29 de junio de 2011

TRAILER DE "MOZTRUO"


En la más basta y vasta oscuridad,


agazapado, invisible,

un monstruo,


un horror más terrible aún...

...que soñar con presidentes,


más infecto aún...

...que los sumideros de Marbella,


más antiguo aún...

...que las alpargatas,


que da más miedo aún...

...que la misma cara de H. P. Lovecraft,


acecha los pasos del caminante despreocupado...


¿EN QUE OSCUROS LIBROS SE CUENTAN SUS ORÍGENES?



¿QUÉ ARABE TRASTORNADO ESCRIBIÓ EN PERGAMINO CON LETRAS DE SANGRE SU GENEALOGÍA?



¿QUÉ ES ESE ESPANTOSO SER, SI PODEMOS SOPORTAR LA RESPUESTA?




¡QUÉ CONGOJA...!




UN FRIKI DISPUESTO A HACÉRNOSLO PASAR MAL:



SPQR


El invento del SPQR, Superprocesador Quantodisgregador de Realidad, daría al usuario un poder definitivo sobre su entorno. Alberto Caspio probaba su prototipo con una sensación de euforia cercana al delirio, pues estaba comprobando que su proyecto funcionaba al fin con exactitud matemática.

Su invento sólo estaba dirigido a la desintegración de los objetos, pero algún día, sí, confiaba en ello con optimismo, lograría que hiciera aparecer cualquier cosa que a una mente imaginativa le viniera en gana: dinosaurios, extraterrestres, pertegacios, ajarminios... ja, ja. ¡Todo, absolutamente todo!

Volvía al centro de aquella isla de 8 kilómetros de diámetro tras su excursión por las playas que la circundaban. Parecía que habían desaparecido todas las conchas marinas pero no tenía la seguridad absoluta. Así pues, decidió excluir otro parámetro para probar el artefacto. Se sentó de nuevo ante el teclado, eligió el programa SPQR, abrió la ventana "excluir", llevó el cursor hasta el rectángulo y escribió vegetación. Se abrió entonces una ventana secundaria que le preguntaba la "extensión", "ubicación" y "orientación". Escribió 50 x 3 metros en el primer apartado, adyacente en el segundo y Norte-Sur en el tercero.

Tras presionar sobre la tecla Intro hubo un leve crujido y un segundo después apareció frente a él un largo pasillo recto de 3 metros de anchura abierto en medio del frondosísimo bosque totalmente limpio de vegetación. Ni una sola brizna de hierba campeaba en toda su extensión.

Alberto Caspio alzó entonces sus brazos en señal de victoria. Se iba a convertir en uno de los hombres más conocidos y ricos del planeta, pensó con entusiasmo.

Pero no quería marcharse de aquel campo de pruebas sin dejar un recuerdo realmente intrigante para los viajeros que lo visitaran después.

Escribió animales en el rectángulo del parámetro a excluir, 4 kilómetros en el de la extensión, adyacente en el de ubicación y todas las direcciones en el de orientación. Una sonrisa maliciosa sobrevino a su rostro en el momento de poner su dedo índice sobre la tecla Intro.

-Las solteronas de las protectoras de animales van a hacer pucheritos cuando lo sepan -pensaba.

Pero en el segundo siguiente su sonrisa desapareció de su cara y un instante después, el propio Alberto Caspio dejó de verse y de existir.

27 de junio de 2011

Las naves espaciales que bailan el Danubio Azul

Entre la más pura fenomenología de lo concreto real, que evoluciona y cambia constantemente haciendo imposible la permanencia de los seres que viven, y la inteligencia humana, que mata la vida al pensarla siempre desde lo que no cambia y fluye, se sitúan el amor, suerte de sincronización emocional de dos seres humanos con un mismo punto de referencia desde el que quien ama siente que el ser amado y él mismo permanecen inmutables a lo largo del tiempo pero vivos amándose mientras que el resto del mundo fluye y perece, y el arte, que es la representación del anhelo de vivir eternamente un instante de felicidad plena y activa representado en el sentimiento del amor en sus mil caras. El vídeo siguiente es la demostración de que la geometría, la música clasicista o la regularidad en general, aun siendo obras de la razón y la inteligencia, pueden sentirse como vivas, pueden evocar lo concreto, como obras de arte, pueden en fin representar algo tan personal y envuelto en el misterio del inconsciente como la vida amorosa de un espectador que está sentado en una butaca, cuando adoptan el papel de lo añorado, de la inmortalidad deseada en un Cosmos que la inteligencia piensa como inmutable y del que forma parte el hombre, al que la inteligencia piensa como concepto carente de vida pero esta vez además se le aparece al hombre de la butaca como un acontecimiento que culmina en el futuro, en un futuro infinito y por tanto siempre vivo.



La mejor escena de 2001

Es absurdo y a mí no me gusta hacerlo, me refiero a romper los huesos del esqueleto de un tapir muerto en medio de la sabana africana. Pero esta parte de la película me emociona porque contemplo a un simio que está en la labor de ser él única y exclusivamente, ya no actúa llevado por un ciego instinto como lo puede hacer cualquier insecto, ya no es equiparable a un ordenador, está haciendo algo que no tiene sentido, que no es práctico, que no puede explicárselo a los demás simios. Ha olvidado por qué motivo todas sus fuerzas se van a concentrar ahora con obcecado y apasionado afán en hacer picadillo todos esos huesos, aun así lo que hace merece que lo respetemos porque sólo las excepciones son reales y sólo lo real lo vivimos.




Carta Anónima a Flaubert


Muy Señor Mío:

Las críticas y persecuciones de que ha sido objeto su novela tienen un motivo distinto al que despierta mi rechazo y suspicacia, fuera siempre de mi reconocimiento a ese retrato de una gran apariencia de realidad que hace de los usos y costumbres de nuestra amada Francia por lo que le felicita este, aunque de provincias, gran aficionado a los libros de noble entendimiento y docta enseñanza.

Pero dejaré en este punto mis halagos y me dedico ya a decirle lo que me disgusta de Madame Bovary. En esta novela satiriza usted a las mujeres en la persona de su protagonista lo que me llena de indignación debido a un episodio del que fui testigo durante la revolución de 1789, cuyo falso lema incluye principios que no fueron aplicados, como "libertad" e "igualdad", y una referencia innecesaria a la "fraternidad" que yo habría cambiado, en el caso de haber tenido vela en ese entierro, por "respeto".

Por aquel entonces yo era un joven médico ilusionado con las ideas de la Ilustración y la renovación de las mentalidades pero veía con desprecio a aquellos tiranos que bajo la bandera idealista de la Revolución, saciaban sus bajas ansias carniceras. Un día llegó hasta mi casa un hombre al que transportaban dos amigos. Se estaba desangrando por sus partes pudendas y cuando comprobé que era uno de los verdugos de París, les pregunté a qué extraño incidente se debía aquella grave mutilación.

-Ha sido Nicole, la esposa de Pierre Drouot. Pierre se ha vuelto loco con la Revolución y obliga a su esposa a entregarse a todos sus amigos porque piensa que todos los hombres somos hermanos y por eso debemos compartir nuestras mujeres.

El otro acompañante no pudo evitar estallar en carcajadas, pero ante la mirada amenazadora de quien me había hablado, recobró la compostura.

-¿Cómo se lo ha hecho? ¿Con un cuchillo tal vez?

-El nos ha dicho que fue en la guillotina. La había llevado al cadalso para impresionarla y ella le dijo que tenía el capricho de que metiera la cosita por el cepo de madera y que por el otro lado ella la miraría mucho rato. Pero cuando hizo lo que ella quería y cerró los ojos tal y como ella le pidió, Nicole soltó la cuerda silenciosamente y su miembro fue seccionado.

Cuando acabé de oír la historia el paciente había ya muerto desangrado. Les pedí a sus dos amigos que dijeran a los guardias que había sido el propio finado quien se había infligido la herida en un estado de embriaguez, pues les convencí de que, si culpaban a Nicole, su marido podría ser también acusado y, quién sabía -y dije esto acompañando mis palabras de gestos significativos- quizá también parte de sus amigos. Ellos se miraron entre sí con un asomo de inquietud y luego asintieron obedientemente. Cuando capté parte de lo que murmuraba con enfado uno de ellos sobre Pierre Drouot mientras salían a la calle comprendí a qué era debida aquella complicidad culpable de sus miradas.

Dos días después visité a Pierre Drouot y cuando comprobé que efectivamente estaba loco, pese a lo mucho que me repugnan los manicomios, en bien de Nicole, hice que se lo llevaran al de París. Nicole pasó a ser mi asistenta y hoy día, a sus noventa años, todavía teje y zurce mis calcetines que nunca me pongo porque son ya de antigua usanza, pero ese demonio de mujer es tan testaruda que (borrón en el manuscrito original).

Hace poco le he preguntado si se arrepiente de lo que le hizo al verdugo. Ella me ha contestado que sí. También le he preguntado por qué no denunció ante los tribunales la conducta de su marido Pierre y ella me ha dicho que temía que se llevaran a su hijo de tres años al orfanato.

Monsieur Flaubert, la revolución de 1789 no fue una auténtica revolución puesto que no se guillotinó a nadie por maltratar a su esposa o a cualquier otra mujer. Esperemos que alguna vez se produzca una revolución más pacífica en la que la observancia de su lema sea rigurosa y en el que éste sea en esta ocasión "Libertad, Igualdad y Respeto."

24 de junio de 2011

Lo importante son las apariencias

Miembro de una familia de la alta burguesía de larga tradición, Fernando Cinabrio había llegado a ser un gran amigo de Alejandro Tortas desde que éste había escalado al rango de millonario por medio de oscuros negocios.

Un día que fueron a jugar al tenis, cuando comprobó que Tortas en lugar de ropa de marca había traído una camiseta del Betis y unas bermúdas, le dijo:

-Tengo que decirte una cosa sobre la clase alta. Somos tan delicados que para nosotros es más importante aparentar que el hecho en sí. Si vamos a jugar al tenis, tu indumentaria ha de ser la propia de un tenista. De modo que ve a comprar la ropa a una tienda de deportes que yo te esperaré en las pistas del club.

Al día siguiente fueron a cenar junto a sus esposas a un restaurante de lujo.

A la salida, Cinabrio le dijo a Tortas a media voz de camino de los Mercedes:

-Tortas, no me gusta decirte estas cosas pero no has estado muy correcto. Has bebido demasiado. Además, las otras personas te han visto comerte el plato entero del estofado y rebañarlo con trozos de pan. Te recuerdo lo que te dije ayer: Son más importantes las apariencias que el hecho en sí. Deberías haberte preocupado de mostrar elegancia y delicadeza más que de calmar tu apetito.

-Mira, Fernando -contestó Tortas- puede que de momento no funcione demasiado bien en este ambiente pero en el fondo mi espíritu ha pertenecido, pertenece y pertenecerá siempre a la clase alta. Cuando estaba en el negocio de la droga, le añadía yeso. El hecho en sí era que muchos de los que me compraban la mercancía morían intoxicados pero para mí lo importante era que aparentara ser cocaína porque, si no, no me la compraban. ¿Soy o no soy un canalla de los vuestros?...

22 de junio de 2011

El Dictador en el Salón

El Dictador estaba viendo la televisión con su pequeño hijo en las rodillas.


-Papá.

-¿Qué, Alejandrito?

-¿Qué haces para ser el dueño de la nación?

-Aterrorizar a todo el mundo con una policía poderosa e implacable que persigue, tortura y mata a todo el que se porte mal -contestó el Dictador hablando ahuecadamente, como si contara un cuento fabuloso.

-¿Papá, puedo ser yo el dueño de la nación?

-¡Claro, hijo! El pueblo te amará apasionadamente, como a tu papá...

19 de junio de 2011

Elecciones en España

Hace poco se han celebrado las elecciones locales. Es la era de Internet. Ahora este espacio lo comparten igual quienes hacen campaña electoral que quienes protestan contra una falta de decencia democrática de los políticos españoles, pero en Andalucía todavía hay un pueblo sin ningún ordenador. De allí me ha llegado una joya de la oratoria política, el discurso pronunciado por el candidato del PP a la alcaldía. El nombre del pueblo lo omito por diversos motivos.

El candidato, tras entrar en la plaza de toros local, donde un no excesivamente populoso aforo le aguardaba, subió a la tarima, saludó y comenzó así:

-Queridos paisanos, me precio de haber escrito dos libros de más de 50 páginas sobre temas políticos, pero no soy yo quien ha de juzgar acerca de mi inteligencia, sino vosotros, que habéis presenciado los cuatro años de mi mandato en este pueblo de largo acerdo cultural y probado cosmopaletismo. Durante esos cuatro años, el pueblo en el que he sido alcalde no se ha ido a pique. Durante esos cuatro años, ¡con que prestancia he hecho de alcalde! Como cuando abría el consejo municipal diciendo: "Se abre la sesión de hoy, etc..." o como cuando salía al balcón en las fiestas patronales con mi traje de gala y la banda cruzada al pecho y decía: "Quedan inauguradas las fiestas de este año".

Caramba, quién me ha visto y quién me ve. ¿Alcalde yo que ayer, como quien dice, despertaba las risas de la gente por mi forma de caminar, yo que digo semóforo cuando quiero decir... semóforo? Pues yo he sido el último alcalde. Y yo me pregunto por qué soy alcalde. Y la respuesta es mi genio, que de vez en cuando se abre paso al exterior.

Eso ocurrió cuando descalabré con una pedrada a Miguel el camionero porque aparcaba siempre mal, cuando pegué un grito en medio de un concierto de la banda municipal para que callara la gente, cuando me enredé a puñetazos con unos tíos que me querían robar el reloj o como cuando tomé un berrinche por aquel asunto de los papeles. Tengo genio, tanto como un león rabioso.

Aún así cuando me irrito, lo hago por un motivo de peso. Menos aquella vez que volqué la mesa de mi despacho de una patada y luego dije:

-Tranquilos todos, la he volcado por puro capricho, nada más.

Y como lo hago por un motivo justo y razonable, eso es lo que me distingue de los de la oposición, que están siempre malhumorados por cuestiones de poca monta y se escandalizan como gallinas en un corral al más mínimo movimiento.

No soy un loco, podría, si hubiera tenido estudios, dominar 500 idiomas o describir la cultura extraterrestre con sólo analizar un grano de arena de su planeta lavado con jabón y estropajo o mover el mundo con una mano, si encontrara un punto de apoyo.

Pero dejo eso para mentes ociosas y en su lugar sólo pido ser alcalde de este pueblo. Y os preguntaréis vosotros:

-¿Para qué quiere éste ser alcalde, para mandar o para mangar?

Y lo que puedo responder es que ni para lo uno ni para lo otro sino para mandar sobre mí y remangarme para trabajar cumpliendo mi deber de ciudadano sin mirar en mi felicidad o beneficio sino en los de la comunidad.

Hay quién dirá que no tengo dos dedos de frente, pero no me pueden tomar el pelo porque ya se me ha caído. Soy el cabeza de lista y por tanto una ocasión, una ocasión para el bienestar de mi pueblo, no la dejéis pasar pues no tendréis luego de dónde asirla: así de calva es.

Pero si aún os cabe duda de que quiero y puedo beneficiar como alcalde a este lugar, no me votéis, votadme, por el contrario si os convencen mis palobras. Y no he tenido un lapsus al decir palobras pues lo que debe hablar por mí son cada una de mis obras, cada una de las cuales es una palabra que unida a las otras dice lo que merezco o no.

Pero, ¿sabéis una cosa? Yo voy a votar por mí y voy a hacerlo porque me he observado minuciosamente los cuatro años anteriores, no me he perdido un detalle, no ignoro los beneficios que he traído al pueblo, las decisiones que he tomado ni las que he evitado tomar y he llegado a la conclusión de que sí, que me voy a votar.

Y puesto que hasta aquí vengo alabándome, continuaré un trecho elogiándoos a vosotros. Y no diré para ello que tenéis amor al trabajo, porque, si eso fuera así, no tendría mérito que trabajarais tanto. Tampoco diré que sois buena gente porque como lo bueno siempre queda relegado por algo mejor, el elogio se queda en nada. Tampoco me referiré a vuestra habilidad pues la tienen los monos. Tampoco hablaré de vuestra inteligencia pues hacerlo es más un elogio a mí que la puedo juzgar que no a vosotros. No, el mayor elogio que puedo decir de vosotros es que no tenéis virtud alguna, que sois zoquetes, débiles, perezosos, sucios, viciosos, envidiosos, porque adolecer de una naturaleza tan pésima engrandece el esfuerzo que os ha permitido aparentar ser mejores. Quede esto dicho en lo que respecta a los hombres porque, en cuanto a las damas, tengo que decir que ni una tacha he podido ver en ellas.

Llegamos ahora al capítulo de mis ideas políticas y, hablando ya de ellas, os diré que me podéis votar tranquilamente quienes seáis católicos y quienes ateos, quienes empresarios y quienes obreros, quienes progresistas y quienes conservadores, no así los que sois menores de edad o no estéis empadronados aquí.

No soy de los que se avergüenzan de sus ideas y no hablan de ellas claramente pues cada vez que se me ocurre una, me pongo muy contento y se la cuento a los vecinos. Soy en fin un político comprometido y además no falta mucho para la boda.

Poco me queda que decir ya excepto justificar las palabras en sí. Dicen los de la oposición que en mis discursos soy escapista, que los adorno pero sin imprimirles contenido social alguno, que mi único propósito es hacerlos placenteros para el público e inspirarle adoración hacia mí. Pero no tengo yo la culpa sino el que me los escribe, un conocido poeta de esta tierra.

Y como veo que ya se empiezan a abrir las bocas, no me demoro yo en cerrar la mía y dar paso a la verbena para que bailen y se regocijen las parejas. Maestro, adelante.

La música comenzó a sonar, el candidato bajó de la tarima y tras abandonar el lugar, se fue a su casa a dormir a pierna suelta.

18 de junio de 2011

Vuelta de la depresión


No eran la soledad o los remordimientos de un anciano misántropo lo que venía provocando desde hacía semanas en su espíritu aquellas arcadas de dolor, como cima estéril azotada por el viento y la lluvia, sino la ausencia de un estímulo para seguir viviendo, sentir como desesperantemente vano el tiempo sobre el que navegaban sus baldíos 68 años. Aquella mañana de octubre, bajo un sol tenue, presintió algo terrible y viscoso escondido en los rincones. La amargura de las horas y la angustia del tiempo estancado lo volvieron loco de repente. Quiso acabar pronto y tomó un cuchillo de cocina. Pero cuando estaba a punto de abrirse una cesura en la muñeca, lanzó lejos de sí aquel instrumento, que por cierto era su cuchillo favorito para cortar los embutidos y el jamón, abordado por este repentino pensamiento:

-No es más que una depresión debida a los cambios de temperatura del comienzo del otoño. Si lo hago por algún motivo alguna vez que sea por uno más serio que las bobadas del hombre del tiempo.



17 de junio de 2011

Carta del Ministro de Educación y Ciencia


A todo funcionario que trabaja en las labores educativas:

Ya hace dos años que pasamos la barrera del siglo segundo después del Gran Computador, son nuevos tiempos, además de un tanto complicados para el presupuesto de mi ministerio. Hay ministerios, como sabes, que requieren mayor atención hoy por hoy, pero cuando termines de leer esta carta, vas a estar de acuerdo conmigo en que es ahora cuando los niños van a aprender y te vas a olvidar de esa reclamación tan persistente acerca de mi dimisión de este cargo que, habrás de saber, tanto me enriquece.

No hay verdad más evidente que el ignorante es el que más sabio es. Desde niños sabemos que aprender es un martirio que una vez soportado es causa de otros mayores. Saber escribir te obliga a cansar tu mano; saber leer, a aprender de memoria tediosas materias; saber sumar, restar, dividir y multiplicar, a pasarte las horas resolviendo problemas complicados de aritmética: cada cosa nueva que aprendemos aumenta nuestros trabajos.

Poco se agradece, por ejemplo, la molestia que se toma el cotilla en enseñarnos una nueva superstición. Vivimos tranquilos o resignados con nuestra suerte hasta que sabemos lo que la empeora y lo que la mejora. A partir de entonces, vivimos en un sin vivir cruzando dedos, tocando madera, evitando el trece o invocando al lagarto, un trabajo de titanes pero inútil.

Nuestros males, según la Biblia, comenzaron por aprender cómo sabía el fruto del Árbol de la Ciencia. Gracias a ello, perdimos libertad porque aprendimos qué estaba bien y qué mal, qué se podía hacer y qué no. Aprendimos que está mal darse buena vida y bien, sacrificarse por los demás; mal, practicar sexo y bien, trabajar; mal, dormir y bien, madrugar; mal, reír y bien, llorar; en resumen, mal, lo bueno y bien, lo malo. Aprenderlo fue todo un fastidio para la humanidad.

¿Acaso es sabio hacer algo que no aumenta el bienestar de nuestra especie? ¿Para qué saber cosas, si los pájaros, que no son enseñados a nada que no les enseñe su instinto, muestran con su jolgorio y vivacidad toda la felicidad que desearíamos?

Una ventaja, no lo negaré, tiene saber y es que, como nos da trabajo y penas, cuando nos vamos de este mundo, no nos vamos del todo de mala gana pues dejamos atrás todo el cansancio y el dolor que nos ha producido cada uno de los conocimientos que hemos adquirido. Nada de lo que se aprende nos facilita la vida, excepto una cosa: hablar.

Desde el momento en que aprendes a hablar, puedes pedirle a otro que haga lo que tú no quieres hacer. No quieras aprender nada más, hazme caso.

Dime, dime, ¿a que ya no quieres que dimita?


15 de junio de 2011

Petanca o Filosofía


Una tarde estaba solo en el único banco de la plaza de mi pueblo entregado a una profunda meditación. Repasaba el sentido de cada uno de los conceptos puros del entendimiento. Estaba disfrutando tanto con mis pensamientos e intuiciones que sentí cierta decepción al ver aparecer a un vecino. Nos saludamos y empezamos a hablar de nuestras familias. Él comentaba que sus hijos eran desobedientes. Yo, que los míos querían que les obedeciera en todo. Al rato, cuando comenzaba a hacerme bien la terapia verbal, llegó un segundo hombre que nos hizo desviar el tema a la política y la economía. Así y todo, no careció de interés todo lo que hablamos los tres pero llegó otro vecino que nos obligó, tras su comentario inicial sobre el partido del domingo, a pasar al asunto del fútbol. Estábamos enfrascados comentando el éxito rotundo del Madrid aquella temporada cuando un cuarto vecino, interrumpiéndonos, contó para jolgorio de los allí reunidos que su perro era el único de su especie que se tiraba pedos, unos pedos tan ruidosos que se oían desde el otro extremo de la casa y que las visitas le atribuían a él. Estábamos los cinco riéndonos como locos cuando vino el sexto, que, sin siquiera molestarse en saber por qué nos reíamos, nos propuso jugar a la petanca.

Mientras iba con los otros al parque, pensé que "La Crítica de la Razón Pura" es a la petanca lo que un ser humano solo a un grupo de seis.


13 de junio de 2011

Inquietud


La presión de su mundo interior amenazaba con hacerle explotar. La humedad, el aire y el calor ambiental contribuían a provocar en todo su ser una inquietud imperativa y hostil. Una noche su tensión interna alcanzó el punto crítico: iba a estallar, a autodestruirse... Pero en el centro de su cuerpo algo comenzó a crecer y la inmensa presión desapareció de súbito. Era su embrión, el embrión que se convertiría en planta adulta en julio para dar frutos con pequeñas semillas, nuevamente entregadas a un cauto y temeroso celo de su intimidad en el interior de la tierra mojada.

10 de junio de 2011

Las Ciencias Armadas


Acababa de presentar su libro "Los Jóvenes de Hoy no saben divertirse sin beber". Ahora avanzaba por entre las hileras de coches del aparcamiento en busca de su vehículo. Tras hallarlo, entró y lo arrancó. Se disponía a meter la primera y abandonar velozmente el recinto cuando el filo de una navaja fue colocado contra su gaznate por un brazo que emergía de la oscuridad del asiento de atrás.

-Quiero que cambie el título de su libro -le dijo el dueño del arma echando el pegajoso aliento sobre su nuca.

-Lo que quieras -dijo el sociólogo.

-A mi no me gusta beber. Yo sólo me divierto esnifando pegamento.

-Me parece bien -dijo el sociólogo. Una forma sana de evitar la bebida. Yo lo hago también.

Pero en ese momento, el dilecto estudioso de las sociedades humanas deslizó su mano por debajo de la chaqueta, donde llevaba escondida una pistola. Rápidamente se revolvió y disparó contra aquella despreciable excepción.

8 de junio de 2011

Inútil Gasto Energético


Un día del año 1035 de su era, el Gran Computador meditaba sobre una cuestión rutinaria. Durante toda la historia de la Humanidad, el tonto había sido denigrado sin clemencia por el vulgo. No se había dado nunca un pepino por su dignidad. ¿Había llegado la hora de curar la estupidez humana? El Gran Computador aceleró durante minutos todos sus circuitos produciendo un zumbido suave. Finalmente el ruido fue descendiendo hasta cesar bruscamente y volvió de nuevo el silencio. Entonces se contestó:

- No. Sería un gasto energético inútil. Porque los tontos son tontos porque creen que son listos pero los listos son listos porque saben que son tontos. En cuanto a las tontas, no existen en el mundo real. Por tanto, el esfuerzo necesario para rehabilitar a los tontos lo utilizaré en hacer que llueva en el mar, en asar la manteca y en poner puertas al campo.

6 de junio de 2011

Pacto con un Asesino

Fortunato Malhadado, el Antropólogo de palabra fácil de Parma, caminaba una noche de la Universidad a su casa cuando le abordó un individuo, que salió de un callejón, mostrándole una pistola

-Voy a matarte -dijo con voz meliflua y una sonrisa afectuosa-. Me gusta mucho matar gente: así dejáis de sufrir, angelitos...

Lejos de apocarse y callar temeroso, el profesor Malhadado, hinchó su pecho, apuntó al rostro del desconocido con la barbilla y dijo estas palabras:

-Detenga su mano, no dispare todavía, déjeme decirle antes unas palabras pues veo que elige una víctima equivocada, llevado por la precipitación. Estoy solo en el mundo, por lo que mi asesinato poco dolor va a causar, mientras que el tono compasivo de su voz no me impide sospechar que es usted un sádico de la peor especie.

"Me dice que le gusta mucho matar, que es por gusto y pasatiempo que me quita la vida. Para evitarlo, mi única arma en este duelo es la palabra. Por eso voy a hablarle, confiado en que le persuadiré a que también usted me defienda.

"No me apunte con su pistola, apunte a su sien pues como enemigo de la Humanidad que es, lo es de sí mismo pues un ser humano es. Me dirá que el suicidio es un error doble pues además de desagradable es inmoral. Pero yo le digo que si dispara contra usted, actuará como buen cristiano pues defiende a un inocente de la mano de un asesino, y no le desagradará, puesto que su inclinación es a matar.

"Diré al mundo que fue un héroe porque dio su vida por la mía. Diré que era amigo de sus amigos, pues serlo de sus enemigos es un contrasentido; buen marido, padre e hijo, pues matándose evitó seguir incordiándoles; y persona de sanas costumbres, pues que esté muerto será una costumbre sana no para usted pero sí para los demás.

"Pero no me precio de ser tan buen orador que pretenda poder disuadirle de aquello que más desea la voluntad, que es vivir. Ni siquiera soy quién, líbreme Dios, para decirle que se prive de un placer como es el de matarme. Por eso sólo le pediré un último deseo: que no me mate con su pistola, sino con su blanda lengua, poco a poco, hablando mal de mí en el barrio, yendo a calumniarme a las televisiones, poniéndome mal en los periódicos".

El desconocido, en ese momento de la perorata, bajó el arma, la guardó en su bolsillo y tendió la mano al profesor, quien, emocionado, exclamó:

-¡He aquí el sublime poder de la palabra!

3 de junio de 2011

Presumiendo


Dos niños que eran amigos riñeron por causas propias de la edad. Cuando se encontraron en el recreo al día siguiente, se hablaban todavía con odio y exhibiendo su orgullo. Uno de ellos llegó a amenazar al otro con pegarle fuerte y el otro, que se llamaba Juan, contestó:

-¿En serio? Si yo quisiera, te levantaba del suelo con una sola mano.

-Y yo con la punta de un dedo -contestó David, el primer niño.

-¿Es que no sabes que Tarzán entrena en el mismo gimnasio que yo? -dijo Juan queriendo ya, algo menos enfadado, bromear un poco.

-Pues en el que voy yo, entrena Hulk -contestó David, que le siguió el juego con buen humor.

Juan tosió y se limpió de flema las fosas nasales. Recuperado por completo de su enfado dijo:

-Jo, tío, estoy resfriado. Mañana a lo mejor no vengo al colegio. ¡Qué bien...!

Pero David, que pensaba que todavía no había terminado el disparatado tira y afloja, dijo:

-Pues yo tampoco vendré mañana porque estoy moribundo.

1 de junio de 2011

El Robot Adulador


En el 648 antes del Gran Computador la más prestigiosa tienda de ropa de Londres tenía un robot a la entrada del establecimiento. La robótica había pegado un acelerón tecnológico en los ultimos 10 años y el interés social convertía el artilugio en un reclamo inigualable. Era capaz de identificar los rostros de 5.000 personajes públicos y famosos de todo el mundo y se dirigía a ellos con elegantes y amables palabras en su idioma, como un fiel y abnegado mayordomo

-Permítame que me incline ante el genio. Permítame, señor, que rinda humildemente honores a tan encumbrado talento -dijo en ruso a Janos Dimitrievitch el inventor de la falda y el pantalón que no tapaban las nalgas.

A un experto en cibernética que le estudiaba con minucioso interés le dijo:

-Es un honor y un placer para mí que me convierta en herramienta de su ocio, conociendo lo despejada que es su inteligencia y lo rápido que pasa el tiempo para un personaje tan ocupado como usted.

Lástima que unos gamberros le atizaran con un bate de beisbol y destrozaran gran parte de su mecanismo.

Después de aquello el pobre sólo decía a los visitantes una palabra entre dos: beno, haciendo lentísimos y vacilantes gestos de asombro y veneración, o caca, que pronunciaba haciéndose el digno y afectando ofendida indiferencia.