista de la Revolución, saciaban sus bajas ansias carniceras. Un día llegó hasta mi casa un hombre al que transportaban dos amigos. Se estaba desangrando por sus partes pudendas y cuando comprobé que era uno de los verdugos de París, les pregunté a qué extraño incidente se debía aquella grave mutilación.

-Ha sido Nicole, la esposa de Pierre Drouot. Pierre se ha vuelto loco con la Revolución y obliga a su esposa a entregarse a todos sus amigos porque piensa que todos los hombres somos hermanos y por eso debemos compartir nuestras mujeres.

El otro acompañante no pudo evitar estallar en carcajadas, pero ante la mirada amenazadora de quien me había hablado, recobró la compostura.

-¿Cómo se lo ha hecho? ¿Con un cuchillo tal vez?

-El nos ha dicho que fue en la guillotina. La había llevado al cadalso para impresionarla y ella le dijo que tenía el capricho de que metiera la cosita por el cepo de madera y que por el otro lado ella la miraría mucho rato. Pero cuando hizo lo que ella quería y cerró los ojos tal y como ella le pidió, Nicole soltó la cuerda silenciosamente y su miembro fue seccionado.

Cuando acabé de oír la historia el paciente había ya muerto desangrado. Les pedí a sus dos amigos que dijeran a los guardias que había sido el propio finado quien se había infligido la herida en un estado de embriaguez, pues les convencí de que, si culpaban a Nicole, su marido podría ser también acusado y, quién sabía -y dije esto acompañando mis palabras de gestos significativos- quizá también parte de sus amigos. Ellos se miraron entre sí con un asomo de inquietud y luego asintieron obedientemente. Cuando capté parte de lo que murmuraba con enfado uno de ellos sobre Pierre Drouot mientras salían a la calle comprendí a qué era debida aquella complicidad culpable de sus miradas.

Dos días después visité a Pierre Drouot y cuando comprobé que efectivamente estaba loco, pese a lo mucho que me repugnan los manicomios, en bien de Nicole, hice que se lo llevaran al de París. Nicole pasó a ser mi asistenta y hoy día, a sus noventa años, todavía teje y zurce mis calcetines que nunca me pongo porque son ya de antigua usanza, pero ese demonio de mujer es tan testaruda que (borrón en el manuscrito original).

Hace poco le he preguntado si se arrepiente de lo que le hizo al verdugo. Ella me ha contestado que sí. También le he preguntado por qué no denunció ante los tribunales la conducta de su marido Pierre y ella me ha dicho que temía que se llevaran a su hijo de tres años al orfanato.

Monsieur Flaubert, la revolución de 1789 no fue una auténtica revolución puesto que no se guillotinó a nadie por maltratar a su esposa o a cualquier otra mujer. Esperemos que alguna vez se produzca una revolución más pacífica en la que la observancia de su lema sea rigurosa y en el que éste sea en esta ocasión "Libertad, Igualdad y Respeto."

2 comentarios:

  1. Pocas veces he leído un texto tan …convocante, a reír, a pensar, gracias.

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  2. Oops, y si me lo indica el dedo de Homero que es tan…conminante, seguimos con con convocante y conminante.

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