11 de abril de 2011

El Gran Secreto del Maestro




El druida Defenderín venía de vuelta de deshacer el encantamiento del malvado Psicopatatín contra el honesto y valiente caballero Psicopatatán, cuando lo encontró Tengounapreguntorix, su discípulo.

-Maestro, ¿cuándo vas a decirme la ley suprema moral, la que sólo el hombre de conocimiento más alto consigue alcanzar? Hace mucho tiempo que me la estás prometiendo y siempre dices que es demasiado pronto para que yo la conozca. Ya he aprendido todos los secretos del druida y es hora de que me conviertas en un maestro.

-Ten paciencia, Tengounapreguntorix, pronto, muy pronto voy a hacer un viaje a Irlanda y tendrás que suplir mis funciones durante un año. Será en el momento de partir cuando te haga un sabio supremo haciendo que conozcas esa ley.

Pero, escondido en el hueco de un roble, espiaba un hermoso elfo enamorado del joven aspirante y, agitando los dedos de su mano, lanzó al viejo Defenderín un impulso, el de bueno, pues se lo digo ya, total un mes antes o después...

-Tengounapreguntorix, tienes razón, ya has esperado más de la cuenta. Esta es la ley suprema de la moral: no hay nada inmoral, todo está permitido.

-Entonces, maestro, ¿nadie es malo?

Y el maestro contestó, tras retorcer los ojos hacia el cielo afectando impaciencia:

-Claro que sí, Tengounapreguntorix, pareces tonto: todos los que acusan de inmoralidad a alguien lo son.

-¡Pero maestro...!

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