28 de abril de 2011

El Envidiado Amor

El amor es la faceta más
importante de la cultura humana y
la más envidiada por las otras.

El Autor



El doctor psicoanalista Alberto Gordo cumplía 87 años y en casa de su hijo Felipe se estaba celebrando el cumpleaños.

Tras la comida, los hombres en una habitación y las mujeres en otra, se dedicaron a hablar de sus temas. Joaquín, otro hijo del doctor Gordo y político de izquierdas, advirtió la inquietud y melancolía de su hermano Olegario y le soltó la siguiente pregunta:

-¿Qué te pasa, Ole? Te veo pálido y nervioso.

-Sí -dijo su padre-, yo estaba a punto de decirlo también. Quizá algún complejo pugna por resolverse pero su psiquismo no es capaz de transformarlo en uno nuevo y menos traumático.

-Yo sé lo que le pasa -dijo entonces el hijo mayor de Felipe.

-Cállate, por favor, Ignacio -dijo Olegario.

-Tranquilo, tío Olegario, estamos en familia. Lo que sucede es que por fin nuestro soltero empedernido se ha enamorado.

-No tienes que avergonzarte por eso, Olegario -dijo el anciano doctor. Es una reacción natural en los individuos humanos. En realidad no se trata más que de una transformación en un sentimiento tolerado socialmente del deseo instintivo del niño de devorar y alimentarse de todo lo que encuentra a su paso.

-Sí -dijo Olegario- probablemente, papá. A propósito, Felipe, dile a tu esposa que la salsa estaba buenísima.

-¡Pero si no has probado bocado, tío Olegario!

-El hombre, como perteneciente al sexo dominante, finge un sentimiento de espiritualidad únicamente como señuelo para que la mujer haga sin rechistar el trabajo del hogar -dijo el marxista Joaquín.

-Pero yo no quiero ahorrarme ningún trabajo, al contrario me convertiría en su mayor esclavo si con ello consiguiera el amor y la atención de esa mujer, de modo que tu teoría no se aplica a este caso.

-El amor sexual, tío Olegario -dijo su sobrino, que era sacerdote-, es sólo el producto de la tentación del demonio, que quiere la perdición de los hombres al entregarse a la fornicación.

-Pero yo no quiero sólo su cuerpo sino a ella entera y si me falta su alma tampoco quiero su cuerpo...

Entonces intervino Felipe, el anfitrión, eminente y docto científico, diciendo con una amplia sonrisa perdonadora:

-Ya basta, familia, el amor tiene, en realidad, una explicación sencillísima. Se debe a una sobreproducción por parte de las glándulas suprarrenales de adrenalina y noradrenalina lo que está provocado a su vez por una orden del hipotálamo en el momento en que se hace la elección amorosa, producto de un proceso en que intervienen recuerdos y preferencias de la niñez. No hay nada misterioso en este mundo...

-¡Felipe! -tronó la voz de su esposa en la habitación de al lado- ¿Has usado mi regalo de aniversario de boda para limpiar el microscopio? ¡No tienes ni un gramo de romanticismo!

-No, Alicia, no es eso -contestó él científico con algo de vergüenza a su esposa-, al fin y al cabo no son más que unos calzoncillos...

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