20 de marzo de 2011

Cursilería Infernal


Contaba mi abuela que un día Satanás, para ejercitar su ingenio, se hacía estas y otras preguntas por el estilo: ¿Dónde ondea la ondina? ¿Cómo comen las camas? ¿Tienen tonos las tunas? ¿Te hartas tarde de tordos? Estaba ocupado poseyendo a una adolescente. Durante una pausa de descanso, sentado junto a la cama, la tenía prendida del cuello con una de sus zarpas mientras apoyaba la barbilla en la otra con aire intelectual.

Habían recibido respuestas ingeniosas todas aquellas extrañas preguntas, excepto la última de ellas, a la que había contestado con una habilidad literaria deficiente.

Celoso del sueño de su víctima, la despertó al fin. Estaba ahora incorporado e inclinado sobre ella sin dejar de sujetarla por la garganta.

-Haré un trato -le dijo-. Te dejaré en paz si contestas a esta pregunta con más ingenio que yo -hizo una pausa y dijo silabeando como en una clase de idiomas:- ¿Sabe el ave la be?
-No -dijo de pronto la poseída-, sólo la uve y eso porque la necesita para volar.

El Diablo guardó silencio unos instantes, como parándose a deliberar y al fin, aumentando la fealdad de sus rasgos, dijo:
-Está bien, me has vencido...
Se embozó la capa con desdén y se marchó al Infierno, mientras la adolescente lamentaba que no se hubiera puesto más a prueba su excelente capacidad para las respuestas brillantes.
Uno de sus jerarcas, Belfegor, llegó hasta él y le saludó levantando el puño cerrado:
-¡Heil, Satanás!
-Heil
-Sé lo tuyo con esa adolescente. Si te llamas El Príncipe de la Mentira y si juzgar si una respuesta a una pregunta de ingenio es buena o no es una tarea libre y subjetiva, ¿por qué diste por buena la respuesta de la niña? De esa forma has perdido la oportunidad de seguir haciendo sufrir a un alma buena
El Diablo miró a Belfegor con infinita ira, pero en lugar de proyectar un flamígero vómito contra él, se limitó a decir:
-No es tarea libre ni subjetiva, imbécil. ¿Acaso se podría premiar una novela con cincuenta mil euros si se pudiera fallar a favor de quien a uno le viniera en gana? Ay, Belfegor, ¿cómo puedes desconocer que la Crítica Literaria es una ciencia, habiendo tantas almas aquí que te pueden hablar de ella por haberla ejercido en vida?

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