2 de abril de 2011

Pelo Verde -1ª PARTE

A la edad de 43 años comencé a sentir un extraño interés por las películas de marcianos y por los relatos sobre platillos volantes en general. Incluso me veía en sueños a bordo de uno de ellos que tripulaba suavemente un grupo de marcianas verdes. Estos hechos me empezaron a preocupar un tanto y decidí ir a un psicoanalista. Su ayuda resultó al final eficaz pero la suficiencia con que aquel individuo habló de mi vida sexual fue humillante para mí.

El primer día me hizo un test de asociación de ideas. Basándose en las respuestas, sacó la conclusión (lo confesaré, acertada) de que sentía una profunda atracción hacia las mujeres con el pelo teñido de verde. Al preguntarle cómo lo había adivinado me recordó que la palabra pelo, propuesta por él, me había sugerido manos manchadas de pintura verde. Y añadió:

-Créame, querido amigo, no hay nada más vulgar y predecible que una mente acomplejada. Llena de complejos pero vacía, ¿entiende?

Aquello me pareció un asalto a mi dignidad y me propuse, llevado por el resentimiento, llevar a cabo yo mismo ese tipo de observaciones con él, a modo de venganza.

Me dediqué, pues, a estudiar todos sus gestos y un día me di cuenta de que tenía la costumbre de tocar con la yema de su índice derecho la juntura membranosa de dos dedos contiguos de su mano izquierda. Pensé que aquello debía ser un gesto inconsciente de índole sexual. Y algo después despertó mi intriga advertir que este gesto de frotamiento de, digamos, el entrededo se producía siempre que yo pronunciaba la palabra teléfonoLa sospecha que había comenzado a albergar se vio incrementada ante el hecho de que cuando yo usaba la palabra erótica, él dibujaba una línea con su lápiz. Por eso, cuando a propósito deslicé en la conversación la expresión el teléfono me pone y añadí nervioso sólo tras una larguísima pausa que hice para hacerle creer durante ese tiempo que iba a pararme ahí, no me extrañó nada verle enrojecer, momento en que salté de mi asiento y le dije entre ufano y compasivo:

-Siento que su vida sexual no sea lo satisfactoria que quiere usted aparentar. Búsquese un especialista que trate su problema, mucho más grave -añadí- que sentir atracción hacia un color de pelo extraño.

-¿Por qué dice eso? -me preguntó descolocado por completo.

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