4 de marzo de 2011

Patobobo

Patobobo (así lo llamaban en el colegio) era tratado como un objeto. Patobobo tenía un brillo limpio en la mirada, por lo que el conserje del centro, cuando tenía que buscar algo en el sótano, agarrándolo de la nuca, lo usaba como linterna. Era muy sensible, por lo que el profesor de ciencias lo utilizaba de barómetro. Soñaba con alcanzar una gran meta en la vida, pero sus compañeros no le dejaban jugar al fútbol y le obligaban a alcanzarles el balón.

Un día, volviendo a casa, se encontró con un gigantesco platillo volante que irradiaba una luminosidad resplandeciente posado en medio del camino. Un ser extraño se acercó a él y le reveló que en realidad no era humano, sino del mismo planeta que él. Entonces el niño le contó entre sollozos las humillaciones que había recibido de los humanos, siempre teniéndole como su esclavo, siempre utilizándolo para su propio provecho.


-Tranquilízate pequeño, no es para tanto -le dijo el extraterrestre- pero, cambiando de tema, venimos a ti porque... -el extraterrestre no sabía dónde dirigir su mirada para evitar la de Patobobo- ...porque queremos... en fin, usarte para una gran misión...

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por su comentario