3 de mayo de 2011

El Monstruo Devorador

Un mensaje ecologista esta vez.

El Autor

Bulto Amorfo Creciente podría recordarnos algo al simpático monstruo de las galletas de no ser porque no hay en él nada simpático. Surgido de las mutaciones provocadas en el feto de una ardilla por un inhábil laboratorio inglés de ingeniería genética, vive sólo para engordar sin límite, sin importar lo que ha de engullir para conseguirlo, aunque sea una parte de sí mismo.

Contrariamente a otros animales, a éste le favorece el deterioro medioambiental, la ingesta desproporcionada, sea o no nutritiva, y hasta la pérdida de salud: todo ello le proporciona un grado más alto de crecimiento y deformidad. Y es que, detenerse en su evolución hacia lo amorfo, para él significaría perder la línea.

Debido a que todavía conserva parte del genoma de su bonita madre la ardilla, este gigantesco bulto mugriento y sin forma tiene un no sé qué de atractivo meloso con el que cautiva a los humanos, que se convierten en los esclavos que lo alimentan, pues él es incapaz de cualquier movimiento propio.

Este solo individuo debe tener ya un estómago de varios kilómetros cuadrados de extensión. Con sus excreciones, envenena los océanos y los ríos y con su voracidad daña a la biodiversidad y convierte en áridos suelos que antes eran fértiles.

Es el responsable original de la mayoría de las pesadillas de nuestro tiempo y sólo puede decirse que no es inmortal porque cuando ya no quede nada en el planeta para comer, este animal morirá sin duda. 

Igual que la garrapata, la amputación violenta de este organismo puede ser más peligrosa que su propia existencia dañina. Sus esclavos proveedores, los hombres, en un principio creyeron que ciertas excrecencias de este organismo tenían un portentoso valor alimenticio y lo trataron como a un animal doméstico, cuando la realidad era que es un parásito inútil.

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