1 de abril de 2011

La Chica Yeyé

Según me dijo aquel hombre de Murcia que conocí en una humilde tasca de Puente Tocinos, la chica de Madrid era muy moderna y muy yeyé, aunque cinco años mayor que él. La conoció paseando por las Ramblas después del trabajo una tarde de verano.

Cree que le atrajo lo ingenuo que era y su fuerza, propia de un obrero de una fábrica de piezas para camiones. Pero, me dijo él, en el fondo "lo que ella quería era un finolih".

El intentó por todos los medios ocultarle que no había conocido a ninguna mujer antes. Si ella lo sabía, posiblemente perdería el interés por un "sagal" que apenas hacía dos años que se afeitaba.

-Habla, habla, me gusta la forma en que lo haces -le decía Elisa, la chica de Madrid, al señor Manolo, el "zagal".

Y Manolico seguía con su cháchara optimista:

-Lo' Pegaso son una cosa fenomene', fenomene', chiguita, ha'ta lo' inglese', ¿sabe' lo que son lo' inglese'?, le compran camione' a lo' e'pañole'. A mí me parese que, con poco' produtto' me' como e'te, E'paña se puede converti' en una potensia mundie'.

Por la noche estuvieron demasiado poco tiempo siendo cariñosos. La culpa según Manolo fue de él. "Lógico", me dijo. Cuando acabaron, se vistió porque tenía que marcharse, pero ella siguió sentada en la cama.

Estaba enfadada, pero Manolo lo supo mucho después, reflexionando sobre las cosas que dijo.

Él en cambio hablaba y hablaba de sus inquietudes:

-Si e'te sol tiene tanto' planete' arrodeao' y hay millone' de e'trelle' que son tamién sole' ¿por qué vamo' a e'tar solo' en el Universo? Pensandolo bien pensaico , tiene que haber mucha' e'pesie' inteligente' ademe' de la nue'tra...

Ella le dijo entonces una de esas cosas que tuvo que pasar mucho tiempo hasta que Manolo comprendiera que fueron dichas con un poco de mala intención:

-¡Que coeficiente más grande tienes!

-No me lo he medío -le contestó él- pero creo que tiene que tene' por lo meno' veinte sentímetros.

Entonces, harta de sus tonterías, le pidió que se fuera porque quería dormir. Al día siguiente ya no la encontró en aquel apartamento ni en ninguna parte.

El chiste de Manolo me hizo reír, pero él enseguida me dijo tristemente que en aquel tiempo era muy ignorante y que fue probablemente por esa metida de pata que la perdió.

-¿Cómo iba a saber yo que el coefisiente lo teníamo' la' persone' en la cabesa? -me dijo con amargura.

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