22 de abril de 2011

Los tres Aristócratas


Tres personajes italianos de antigua ascendencia aristocrática dedicaban las tardes a aparecer en un espectáculo televisivo comentando los ecos de sociedad.

Tan ricos eran que no cobraban por ir a la televisión. A pesar de ello en ciertos círculos se mostraba indignación por el cinismo de estos individuos, que hablaban con orgullo de la vida fácil y frívola de los de su clase y mostraban desprecio hacia la de los demás sólo porque era un punto más dura.

Como su espacio duraba una hora y media, muchas veces tenían que servirse de temas alejados de los propios del programa para no quedar en silencio.

En cierta ocasión, afectando un elegante horror hacia el sufrimiento humano, hablaban de la poca cabeza de aquellos "pesados" que se habían divertido haciendo sufrir a la "servidumbre".

-En casa siempre hablamos del cascarrabias del "tito", que en el 1106 mandó ahorcar mil siervos para paliar el hambre en su condado -dijo Alessandro. La lógica era aplastante: "menos bocas, más comida para el resto", pero sin duda que aquello le estropeó el estómago a los que quedaron para contarlo...

-Lo más inhumano que he oído en mi vida es lo que se hacía en el circo romano. Echar personas a los leones para divertir al público -dijo Dario. Pese a todo, reconozco que es un placer ver comer a gusto a un animalito cuando le damos la comida.

-Amigo, es que el mundo del espectáculo es feroz -contestó Alessandro.

-Más inhumano incluso que eso -dijo Valentino- fue la persecución de las brujas por la Inquisición. Imagínate si quemaran a mi mujer, que se desmaya cuando el agua de la ducha sale demasiado caliente.

-Tranquilidad, tranquilidad -dijo Alessandro-, nosotros lo más próximo a una acción inhumana que podemos temer es que nos expliquen un chiste...

Una tarde, por variar de forma divertida el esquema normal del programa, se invitó a Alessandro a manejar una de las cámaras del plató en lugar del operario que lo hacía habitualmente mientras Dario y Valentino continuaban exhibiendo sus habilidades conversadoras ante el telespectador esta vez en una encomiástica referencia a la guillotina.

Todo el mundo notó que la experiencia no agradó a Alessandro, aunque la mayor parte del protagonismo de la tarde la estaba teniendo él, pues no dejaban las cámaras restantes de sacarle en su nuevo menester desde todos los ángulos posibles, porque, pasados poco más de treinta minutos, se confesó agotado y abandonó los estudios.

En el siguiente programa le felicitó Dario por su trabajo de la víspera asegurando que les había sacado muy favorecidos.

-Amigo Dario -respondió Alessandro- el trabajo de ayer tiene que pagármelo bien esta cadena o Lenin va a acabar pareciendo a mi lado una ancianita ultraconservadora...

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