18 de mayo de 2011

La Fiesta de Profesores


Cuando supo que ella también estaba invitada a la fiesta, se sintió tan inquieto como esperanzado. Al fin iba a conocer personalmente a aquella profesora de Filosofía que hacía latir su corazón cuando se la tropezaba en el pasillo del instituto y se saludaban como simples colegas.

El día del baile su felicidad y nerviosismo se incrementaron cuando comprobó que ella no venía con pareja. En el jardín le dirigió las primeras palabras y observó en ella una receptividad meramente formal. Luego comenzó el baile y la tuvo de pareja en algunas de las canciones lentas. Pero llegó un momento en que no sonaba más que música para bailar separados. Cuando además entendió que se aproximaba el final de la noche y todavía no le había declarado su amor, salió al jardín sujetándola de la mano.

Se sentaron en un banco y ella dijo:

-No sé por qué has insistido en que saliéramos, porque todavía no estoy agotada.

-Es porque quiero decirte algo importante para mí.

-¿Y qué es eso tan importante?

-No voy a andarme con rodeos: te quiero.

-Me quieres ¿qué?

-Tener.

-¿Y para qué?

-Para gozar de tu compañía.

-¿Y por qué gozas de mi compañía?

-Porque me produce un dolor que cala en mis entrañas.

-Y si te produce dolor, ¿por qué dices que gozas con ella?

-Porque quiero sufrir

-En ese caso, es indiferente que me tengas o no, luego no era un tema tan importante. ¿Seguimos bailando?

-Hasta que me recoja la ambulancia, si así lo desea usted, señorita -pensó él con amargura; aunque sólo dijo:- ¿Cómo no?

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