24 de abril de 2011

Palabras


El claustro de profesores hacía diez minutos que había terminado la sesión pero una joven y un joven continuaban sentados a la mesa. Ella era una atractiva profesora de matemáticas, que hablaba abundante y ávidamente y él un profesor de música, que la miraba de hito en hito.

-Así que el lenguaje humano -decía ella- es tan rico que puede expresarlo todo, por lo que aquello de lo que no somos capaces de hablar se puede decir sin escrúpulo alguno que no existe. ¿Está de acuerdo conmigo, José?

El profesor contestó con aire de perplejidad:

-Perdone, ¿en qué he de estar o no de acuerdo?

-¡No me estaba escuchando! ¿En qué estaba pensando?

-Estaba pensando en usted. Pero no me pregunte qué cosas porque es imposible encontrar palabras que den una idea exacta de ellas. Sólo le puedo decir que son tan bonitas que estoy como flotando.

Ella se quedó sorprendida y sin saber qué decir, embargada súbitamente por una ternura imposible de expresar.

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